Como la fina línea que se hunde entre dos labios, así se dibuja el río Moscas. Una línea delgada y breve, casi imperceptible, que de sur a norte, abre la tierra y moldea todo su entorno. Su curso, hoy encauzado, es su punto más profundo. Desde ahí se va levantando, sobre una vega de tierras de cultivo, hacia las faldas de las montañas. En el labio de oriente, una recta y ondulada cordillera lo flanquea, es la Sierra de los Palancares; enfrente, al labio del poniente, el sobresaliente Cerro del Talayuelo. El primero sabe a piedra caliza y madera; el segundo a arena y resina.
Ambos acogen el curso del río Moscas, cuyas aguas nacen a borbotones, o al menos hubo un tiempo en que lo hacía, en el pueblo de Fuentes. Desde aquí rumbo al norte lleva sus humildes aguas, hoy encauzadas y ayer sinuosas, hasta los pies de la ciudad de Cuenca donde las entrega al Júcar. Pero en apenas veinte kilómetros condensa la rica diversidad de la vida y la inagotable profundidad de la memoria. El resultado final, una boca que se abre como un circo romano o un ojo entre sus párpados, y que juega con quien la observa, haciendo que el tiempo, durante un momento eterno, parezca entretenernos.
Hasta hace cincuenta años, el cauce del Moscas serpenteaba a ras del suelo. Sus riberas se vestían de bellas y frondosas arboledas. Y las tierras aledañas, negras y hondas, eran improductivas y encharcables. Hoy, encauzado y escondido tras la Concentración Parcelaria, son pocos los chopos que junto a ella crecen. Campos anchos de cereales y girasoles llegan al mismo río. La vega se ensancha desde el mismo cauce a las faldas de la sierra. Por ello, un día, los pueblos que aquí se instalaron, Fuentes, Las Zomas, La Atalaya, Mohorte y La Melgosa, hijos del trigo y la guija, padecieron de enfermedades provocadas por la humedad y el mal saneamiento, como las tercianas. Hoy, ausentes de estas, padecen de no tener gente.
A este río Moscas, si un día le cantaron por sus aguas que movían molinos y servían para lavaderos de lana, hoy le cantan seres adaptados a la sequedad de las estepas cerealistas castellanas. Son aláudidos como cogujadas (Galerida sp.), alondras (Alauda arvensis) y calandrias (Melanocorypha calandra); también perdices (Alectoris rufa) y codornices (Coturnix coturnix). En sus orillas, sobre levantados majanos, se observan collalbas (Oenanthe sp.) y mochuelos (Athene noctua). Y en los majuelos y escaramujos que lindan los cultivos, y suben por los vallejos hacia la sierra, otean alcaudones (Lanius sp.), tarabillas (Saxicola rubicola) y trigueros (Emberiza calandra). Sus vuelos, sus cantos y sus colores ahondan en las historias íntimas de esta tierra.
Pero tiene el río Moscas, a lo largo de esta vega, unos lunares azules en su sonrisa. ¿Qué tipo de saliva oculta y misteriosa brota de estos agujeros? Son una serie de lagunas que afloran de la tierra y que parecen asomarse a una profunda boca. Ya en la cabecera superior del río encontramos las, siempre hoy secas de Laguna Navarro, Los Lagunillos o la Laguna del Hongar. Pero es pasando el caserío de Fuentes cuando aparecen los nueve vasos lagunares más importantes. Un conjunto de dolinas kársticas, formadas sobre una capa de margas y yesos, donde el agua rezuma y crea un complejo y variado rosario de lagunas, algunas con agua permanente como la Laguna Negra, la Laguna de los Cedazos o la de Las Zomas, y otras fluctuantes como la Laguna Tamariz, la Laguna del Ojo de la Corva y las pequeñas lagunas de Mohorte.
Estas lagunas y humedales son oasis donde encuentran refugio especies imposibles de encontrar en una vega agrícola. Entre un cordón de carrizos (Phragmites australis), aparecen espadañas (Typha sp.), juncos (Juncus sp.) y las últimas poblaciones de masiega (Cladium mariscus). Pero su mayor tesoro se encuentra dentro del vaso lagunar. Allí habita una vegetación acuática, de gran interés ecológico, con poblaciones de carófitos entre las que destacan ovas (Chara sp.), plantas con flor como ranúnculos acuáticos (Ranunculus sp.) o en el caso de la Laguna de los Cedazos, poblaciones de Myriophyllum verticillatum y Potamogeton pectinatus (2).
Entre los carrizales y espadañales, habitan, todo el año, ruiseñores bastardos (Cettia cetti) y vienen a nidificar en primavera los roncos carriceros comunes (Acrocephalus scirpaceus) y tordales (Acrocephalus arundinaceus). En la aparente quietud somnolienta del agua, se aferran a la vida especies de peces como los abundantes bermejuelas (Achondrostoma arcasii) o las interesantes loinas (Parachondrostoma arrigonis). Y también, aves como el zampullín chico (Tachybaptus ruficollis), la focha común (Fulica atra) y polla de agua (Gallinula chloropus). Y, abriendo bien los ojos, entre el agua y el carrizal se puede observar la vetusta silueta de la garza real (Ardea cinerea) y en el aire, el acrobático vuelo del aguilucho lagunero (Circus aeroginosus).
Esta vegetación palustre con su correspondiente fauna, hace que estas lagunas sean oasis de vida entre la monotonía del campo agrícola. Por todo ello, el Complejo Lagunar del Río Moscas fue declarado como Microrreserva Natural el 7 de mayo de 2010 por la JCCM.
Sería suficiente esta diversidad biológica para corroborar la importancia del curso del río Moscas. Pero cuánto menos decir que solo acabamos de empezar a conocer esa línea fina que se dibuja entre los labios y que se abre a las profundidades de la boca de la tierra. Aún queda por descubrir los labios que la flanquean. El que flanquea el oriente y el que deja salir al sol es la Sierra de los Palancares. Aquí da comienzo y desde aquí se extiende ese inmenso monte maderero y paraíso geológico que es la Serranía de Cuenca. El labio que custodia el poniente, es el Puerto de la Tórdiga y el Cerro del Talayuelo. Este último destaca por su poderío en silueta y por el carácter arenoso de su tierra.
Pero sobresale, ante todo, el tesoro que alberga la Sierra de los Palancares y que es uno de los fenómenos kársticos más espectaculares del mundo: las Torcas. Más de veinte torcas concentradas en un pequeño espacio (2). Y es que estos suelos calizos formados en el Cretácico Superior, ahuecados y limados por el agua subterránea, se han ido disolviendo y erosionando hasta tal punto que han provocado el desplome del terreno. Lo caprichoso de la naturaleza es como ha querido formar estas estructuras circulares y de altas paredes verticales, de diferente profundidad y tamaños. Pero no sólo destacan en estos páramos kársticos las dolinas y torcas. En las faldas de la ladera, besando los últimos campos de la vega y enfrente del pueblo de Mohorte, encontramos tres pequeñas pero bellas hoces calizas. Son la hoz de San Miguel, la hoz Chiquilla y la Hoz del Buey. Tres escondites para la vida y también para el pensamiento del caminante.
Aquí gobierna el pino negral (Pinus nigra). De corteza plateada, de piñas pequeñas y de buena madera, esta última ha sido quien le ha dado fama a lo largo de la historia como elemento indispensable para la construcción. Emblemáticos son el pino abuelo o el pino candelabro. Acompañan a estos pinares sabinas negrales (Juniperus phoenicea) y enebros (Juniperus communis y Juniperus oxycedrus) y se entremezclan bosquejos de carrascas (Quercus rotundifolia), quejigos (Quercus faginea) y milenarias sabinas albares (Juniperus thurifera). Pero quizás la mayor importancia de este monte radica en las umbrías que forman las hoces y especialmente en el interior de las torcas. En ellas, protegidas del viento y de los contrastes térmicos, aparece una flora norteña y oceánica. Son olmos de montaña (Ulmus glabra), cerezos de Santa Lucía (Prunus mahaleb), avellanos (Corylus avellana), tejos (Taxus baccata), serbales (Sorbus sp.), morrioneras (Viburnum lantana), guillomos (Amelanchier ovalis), acebos (Ilex aquifolium) o incluso poblaciones de evónimos de hoja grande (Euonymus latifolius).
Todo este extenso territorio forestal, salpicado de hoces, oquedades y escondites, es hogar de desde grandes rapaces a pequeñas aves, de grandes ungulados a pequeños mustélidos. En estas sierras, donde hasta hace no mucho corrió el lobo y se refugió el oso, hoy encontramos al astuto zorro (Vulpes vulpes) y diversos mustélidos como el tejón (Meles meles), la garduña (Martes foina) y la comadreja (Mustela nivalis). Entre la hojarasca y las oquedades, corren ratones y lirones, base de la cadena trófica de muchos de estas pequeñas fieras. Y siempre bajo la feroz mirada de búhos reales (Bubo bubo), cárabos (Strix aluco), halcones peregrinos (Falco peregrinus), gavilanes (Accipiter nisus) y azores (Accipiter gentilis). Y también, pero menos temida, ante las pupilas de herrerillos capuchinos (Lophophanes cristatus), piquituertos (Loxia curvirostra), carboneros garrapinos (Periparus ater), zorzales (Turdus sp.), agateadores y trepadores azules. Sin olvidar la extraordinaria visita que nos hace el Halcón de Eleonora (Falco eleonorae) al comienzo del estío en busca de escarabajos sanjuaneros (Melolontha melolontha). Toda esta maravilla natural se declaró Monumento Natural de Palancares y Tierra Muerta en enero de 2001.
Y si la Sierra de los Palancares flanquea, homogénea y paralela, la boca del río Moscas, es el Cerro del Talayuelo quien la sella y la calla. Como un monte de Olimpo hecho de arena, de barro cuando llueve y de polvo cuando solea, el Talayuelo es el labio occidental del río Moscas. En sus faldas crecen pinos rodenos (Pinus pinaster), de corteza rojiza, enormes piñas y abundante resina, entre manchas de robles y carrascas. Ello le da una singularidad única y un fuerte contraste con la caliza sierra que tiene enfrente. Entre su masa boscosa habitan especies forestales como palomas torcaces, pinzones, carboneros, herrerillos, gavilanes, ratoneros y, a sus faldas, las silenciosas ruinas de la aldea de La Atalaya.
El río Moscas, hoy encauzado y escondido, muestra una sonrisa llana e insípida a primera vista. Pero, al observar con cuidado parece que la boca quiere abrirse y querer susurrarnos aquellos tiempos de serpenteantes sonrisas entre zonas incultivables y enfermizas. Pero también sus labios de piedra caliza y arena, sus pompas de saliva en forma de lagunas y una memoria de pueblos y gentes que se esconde entre la maravillosa diversidad de la vida. Apenas veinte kilómetros donde destaca su brevedad y majestuosidad. Lo que buscan, y nunca encuentran, los genios y los grandes artistas. Para ello ya va sobrada la naturaleza.
(1) Tercianas: La terciana es un término médico que se refiere a una forma específica de malaria o paludismo, una enfermedad infecciosa transmitida por mosquitos que es causada por parásitos del género Plasmodium. Conocida así porque la fiebre intermitente reaparece cada tres días.
(2) Estas especies están catalogadas como de “interés especial” dentro del Catálogo Regional de Especies Amenazadas.
(3) Las Torcas son las siguientes: El Torquete, Torcazo, Torca de la Novia, del Agua, del Tío Joaquín, del Tío Demetrio, del Tío Agustín, del Sastre, Rubia, de la Escaleruela, Aliagosa, del a Zorra, de la Bañera, del Pancho, de la Covacha, Lanilla, de la Perla, Larga, del Medio Celemín, Las Mellizas, Honda, del Prado, de los Avellanos, de las Colmenas, del Lobo y del Cenajo.
BIBLIOGRAFÍA
Alonso, F. (1991): La Serranía de Cuenca. En González Martín, J.A. y Vázquez, A. (eds.): Guía de los espacios naturales de Castilla – La Mancha, 261-284. Junta Comunidades de Castilla – La Mancha.
Alonso, F. y Bullón, T. (1976): Evolución kárstica del sector sureste de la Serranía de Cuenca. Estudios Geográficos, 145, 465-479.
Del Olmo, P. y Álvaro, M. 1989. Mapa Geológico de España a escala 1:50.000, Hoja nº 610 (Cuenca). ITGE, Madrid.
Eraso, A. &. al. 1979. Estudio de las torcas de Palancares y Cañada del Hoyo en el. karst de la Serranía de Cuenca. Kobie 9: 7-69
Gil, J., Carenas, B., García-Hidalgo, J. F., Segura, M., García, A., 2004. Unidades litoestratigráficas del Cretácico superior en el centro de España. Revista Sociedad Geológica de España 17, 249–266.
Meléndez Hevia, F. 1971. Estudio Geológico de la Serranía de Cuenca en relación con sus posibilidades petrolíferas. Tesis doctoral. Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Ciencias Geológicas. Serie A. nº 153-154. 145 pp.
Nuche del Rivero (ed.). 2003. Patrimonio Geológico de Castilla- La Mancha. ENRESA. 613 pp.
https://info.igme.es/ielig/LIGInfo.aspx?codigo=IB110
https://fuentes.dipucuenca.es/index.php/layout-three/complejo-lagunar-rio-moscas
https://losojos.es/tierra-y-memoria/moscas-gritos-membrillos-al-jucar/

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