Mota del Cuervo es, y ha sido, una localidad agraria. Como ya profundizamos en este medio, la lana de sus ovejas fue crucial para el desarrollo de una industria textil local que, aún a día de hoy, nos ha legado uno de los pocos lavaderos de lana existentes en nuestro país.
Pero este ganado ovino que dominaba el pastizal no era el único que gobernaba estas tierras. Pues Mota, con su extensa y soleada llanura, ha sido siempre tierra agrícola, donde el cereal y la vid han medrado y proliferado. Pero no sin la ayuda de otros animales, de las caballerías, necesarias para trabajar la tierra.
En regiones como La Mancha, zona de paso y de transporte comercial, los animales de labor eran numerosos. Sólo en Mota del Cuervo, encontramos a mediados del siglo XVIII unos 540 jumentos (asnos) y 246 mulas, algunas de las cuales eran también trashumantes. Tanto es así, que el origen de la familia de esquiladores de la zona, los “Canutos”, se encuentra en el esquileo de mulas.
Cada familia que se dedicara a la labor, que tuviera alguna porción de tierra, tenía que tener un par de mulas en el corral que facilitaran el trabajo. Ahí aparecen figuras como la del dulero, pastor encargado de recoger todos los animales de labor para dirigirlos a los pastos; o el yuntero, labrador que utiliza una pareja de animales para el trabajo (conocida como yunta). Ejemplos de esos yunteros en Mota del Cuervo en el siglo XX fueron Carlos Orellas o Fermín Peluso, entre muchos otros.
Y es que zonas salobres como la zona del Complejo Lagunar de Manjavacas (y otras lagunas salinas de La Mancha) eran muy atractivas para la cría de las caballerías, pues la sal presente en los pastos fortalecía el crecimiento óseo de los animales. Por ello, era habitual que se desplazaran muletas trashumantes desde el norte de España a las lagunas salinas manchegas. A mediados del siglo XVIII, reflejado en el Catastro de la Ensenada, encontramos 46 mulas trashumantes sólo en el término de Mota del Cuervo.
Pero todo este ganado, desde las gallinas, cerdos o conejos del corral; las ovejas para la lana, la carne o la leche; o las caballerías para la labor, necesitaban agua para existir. ¿Cómo hacerlo en un pueblo sin ríos?
Los ríos de Mota del Cuervo
Pues ya en 1575, en las Relaciones Topográficas de Felipe II, se decía: “en esta villa no hay ríos ni fuentes, y algunos años hay mucha falta de agua en el tiempo de los estíos, y que se proveen y abastecen de agua de pozos; y van a moler en tiempo de los estíos a Júcar, diez u once leguas de esta villa, y a Guadiana, que está a otras nueve o diez leguas, y en tiempo de invierno se van a moler a Gigüela y Záncara, ríos de invierno, cuatro leguas de esta villa”.
A pesar de ello, hay varios ríos o arroyos que rodean el término de Mota del Cuervo, como el río Záncara al sur o el río Saona, afluente del anterior, al sureste. Este último, en el municipio aledaño de Santa María de los Llanos, ha sido de enorme importancia para el ganado de Mota, pues originalmente se lavaba la lana en su origen, en los Baños de Saona. Además, también era una zona habitual de baño para vecinos y vecinas y, además, para sus mulas. Pues contaba con dos piscinas, la primera para uso humano, y la segunda, más pequeña, era donde se bañaba a las caballerías.
Otras pequeñas surgencias o arroyos han dejado su marca en este pueblo, como el Nacimiento de Castilla, ya desaparecido, en las inmediaciones de la Laguna de la Dehesilla; el Arroyo de la Cañada del Tovar, una rambla que cruza al norte del pueblo, alimentando finalmente el río Saona; o el Arroyo Córcoles, rambla que recoge las lluvia de la Sierra de Altomira hacia el propio núcleo urbano, hoy desaparecida por la urbanización de este espacio.
Este último vertía sus aguas (y hoy vierte a través del alcantarillado) en la Acequia Madre, que dirige las aguas pluviales y fecales del pueblo hacia la Laguna de Manjavacas.
Entonces, si no hay ríos en el propio término, y las ramblas o arroyos son estacionales, ¿dónde abrevaba el ganado?
Los abrevaderos de Mota del Cuervo
En Mota, sin agua superficial cercana, hay que mirar al suelo. Porque la Mancha tiene un mar en sus entrañas, eso ya lo sabían los primeros pobladores.
Los primeros, los del propio pueblo. Pues muchos vecinos (los que se lo podían permitir) tenían pozos y/o aljibes en sus corrales, con los que saciar la sed de sus animales sin tener que transportarse grandes distancias.
Pero más allá de estos casos, había otros pozos dentro del pueblo de enorme importancia histórica. De hecho, Madoz, en su diccionario de 1848, ya menciona la existencia de cuatro de ellos dentro de la localidad, todos ellos con bastante agua, aunque salobre. Sin embargo, muchos más han llegado a existir.
Uno de los más importantes ha sido el Pozo de la Aldea, en la antigua aldea de El Cuervo, citado ya en el siglo XV. A mediados del siglo pasado, era un lugar de habitual reunión de yuntas de mulas para abrevar, pudiendo juntarse hasta 40 mulas al mismo tiempo, pues las casas de las cercanías no contaban en su mayoría con pozos en los corrales. Otro lugar de habitual reunión de mulas y yunteros era el Pozo del Aldú (del Haldudo), en la placeta homónima. Más allá de las mulas, también iban las vacas de Celestino Lara y Jesusa Pérez a beber, como recuerda José Manuel González Mujeriego en su investigación al respecto.
Otros pozos urbanos que servían de abrevaderos para los ganados de labor fueron el Pozo del Pozuelo (con escasa agua) o el Pozo Nuevo de las Cantarerías, que también era usado para obtener el agua necesaria para fabricar los cántaros. Cántaros que eran utilizados por los aguaores para llevar agua potable a muchas de las casas para el consumo humano.
A modo de mención, otros muchos pozos fueron utilizados por los vecinos y vecinas de Mota del Cuervo dentro de su casco urbano: el Pozo Era Alhambra, el Pozo de las Fuentes, el Pozo Nuevo del Parque del Oeste, el Pozo de los Pájaros (antes del Cercado) o el Pozo de la Virgen.
Además, en las inmediaciones del pueblo había otros de gran valor, pues el agua de las que ellos manaban era de gran calidad, desapareciendo el rastro salobre de los otros pozos. Son el Pozo Seco, donde afloraban las aguas de la Sierra de Altomira, y eran recogidas por Julio, el Aguaor; La Pozanca, en la carretera de Belmonte, donde también abrevaban animales; y el Pozo de la Fuentecilla, cerca del anterior.
Pero Mota del Cuervo no son sólo sus calles y casas. Son también sus quinterías (casas de campo), sus cultivos y sus pastos. Son sus 176 km2 de extensión del término municipal. Con multitud de parajes y zonas de pasto y refugio para los ganados. Y, como no, todo acompañado de pozos aquí y allá que suplieran las necesidades de estos animales (y, también, del pastor y el jornalero). Además, muchos de estos pozos se encontraban junto a las principales vías ganaderas, brindando un servicio fundamental al trashumante, como el Pozo de La Vereda, en plena Vereda de los Serranos.
Muchos de los nombres de estos pozos hacen referencia, precisamente, al paraje donde se encuentran, como el Pozo del Camino del Toconcillo, el Pozo del Ciervo, el Pozo Arroyo Quintanara, el Pozo de Manjavacas que está junto al Carril de los Valencianos, el Pozo del Rabosero o el Pozo Zagarrón, todos ellos de propiedad municipal. A esto se suman como el Pozo de Buenavista, el Pozo de la Cañada María, el Pozo del Castellar, el Pozo del Gimenillo, el Pozo de Manjavacas junto a la ermita, el Pozo del Monte Chico, el Pozo Nieva o el Pozo de la Cerca, mandado este último construir en el año 1945 para abastecer de agua potable a la población de Mota del Cuervo, según asegura José Manuel González Mujeriego en su texto.
Otros pozos son nombrados en relación a las casa o quinterías donde se sitúan, como el Pozo de la Casa de Honorato, el Pozo de la Casa del Protestante (de la Casa de Escama, de la Venta de Malabrigo o de la Granja del Milagro), el Pozo de la Casa de Santiago Martínez (o de la Casa de Capa), el Pozo de la Quintería de Alcahozo o el Pozo de la Casa de Colorín, donde bebían los labradores que trillaban por la zona.
Otra infinitud de origen de nombres se ha originado a partir del de sus propietarios o localizaciones concretas, como ermitas o molinos. Así, además de los ya mencionados, unos tantos más cabría añadir a la lista: el Pozo Colorao, el Pozo de los Frailes, el Pozo del Garito, el Pozo de la Media Legua, el Pozo de Miguelete (o de la Huerta de Esteban), el Pozo del Moteño, el Pozo Ortega, el Pozo del Rollo, el Pozo de San Antón o el Pozo del Valle. Curiosos son los casos del Pozo de los Molinos, un pozo relativamente nuevo, situado junto al molino Piqueras; el Pozo del Monte Gila, que toma su nombre de un dueño que tuvo, llamado don José Gilabert, boticario, que se casó con una mujer de la familia de los Palacios; o el Pozo Señora, uno de los más antiguos de Mota del Cuervo.
Para finalizar, habría que destacar el Pozo de la Olma, pues cuenta con uno de los elementos manchegos por excelencia, la noria, artilugio hidráulico necesario para regar las huertas en parajes sin mucha agua superficial. Con la ayuda de un burro, se hacía girar la noria para elevar el agua del pozo y verterla en la acequia de riego. Aún quedan vestigios del camino circundante por donde transitaba este asno.
Parecen cuentos, pero no lo son
A mediados del siglo XX, comenzó la canalización de los núcleos urbanos, llegándose a finalizar el abastecimiento domiciliario en los años 70. También en Mota del Cuervo. Primero empezaron a funcionar las fuentes públicas (como la de la Plaza Mayor, la Plaza de la Cruz Verde o la Plaza del Toril) para ser reemplazadas finalmente por los grifos que cada familia contaba en su hogar. Los aguaores pasaron a la historia.
Pero también, con los cambios en la agricultura, desaparecieron los animales de labor, así como oficios como el de yuntero o dulero.
Cambios que sin duda han mejorado nuestra calidad de vida, nuestra salud. Pero que nos han cegado sobre el valor del agua. Que nos han hecho olvidar lo difícil que es vivir en un lugar donde el mar se sitúa bajo nuestros pies.
Referencias
- González Mujeriego, J. M. (2018). Pozos y vías de agua en Mota del Cuervo. Obtenido de https://motadelcuervoellugardelamancha.com/2018/11/15/pozos-y-vias-de-agua-en-mota-del-cuervo/
- Heras Alaminos, M. (2011). Caracterización del estado actual del río Saona (provincia de Cuenca) y propuesta de actuaciones para su restauración ambiental.
- Jimena González Gimena, J. (2022). Cantareras de Mota del Cuervo. Las magas del barro. Eustory Iberian Competition. Obtenido de https://eustory.es/project/cantareras-de-mota-del-cuervo-las-magas-del-barro/
- Jiménez Rayado, E. (2009). Libros de visita de la Orden Militar de Santiago: provincia de Cuenca, siglos XV-XVI.
- Laguía Ortega, C., López-Barrajón Barrios, Z. (2003). Los pozos urbanos de Mota del Cuervo.
- Vestal Etnografía, SL (2024). Entrevista a Juan Arcángel Fernández Villaescusa: recuerdos del esquileo. Obtenido de https://www.youtube.com/watch?v=DswRzy8LKqw&t=13s
- Vestal Etnografía, SL (2025). La Cantarería en Mota del Cuervo, con Evelio López Cruz. Obtenido de https://www.youtube.com/watch?v=1OgTFyLlJv0
- Vestal Etnografía, SL (2025). El Complejo Lagunar de MANJAVACAS, con Ernesto Aguirre Ruiz. Obtenido de https://www.youtube.com/watch?v=1y66BaaMIZM
Este artículo forma parte del proyecto “Lana y agua: vida de nuestra memoria”, financiado con cargo al programa de subvenciones en la Reserva de la Biosfera de la Mancha Húmeda, en el marco del Plan de Recuperación Transformación y Resiliencia financiado por la Unión Europea-Next Generation EU

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