Maraña, matarrubia, chaparro o coscoja (Quercus coccifera)

Maraña, matarrubia, chaparro o coscoja (Quercus coccifera)

Fui al campo hice una artesa, una arcartesa y aún me sobró un cucurucho para la cabeza. (1)

  El chaparral es por estas tierras un monte poblado de rebrotes de roble (Quercus faginea) y carrasca (Quercus ilex) nacidos de los tocones resultantes de las primeras talas. De cada tronco cortado brotan muchos renuevos que se agrupan en grandes y espesas matas. Son los chaparros o chaparras. Como tantos otros sustantivos conquenses se usan indistintamente los dos géneros gramaticales para designar lo mismo. No se les dejaba levantar cabeza pues en dos o tres décadas volvían a ser talados de nuevo a matarrasa.

  Estas cortas respondían al tradicional aprovechamiento para leña y carbón, las principales fuentes energéticas hasta no hace muchos años y, además, una de las bases de la economía serrana. Arrieros y carreteros trajinaban continuamente trasportándolas a la capital y a otras provincias.

   Crece entre nosotros, exceptuando la parte más alta de la Serranía, un tercer chaparro, la coscoja o coscojo (Quercus coccifera), que quiere pasar desapercibido camuflándose entre sus especies hermanas, pero, a poco que el ojo se acostumbre, será descubierto: pues resulta su verde vivo junto al verde ceniciento de la carrasca. Y sus pequeñas hojas, pinchudas y brillantes, como las de un acebillo venido a menos, son inconfundibles. Sin tronco definido, se muestra como una masa densa de tallos y ramaje enredado. Porque la coscoja no es un árbol, es un arbusto.

Detalles de hojas y bellotas de la coscoja. Fuente: Autor

   Si bien, en general, era menos valorada, su leña se estimaba especialmente idónea para hornos de pan y de cerámica. Y en algunas comarcas áridas de la península era prácticamente la única disponible. Como carbón sólo proporcionaba una menuda carbonilla para braseros (2).

  Pero la coscoja tenía algo que la hacía especialmente valiosa. De ella se obtenía uno de los tintes rojos más preciados, por lo que se ganó la denominación de “matarrubia”. El tinte reside en la grana o cochinilla. Así se le llama a la hembra de un insecto que la parasita y que parece un grano redondo, como un guisante agarrado a las finas ramas de las que chupa la savia. Está repleta de huevos y había que recolectarla entre mayo y junio antes de que eclosionaran dentro del cuerpo del insecto (3). De grano viene grana y de grana granate. Los andalusíes la llamaban kermes y de ahí carmesí y carmín. Los latinos, por su parte, coccum, de donde deriva el específico botánico coccifera y el nombre vulgar cochinilla. El tinte daba un rojo precioso a los tejidos de lujo, tan solicitados por las aristocracias de todas las épocas.

  Cuando uno busca información sobre la grana es frecuente encontrar errores sobre la procedencia del tinte. Hay quien todavía piensa que se extrae de las agallas que se forman en las hojas o ramillas de la coscoja. No hay que confundir esas agallas, aunque sean rojas, con la grana o cochinilla. Las agallas son tumores o excrecencias, frecuentes en todos los Quercus, que genera el propio árbol para defenderse de la agresión de diferentes especies de avispillas, cuyas larvas se alimentan, como la grana, de la savia. En la coscoja, la que más se presta a confusión es la Plagiotrochus quercusilicis. No es de extrañar si nos la nombran con un trabalenguas.

Hembra de Kermes sobre la coscoja. Fuente: Pixabay

  Poco agradable tuvo que ser la labor de cosechar la grana pues no había más remedio que meter los brazos en esa maraña hiriente. Estaba prohibido cortar el ramaje o golpearlo para que la desprendiera. Como dentro de esa espesura impenetrable pegada al suelo podían refugiarse algunos animalejos indeseados, entre ellos la temida víbora, las gentes se impregnaban las manos de ajo antes de introducirlos en el amasijo de tallos.

  Normalmente era trabajo de mujeres. Así lo trasmite José Quer: “Las mujeres que se dedican a ello, deben tener las uñas largas para separar con facilidad el Kermes del arbolito por la mañana con el rocío, que es la hora más a propósito para esta recolección, porque a aquella hora las hojas están más flexibles, y las espinas que las cubren son menos punzantes, las que con el calor del sol se ponen tiesas, agudas e intolerables” (4).

    Cuando el viajero alemán Jerónimo Münzer viene a la España de los Reyes Católicos, recién descubierta América y conquistada Granada, pasa por Valencia y, tratando de los numerosos y ricos frutos que ofrece esta tierra, escribe: “Nace aquí también en abundancia la grana, con lo cual se tiñen los más valiosos paños. Es un arbusto pequeño, de hojas diminutas, rizadas y muy espinosas. Sus granos aparecen verdes en noviembre, y en mayo, cuando están maduros, rojo oscuro. Tienen la forma de los granos del enebro” (5). 

Ilustraciones históricas sobre el tinte con grana (izquierda) y una ficha botánica sobre el ciclo vital de Kermes sp.

    La coscoja prefiere terrenos cálidos. Levante, el sur extremeño y el oeste andaluz venían a ser las zonas más productivas en grana, pero también lo eran muy buenas la Mancha y la Manchuela. En el Marquesado de Villena hubo mucha actividad al respecto no sólo en Alicante sino en Albacete y Cuenca. La recogida de la grana se sometía en cada zona a su propia normativa en la que se contemplaban los periodos de veda y el modo de hacerla. Hay muchos datos escritos sobre los conflictos que mantuvieron los alcaides de Alarcón con otros pueblos limítrofes, especialmente con Villanueva de la Jara, por considerar que se les robaba la grana (6).

  Tratando sobre la Jijona (Alicante) del siglo XVIII, Cavanilles nos pone al tanto de “las muchas cuadrillas que por marzo salen en busca del kermes, recorriendo la España y parte de Portugal”, hasta tal punto que, durante esa temporada dejaban descuidadas sus propias tierras (7).

  Parece mentira que con lo abundante que fue la grana en el pasado, actualmente sea tan excepcional dar con ella. Aunque nos faltan muchos datos, es indudable que en su momento la mano del hombre facilitó la expansión. Muchos coscojares, además, fueron talados al dejar de ser lucrativos y la superficie que ocupaban, una vez roturada, se destinó a la agricultura de secano.

  Cuando los españoles llegaron a América encontraron otra grana muy valorada también allí: la que parasita la chumbera. A partir del siglo XVI comenzó a comerle el terreno a la nuestra. En Méjico fue, tras la plata, el segundo producto más rentable y exportado. Su cría se introdujo en Cádiz en el siglo XIX y pronto se extendió a Canarias donde tuvo un éxito rotundo. A los pocos años, antes del boom del tomate y el plátano, ya constituía la principal fuente de riqueza de las islas. Y aunque los tintes químicos les dieron la puntilla a las dos, la de la tunera, así llaman los canarios a la chumbera, se ha revitalizado recientemente. Constituye el colorante E-120, utilizado en los pintalabios, en alimentación y en otras muchas aplicaciones (8).

Grabado de la extracción de la cochinilla de Mexico. Fuente: Noticias La Insuperable

  En Olmeda del Rey la coscoja recibe el nombre de maraña. En cada casa de este pueblo conquense se guardaba un ramillo selecto de coscoja que no era ni más ni menos que el utensilio ideal y gratuito para batir huevos cuando se hacían las madalenas. “El Ramo”, así con su nombre propio, pasaba de padres a hijos. Y aún hoy hay quien lo conserva como una reliquia.  

  La toponimia conquense responde más a la denominación de maraña y delata una mayor asiduidad en la Manchuela y en la Alcarria: La Marañosa en Tébar, Las Marañadas de Villarta, El Marañal en Albalate de las Nogueras y Cañaveruelas, Fuente de la Cruz del Marañal en Villar del Infantado o Las Marañas en Villarejo del Espartal. No faltan tampoco topónimos con el término coscoja: Cerro del Coscojar que convive con la Fuente de la Maraña en Fresneda de Altarejos, El Coscojar en Alcázar del Rey y Barajas de Melo, Las Coscojas en Valdeolivas y en Henarejos. Sin embargo, al nomenclátor del Instituto Geográfico Nacional no le consta en toda la provincia más que un solitario Matarrubias, localizado en Valhermoso de la Fuente. 

  La coscoja, con su tupido ramaje, retiene restos orgánicos que terminan por formar una capa de humus o tierra fértil bajo el arbusto. Inestimable contribución ésta, teniendo en cuenta que suele vivir en tierra pobre, muchas veces en suelos desnudos, de yeso y roca. Acondiciona también un buen refugio para la fauna, pues es difícil que, en sus entrañas, penetren los depredadores, si exceptuamos a las culebras.

   Cada arbusto tiene flores masculinas y femeninas, pero separadas, poco llamativas, sobre todo las femeninas que, al ir solitarias o sólo unas pocas, pasan desapercibidas. Mejor se advierten las masculinas pues se agrupan en unas espiguillas colgantes y flojas de donde en su tiempo veremos esparcirse el polen volandero.

Arbusto enmarañado de coscoja y sus frutos. Fuente. Autor

  Quercus llamaban los latinos a todas las especies de bellota: carrascas, robles, alcornoques y coscojas, y el nombre se aplicó al género botánico que las engloba.  La coscoja es una especie bellotera de hoja perenne como la carrasca y el alcornoque. Los robles, por el contrario, son de hoja caduca. 

   La bellota es un fruto seco, carnoso, comestible, fuertemente protegido por una cáscara fina y suave, tan acerada y resistente como un cuero rígido casi metálico. Verde de joven, se vuelve marrón al madurar, antes de desprenderse del cascabillo y caer. El cascabillo es la boina de la bellota. Una cúpula más o menos rugosa o vellosa según la especie, recubierta de escamas dispuestas como las de un pez o como las tejas en un tejado. En la coscoja, curiosamente, las puntas de las escamas se revuelven y se afilan hasta convertirse en pinchos. Van a juego con sus hojas de contorno espinoso.

  La bellota es extraordinaria, hermosa y nutritiva, y si no que se lo pregunten a los cerdos ibéricos y jabalíes, a las palomas torcaces y a los arrendajos.  El refranero castellano nos regala estas dos muestras: “El cerdo no sueña con rosas, sino con bellotas” y “Año de bellotas, año de palomas”. “El ruidoso bellotero”, no es ni más ni menos que la traducción del nombre científico del arrendajo: Garrulus glandarius (9). 

   Las bellotas de la coscoja son amargas y, aunque los animales prefieran las bellotas dulces de las carrascas, tampoco les hacen guiños. Cuando no hay pan, buenas son tortas.   

(1) Adivinanza tradicional conquense sobre la bellota, felizmente rescatada por Fajardo, Verde, Rivera y Obón en su Etnobotánica de la Serranía.

(2) El cisco, picón o carbonilla eran los fragmentos más pequeños del carbón vegetal que sólo servían para los braseros.

(3) La grana realmente son dos especies de insectos del mismo género: Kermes vermilio y Kermes ilicis. De vermilio se origina “bermellón”. De ilicis, pasando por el latin vulgar “ilicina”, surgeencina” (de ilex, ilicis en latin clásico) y hace referencia a que estos insectos también pueden encontrarse en las encinas. Aquí en Cuenca a la encina siempre se le llama carrasca, término ibérico anterior al latín.

  Es necesario aclarar que la cochinilla o grana nada tiene que ver con la más conocida cochinilla de la humedad. La cochinilla de la coscoja o de la chumbera son insectos hemípteros parásitos, la cochinilla de la humedad es un crustáceo isópodo terrestre. El único parecido entre estas especies tan dispares es que la hembra de aquellas es una bola y la de la humedad se hace una bola para protegerse cuando se siente amenazada.

(4) Flora Española o historia de las plantas que se crían en España. José Quer Martínez. Tomo V, pp 264-267. Biblioteca Digital RJB CSIC. 1784.

(5) Viaje por España y Portugal (1494-1495), Jerónimo Münzer. Colección Almenara. Madrid, 1951. Edición facsimil. Editorial Maxtor. Valladolid, 2019. p 19

(6) https://historiadelcorregimientodesanclemente.blogspot.com/search/label/Grana. Ignacio de la Rosa Ferrer.

(7) Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del reino de Valencia. Antonio José Cavanilles. Imprenta Real. Madrid, tomo I 1795, tomo II 1797.

(8) La grana de la chumbera (Dactilopius coccus) pertenece a la misma superfamilia de hemípteros que la grana de la coscoja: los cocoideos.

(9) Glandarius, “bellotero”, de glande. Glans, glandis era el nombre de la bellota en latín y, también, por extensión lo que pudorosamente queda cubierto por el prepucio.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Flora Ibérica. Plantas vasculares de la Península Ibérica e islas  Volumen V. Real Jardín Botánico, CSIC. Madrid, 1990.
  • La guia de INCAFO de los árboles y arbustos  de la Península  Ibérica.Ginés López González. Madrid, 1982.
  • Arboles y arbustos de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes. Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias, Juan Ruiz de la Torre, bajo la dirección de Luis Ceballos y Fernández de Córdoba. Madrid, 1971.
  • Los bosques ibéricos. Una interpretación geobotánica. VVAA. Ed. Planeta 1998.
  • Flora Española o historia de las plantas que se crían en España. José Quer Martínez. Tomo V, pp 264-267.  Biblioteca Digital RJB CSIC. 1784.
  • La grana quermes y el aprovechamiento histórico de la coscoja (Quercus coccifera): perspectiva ambiental de un recurso forestal milenario, por Pablo Giménez-Font. Cuadernos geográficos 63 (2), 129-148.
  • La grana, un producto de la economía del Marquesado de Villena. José SANCHEZ FERRER pp 361-370. Congreso de Historia del Señorío de Villena. Albacete 23-26 de octubre de 1986. Instituto de Estudios Albacetenses de la Excma Diputación de Albacete. CSIC . Confederación Española de centros de estudios locales. Albacete 1987.
  • Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del reino de Valencia.  Antonio José Cavanilles. Imprenta Real. Madrid, tomo I 1795, tomo II 1797.
  • Pedacio Dioscórides Anazarbeo, acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos. Traducido y anotado por Andrés de Laguna. Amberes 1555. Biblioteca Digital Hispanica. Biblioteca Nacional de España.
  • Viaje por España y Portugal (1494-1495), Jerónimo Münzer. Colección Almenara. Madrid, 1951. Edición facsimil. Editorial Maxtor. Valladolid, 2019.
  • La producción textil en al-Andalus: origen y desarrollo. Rodríguez Peinado, Laura(2012). Anales de Historia del Arte, 22, 265–279.
  • Apuntaciones sobre el cultivo del nopal y cría de la cochinilla en las Canarias. Manuel Ossuna Saviñón.  Santa Cruz de Tenerife. Imprenta Vicente Bonnet, 1846.
  • Etnobotánica de la Serranía de Cuenca. Las plantas y el hombre. José Fajardo, Alonso Verde, Diego Rivera y Concepción Obón. Dip. Prov. Cuenca. 2008
  • https://historiadelcorregimientodesanclemente.blogspot.com/search/label/Grana. Ignacio de la Rosa Ferrer.
  • https://www.holaislascanarias.com/experiencias/cochinilla-de-canarias/
  • Refranero general ideológico español. Luis Martínez Kleiser. Ed. Hernando. Edición facsímil. Madrid. 1989.

 

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