En el pueblo de Huélamo, a 1400 metros, sobre las calizas riscas y el paso cristalino del río Júcar, las voces de Paulino, Juanito, Aniceto, Juan Pablo y Martín nos llevan a andar por veredas que bajan a grandes fincas en las laderas de Sierra Morena. A pasar el invierno con el acento andaluz de ricos señoritos, entre bosque de dehesas donde deambulan lobos y perdices, y siempre bajo el rumor de ladridos, cencerros y balidos. De aquella ancestral trashumancia a pie que nos rememora Paulino y Juanito, a la del tren a la que se subieron también Aniceto, Juan Pablo y Martin, y como los camiones lo cambiaron todo.
Hacer la vereda era salvar las nieves del invierno en busca de frescos pastos; atravesar la llanura manchega para pasar los severos meses de diciembre a mayo añorando las calles de Huélamo. Hacer la vereda era cruzar de punta a punta de la meseta con mastines y careas, burros, caballos, mulas, pastores, zagales y el gran conjunto de hatos de vacas, rebaños de ovejas. Hoy, escuchar las voces de los últimos trashumantes de Huélamo consiguen mezclar en la memoria tierras lejanas y distintas en un mismo mantel. Y, por un instante, nos hacen bajar, al alba de una mañana de noviembre, a la orilla del Júcar y empezar a andar su cordel.
El Cordel de Huélamo nace en un amplio prado vertebrado por el río Júcar, el llamado descansadero de Cañada Honda. Aquí llegan las aguas del Almagrero pero también los ganados de pueblos como Guadalaviar, Frías de Albarracín, Tramacastilla u Orea. Ganados que vienen de cruzar el empiringotado puerto del Cubillo. De las tierras del viejo Reino de Aragón y hoy provincia de Teruel. Son estos montes, vestidos de extensos pinares maderables, de peñas y riscas, cabeza del extremo, culmen de Extremadura. Por ello y posiblemente basado en otras vías de comunicación anteriores, en 1273, el Concejo de la Mesta establece esta red de vías pecuarias, para ayudar a los ganados y controlar el territorio cristiano.
La riqueza de estas tierras, corazón de la antiquísima trashumancia, nació con la oveja merina a partir del siglo XIV, convirtiendo a estas sierras como puntos vigorosos en la economía castellana. Y es que era su lana fina la más preciada y adorada en la industria textil de la época. Industria lanera y textil que alcanzó su apogeo en los siglos XV y XVI, cuya lana y paños eran concebidos como los más exquisitos. Ejemplo es que las Ordenanzas Generales de 1500 establecieran que los paños más finos solamente podrían fabricarse con lanas procedentes de Cuenca.
Desde el descansadero de Cañada Honda, el cordel, bajo la pétrea mirada de la Sierra de Valdeminguete y junto al curso del río Júcar, pasa junto a la finca de La Serna y llega a los pies del pueblo de Huélamo. Al verlo posado en la ladera entre arlos, espinos, bujes y junto al promontorio donde un día se alzó su castillo, se presenta la certeza de su importancia en el pasado. Aquel Walmu árabe que fue punto estratégico medieval y que tras la conquista cristiana fue cedido a manos de la Orden de Santiago.
El apogeo de la lana merina trashumante tuvo su punto de inflexión en la segunda mitad del siglo XVI. Así queda documentado en las Relaciones Topográficas de Felipe II, en 1576, al decir que “(Huélamo) no es tierra de labor, sino de ganado fino, del que había hace seis años, siete mil cabezas, y sólo han quedado cuatro mil (…) por lo que cuesta llevarlas á extremo y las tiranías que en el camino se sufren de caballeros de tierras, jueces de puertos, guardas, mesegueros, coteros, etc., y por la carestía de la sal. Así es que el diezmo, que valía dos mil ducados, este año ni trescientos”. Tuvo que ser tan severa esta decadencia ganadera que afectó a la propia sociedad del pueblo que para aquel año contaba con 145 vecinos, “aunque años antes tenía 187 siendo la causa de irse despoblando, la pérdida de la ganadería, su principal riqueza.”
El cordel de Huélamo, tras ir alejándose de la mirada de las casas del pueblo, sigue el curso del río Júcar, el cual, como una vena aorta, abre estos montes. Sus aguas frescas y cristalinas eran hogar y refugio de una de las especies emblemáticas de estas sierras, la trucha. Era esta trucha por ejemplo el modo de pago a la Condesa de Salvatierra allá por finales del siglo XVI. Una ribera donde si la piedra no toca el agua, queda asombrada con la frescura de avellanos, morrioneras y sauces. Un bello paraje montaraz que llega al descansadero del Molino de Juan Romero, una de los descansaderos o paradas importantes para la recua trashumante. Atrás quedaba partida el alma de estas gentes: familias, mujeres, madres, hijos.
También fue quedando Huélamo, pequeño y lejano, en la historia. La crisis del siglo XVII, como bien declara Caja de Leruela, en 1631, ante las Cortes y el Memorial de D. Alonso Muñoz, cabeza de la cuadrilla de Mesta de Cuenca, en 1649, sepultó la lana fina merina y el poder textil que de ella salía. Pero fue a Huélamo la Guerra de Sucesión (1700 – 1714) la que lo sentenció y arrasó sus viviendas, bienes y ganados. Aún casi medio siglo después quedaba patente aquel pasaje. El Catastro de la Ensenada explica que “de trescientas casas, sólo se habían podido reconstruir ochenta, y de éstas quince son inhabitables porque sus dueños carecían de recursos para rehacerlas”. Quizás por ello, en este Catastro, al mencionar los esquilmos de los ganados ovinos y vacunos que había entonces, todos eran pequeños y casi “insignificantes”. Pequeños ganados ovinos de entre veinte y cien ovejas, corderos y corderas que junto a pequeños atajos de cabras rondaba el millar de cabezas de ganado, que quedan plasmados junto a sus propietarios (ANEXO I). Tiempos fatigosos y abatidos para estas sierras y aún más para Huélamo.
Tras coger fuerzas en la Venta de Juan Romero, la “vereda” se despedía de su querido Júcar para adentrarse en los montes serranos y no verlo más. Desde aquí se vuelve áspera y montaraz. La frescura se vuelve sequedad y la tierna ribera en un áspero pedregal. Caminará cercano a la Cabeza de la Herrada (1550 m) y no muy lejos del pueblo de Beamud. Y en las frescas noches de lluvia, dormirían desvelados aquellos pastores y zagales, sentados sobre una piedra, cubiertos con un capote.
Huélamo, anegado bajo la lluvia de la miseria y el hambre, como gran parte del país, se volvió a ver afectado, esta vez, por la Guerra de la Independencia (1808-1814). Por ello, el siglo XIX mantuvo ese aspecto senil y decayente. Sólo las ruinas de su castillo, sus pastos y su altiva estampa parecían querer reflejar aquellos lejanos tiempos dorados de la lana merina. Quizás por ello en el Diccionario Geográfico de Madoz (1845-1850) anota anodinamente que “hay ganado lanar, cabrío y algún vacuno”. En el de Miñano (1826-1828) no hay referencias ganaderas.
El Cordel de Huélamo se une, finalmente, a la Cañada Real de los Chorros, en el Prado de los Esquiladores. Aquí pierde su nombre y desde aquí, la “vereda” seguirá por Tierra Muerta, Los Palancares, el Puente Milano, la Dehesa de Navarramiro y la de Navodres, para alcanzar así la puerta de la inmensa Mancha, el Puerto Real de Socuéllamos, los impuestos en Daimiel, las tierras de Calatrava y, tras más de veinte días, las fincas de invernada. Tendrían en su memoria, estos trashumantes a los quintos de Valdeminguete y la Serrezuela, a las parideras y las fuentes, las fiestas de septiembre y sus familias y gentes, como una añoranza de una juventud lejana.
Y así llegó el siglo XX y los días de los trashumantes que hoy escuchamos. Las voces de Juanito y Paulino son memoria viva de la trashumancia. Sus recuerdos son un legado milenario que anda por las mismas veredas que andaron sus ancestros setecientos años antes. Pero también testigos del gran cambio de la trashumancia con la llegada del tren y la oportunidad de sólo tener que bajar los ganados a las estaciones de Cuenca y Chillarón, y posteriormente, los milagrosos camiones. Pero aquel bendito progreso fue en detrimento de la propia población de estos pueblos serranos como Huélamo y por ende, de su ganadería. En los años 60 menciona Aniceto, 18 000 ovejas, en 1993, quedaban en Huélamo seis ganados trashumantes, cinco de ovejas y uno de vacas, en 2020, 1710 cabezas de ganado ovino y caprino y hoy, en 2025, con setenta habitantes, sólo queda el ganado trashumante de Martin.
Como si una vereda del tiempo se tratara, la memoria se pierde en ella. Pasos como lejanos pensamientos que en Cañada Honda, tras recoger los ganados de Guadalaviar, Frías, Orea o tantos otros pueblos de la Sierra de Albarracín. Al escuchar las voces de Paulino, Juanito, Aniceto, Juan Pablo y Martín y sus historias, parece querer la imaginación, ausente de la dureza de este oficio, recorrer esta vereda y cruzar los tantos sitios al compás de los cencerros. Pero también viajar por la vereda del tiempo y atravesar los siglos, hasta aquellos tiempos cuando la lana y los ganados trashumantes eran el sueño de un futuro.
En estos días, escribir de la trashumancia es volver a escribir sobre lo ya escrito; andar sobre lo ya andado; hacer lo que ya se ha rehizo. Son numerosos los testimonios que se han ido recogiendo en las últimas décadas sobre los últimos ganados trashumantes, pero hoy más que nunca es necesario reivindicar la importancia demográfica, económica y natural que tiene la ganadería extensiva. De ella, depende, en gran medida, ya el futuro de nuestros montes y de nuestros pueblos. Su necesidad es indiscutible, su servicio público incalculable. Por ello, más que nunca, es momento de dignificar este trabajo y, como en otros tiempos se hizo, otorgarle “privilegiadas” condiciones laborales y devolver la riqueza a estas tierras.
BIBLIOGRAFÍA
- Catastro de la Ensenada. https://pares.mcu.es/Catastro/
- Cuadernos de la Trashumancia Nº8 Albarracín-Cuenca-Molina. 1993. ICONA
- Relaciones de pueblos del obispado de Cuenca. Julián Zarco Cuevas. Excma. Diputación Provincial de Cuenca. Cuenca, 1983. (Transcripción de las Relaciones Topográficas de Felipe II).
- “Restauración de la abundancia en España” (1631), Don Miguel Caja de Leruela
- “Memorial” (1649), Don Alonso Muñoz, cabeza de la cuadrilla de Mesta de Cuenca
- Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Pascual Madoz. 1846-1850. Madrid.
- Los Ojos (2023). Las senderistas de la Serranía: trashumancia y vías pecuarias de Huélamo. https://losojos.es/tierra-y-memoria/las-senderistas-de-la-serrania-trashumancia-y-vias-pecuarias-de-huelamo/
- Los Ojos (2023). Los pastos, diamantes en eterna disputa. https://losojos.es/patrimonio/los-pastos-diamantes-en-eterna-disputa/

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