Hay un lugar en La Mancha, llamado Rubielos Altos, donde vive un hombre mitad Sancho mitad Quijote que responde al nombre de Samuel Cerrudo. A lomos de Luna, la burra que le permite ver la vida a ras de suelo, se desplaza por su Arcadia particular , una finca donde lucha contra los molinos, gigantes multinacionales que amenazan al planeta. Armado de pasión y grandes conocimientos sobre el terreno que pisa, cada día sale al campo inspirado por su particular Dulcinea: la abuela Valeriana, fallecida a los 102 años: “ella fue la única que ponía trabas a mis maneras de ejercer la agricultura, pero poco a poco comprendió y se enorgulleció”. Ahora ella es el motor principal de este proyecto de vida “basado en leer el monte y aprender de ello para mejorarlo”. También es figura impulsora su madre, oriunda de la localidad -que frecuentaba con los hijos- en donde transmitió a Samuel los valores de la tierra. Por todo ello, no deja de agradecer a sus ancestros el apoyo inicial y la transmisión de sus saberes: “Gracias a las vivencias de los antepasados hemos llegado a donde estamos”.
Su amor incondicional a la naturaleza le ha llevado a recuperar las tierras familiares y cultivarlas con el máximo respeto: ”Desde que empecé, hace ocho años, creí en la agricultura natural”. Samuel no está solo pero si pertenece al grupo de esas rara avis que parecen vivir a contracorriente cuando en realidad defender lo local debería ser la norma. Parece un mundo al revés, porque así lo ha estipulado el mercado, insaciable y carente de honestidad: “Es todo maquiavelidad” dice rotundo. Y lo sabe desde que empezó, con dos colmenas, y fue consciente de la falsificación de la miel y la perversión del mercado. Ahora dispone de 10 hectáreas de monte y 20 agrícolas en las que se combina cultivos de olivar, azafrán, frutos secos, leguminosas, cereal tradicional y colmenas; precisamente, uno de sus objetivos reside en volver a juntar monte con agricultura.
La labor de este joven agricultor no solo consiste en cultivar sus tierras de secano conservando y mejorando la biodiversidad sino en dar a conocer la agricultura que recupera semillas locales y regenera el ecosistema, ya sea con talleres o diversas formas de divulgación. Y en este sentido se inscribe la reciente visita de un grupo de personas interesadas en conocer in situ el proyecto Secanos Vivos, dentro de SEO BirdLife, en el que se enmarcan las parcelas de cultivo de su finca Las Morras bajo la marca Nueva Paieia, nombre que alude a la escuela de la Antigua Grecia “donde los niños aprendían a conocer sus virtudes”, como él explica. Estando en Australia, en 2017, a donde viajo para aprender inglés y conocerse a sí mismo, le llegó la epifanía que haría volver sus ojos a la tierra, después de estudiar en Madrid diseño de moda. Dice que, aunque aparentemente la moda y la agricultura no guardan relación, “en realidad las carreras creativas te permiten conocerte, diagnosticarte y sacarte valores como la justicia y la pasión”.
Un anfitrión de excelencia como Samuel, había de ir bien acompañado y allí estaban para completar la visita el biólogo Joaquín Jiménez, ornitólogo encargado del censo de aves, y Juan Francisco López, técnico agrónomo, doctorado en biofertilidad. El entorno, las minuciosas explicaciones de los expertos y la atención extrema del nutrido grupo que se desplazó un viernes de mayo a esa localidad conquense de unos 20 habitantes, crearon las condiciones óptimas para difundir este proyecto que incide en la cadena agroalimentaria, desde el productor al elaborador hasta dar con un consumidor sensible al medioambiente. “Necesitamos microagricultores para producir nosotros y venderlo nosotros”, se dijo en el encuentro, “y para eso necesitamos que se subvencione más a esta agricultura que revitaliza la zona”. Por ahora la finca recibe el apoyo del Ministerio de Transición Ecológica con Fundación Biodiversidad. Quienes practican la permacultura o agricultura biodinámica son conscientes del encarecimiento de sus productos y por eso Samuel pregona a los cuatro vientos que está vendiendo el futuro a las generaciones que vienen, porque “vuestra enciclopedia es vuestro entorno”. Tiene claro que no quiere formar parte de ninguna industria, ahora que tenemos un futuro tan borroso.
La visita pasó por diversas fases, que iban desgranando sus correspondientes expertos. Comenzó a dar cuenta de su labor en la zona Joaquín Jiménez, ocupado en atraer la fauna a su hábitat natural, porque ello repercute en el agricultor: “las aves miden la salud del campo y cuanta más diversidad, más transitan la zona” dijo mientras mostraba las cajas nido que se elevan sobre el terreno junto a los refugios de murciélagos, o los nidales de abejas solitarias, también llamados hoteles de insectos, necesarios para facilitar la polinización. Además de mostrar el prodigio de estos animales almacenando larvas en pequeños cilindros, hizo ver que las abejas constituyen uno de los seres vivos más importantes del ecosistema.
El técnico Juan Francisco se refirió a la importancia de fertilizar la tierra de forma natural, “porque la agricultura convencional sabe mucho, vende plantas enfermas para que luego haya que cuidarlas acudiendo a las “agrofarmacias” y señalando que el primer pesticida fue el gas mostaza, indicó que tras la segunda guerra mundial hubo que dar salida a los fosfatos y otros elementos químicos desviándolos a la agricultura. A propósito, España es el país que más pesticidas compra de toda Europa.
El grupo visitante recaló en el seto vivo, una línea clave, especie de linde, con árboles y arbustos donde podrá transitar la fauna. El recorrido por la finca también hizo escala en la charca, y el bebedero adyacente, un oasis para las aves esteparias que habitan esos cultivos, como avutardas, alcaravanes o gangas, apta para el desarrollo de larvas y sapos corredores que disponen a su vez de refugios naturales elaborados con piedras. Y todo el hábitat rodeado de plantas adventicias, inapropiadamente llamadas malas hierbas, con un papel determinante para los cultivos.
Detrás de esta agricultura, sensible a la vida misma, late una filosofía que resume Samuel con esta frase: “Es necesario conservar la naturaleza, pero en dinamismo, no dejando los árboles a perpetuidad; cuando un pino coge mucho porte hay que sustituirlo para clarear y dar hueco a otras especies, dejar pasar a la siguiente sucesión: un ciclo da paso a otro”… Algo parecido a lo que hace él con el legado familiar.