CUANDO VALERIA SE LAS ARREGLABA: La herrería y otros oficios industriales tradicionales en Valeria

CUANDO VALERIA SE LAS ARREGLABA: La herrería y otros oficios industriales tradicionales en Valeria

Una planicie de colores pardos y amarillos que avisan de que el cereal está listo, sin lindes que diferencien un campo del otro a simple vista. Apenas hay ganado, y aún menos gente por las calles del pueblo. Los pocos que aún caminan por sus calles, guardianes de la memoria, esperan los ansiados días de las fiestas de agosto en los que el pueblo se llena de alegría y jolgorio. O al menos la entrada en el final de semana, donde hijos, hijas, nietos y nietas visitan las tierras de sus ancestros. Y de paso, traen comida y otras utilidades necesarias para vivir (tecnología, mobiliario, limpieza, etc.) que en el pueblo ya no se pueden conseguir, más allá de la selección de mercaderes ambulantes que lo visitan periódicamente.

El día a día de una España rural que cada día es más dependiente de la urbana. En Valeria, como parte de ese todo, sucede lo mismo. No así antes, pues como afirma José Chumillas García, herrero de Valeria en su juventud, “el pueblo podía arreglarse en aquel momento, de todo había”.

Porque lo agrícola, aún irreconocible y menguado comparado con lo visto hace un siglo, pervive. No así sucede con los oficios industriales y de servicios, pues aún minoritarios, hacían de estas poblaciones espacios prácticamente autosuficientes.

Los oficios industriales y de servicios perdidos de Valeria

Porque, aunque como remarca Miñano y Bedoya en su Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal del año 1828, los habitantes de Valeria se dedicaban principalmente a las labores agrícolas y la arriería, su vida en el día y a día habría sido imposible (o, al menos, diferente) sin la labor de mineros, molineros, artesanos o tenderos, entre muchos otros. Pues sin ellos no hubiera habido viviendas, pan, ropa y otros muchos recursos necesarios para nuestra existencia.

Todos los censos y registros existentes desde el siglo XVI atestiguan la importancia de estas profesiones. Pero también la existencia de funcionarios y otros oficios que hoy tildaríamos como parte del sector terciario, como curas, médicos o criados.

En 1654 se conoce la existencia ya de un hospital “muy pobre”. En el Catastro de la Ensenada del año 1752 se menciona la existencia de un escribano, un sacristán, un cirujano, un guarda de montes y sembrados, un almotazanero y un alcabalero. Estos dos últimos eran funcionarios responsables de recaudar los impuestos, como la alcabala, gravamen que se aplicaba a cualquier proceso de compraventa. En una población con tantos arrieros, su papel era crucial.

Décadas más tarde, en el año 1787, se censan, al menos, un cura, un teniente de cura, un sacristán, cuatro ordenados menores, un abogado, un escribano, dos estudiantes, treinta y dos criados, un boticario y un cortador de carne, todas ellas profesiones de servicios.

Un siglo más tarde, en el año 1893, se registra un vecino con profesión de veterinario. En 1960 se menciona además un médico, así como dos maestros y una maestra.

Fotografía de la escuela de niños de Valeria, junto al profesor de Instrucción Primaria, D. Estanislao Martínez, en los años 30. Fuente: Julián Torrecillas Moya. Obtenida de https://www.facebook.com/photo/?fbid=3350528098345574&set=g.307326373195640&locale=es_ES

La extracción de los recursos del entorno. Una labor industrial olvidada.

Si bien es cierto que los censos históricos no mencionan labores de minería y extracción de manera específica en el territorio de Valeria, se conoce la existencia de algunas de ellas en sus cercanías.

José Chumillas García, vecino del municipio, recuerda al menos dos de vital importancia: la extracción del yeso, necesario como aglomerante y para el revestimiento (y, por tanto, aislamiento) de los edificios de mampostería; y la arena, necesaria para fregar.

Enjalbegando una casa con yeso. Fuente: Jesús Moya Contreras. Obtenida de https://www.facebook.com/photo/?fbid=9798202233586122&set=g.307326373195640&locale=es_ES

Respecto a la explotación del yeso, menciona una familia que lo extraía, lo horneaba y lo molía para después venderlo en el mercado de los sábados de Valverde del Júcar, el más importante de la comarca. Sin embargo, la cantera y el horno de cocción ya se encuentran en el municipio de Valera de Abajo, donde aún pueden observarse las ruinas.

La extracción de arena se realizaba en los alrededores de la Cueva de la Paloma, en el Puente del Arenal. Con ella se fregaban las sartenes y la loza sin necesidad de desperdiciar agua, usando el efecto abrasivo y desengrasante de esta tierra arenosa conocida también como greda o tierra blanca.

Otros recursos necesarios también eran obtenidos del entorno. La arcilla, necesaria para la elaboración de tejas, es posible que fuera obtenida del paraje marcado como Cañada del Tejar en los mapas del IGN de los años 40 del siglo XX. La cal de cualquiera de los extensos parajes donde la piedra caliza es la nota dominante. La leña y el carbón vegetal de los montes de pino y carrasca. Por último, la sal, recurso histórico tradicional para el ganado y la conservación de alimentos, es probable que fuera traída desde Monteagudo de las Salinas.

MTN50 del año 1941, donde aparece la “Cañada del Tejar” en el término municipal de Valera de Arriba (Valeria). Fuente: IGN

Los oficios artesanales industriales de Valeria

Si algo está desapareciendo de manera abismal en nuestras sociedades es el papel de los artesanos y artesanas. Es decir, aquellas personas que, a partir de una materia prima, crean un bien que nos es útil. Del barro, el alfarero extrae un cántaro; del tronco, el carpintero obtiene una mesa; del hierro, el herrero conforma una herradura; o de la piedra y el yeso, el albañil crea una casa.

Siendo hoy todos estos oficios sólo un recuerdo para vecinos y vecinas de Valeria, su importancia fue muy distinta siglos atrás. Principalmente la de la herrería.

Ya en el Catastro de la Ensenada, se menciona cómo los arrieros comerciaban principalmente con “aceite y hierro”, existiendo dos herreros con dos fraguas en aquellos años. Siglo y medio más tarde, en el año 1893, se describe la presencia todavía de dos herreros en el pueblo. En 1965, esta cifra había aumentado a tres, siendo el número que recuerda José Chumillas García, precisamente herrero en su juventud. En estos años, su importancia se debe, principalmente, a la industria de la madera del vecino pueblo de Valera de Abajo, pues “la mayor parte del tiempo hacíamos clavos para las puertas”. No obstante, antes de comenzar el trabajo de los clavos, se dedicaban a herrar a las caballerías y a aguzar las rejas. Describiendo su oficio, José recuerda cómo “se calentaba y, a base de golpes con martillo y yunque, se iba pegando la pieza que se le añadía a la reja”.

También se menciona a carpinteros en los registros del siglo XVIII. José Chumillas García también recuerda uno en su juventud. 

Por otro lado, tres albañiles son mencionados en el Catastro de la Ensenada. En el año 1893 se conocen dos soladores (alicatadores), estando, por tanto, presente aún en estos años los oficios relacionados con la construcción.

La elaboración del textil

Zapateros y sastres han vestido con sus prendas a decenas de generaciones de valerienses. En los años cincuenta del siglo XX había dos sastres y un zapatero en el pueblo. Sesenta años antes, en el censo de 1893, se mencionan dos zapateros.

Pero más reseñable es lo recogido en el Catastro de la Ensenada del año 1752, pues se detalla que existían tres maestros de zapatería y tres maestros de sastre. Pero, ante todo, destaca que también había oficios previos al de sastre, pues Valeria contaba con nueve tejedores y cuatro cardadores y peinadores. En aquel siglo, muchas familias vivían de trabajar la lana ovina. De hecho, llegó también a existir un batán en el pueblo, en las cercanías del Molino de Amós, pues el paraje es conocido como Rinconada del Batán.

Los comercios tradicionales. La historia de unas calles repletas de vida.

Hoy, el poco comercio que queda vivo en Valeria, se lo debemos a la encomiable labor que hacen los vendedores ambulantes en las zonas rurales. Hace apenas unas décadas, sin embargo, José Chumillas García recuerda haber conocido hasta siete tiendas en el pueblo, así como al menos dos barberos. El censo del año 60 eleva la cifra a cuatro peluquerías. 

La existencia de tiendas de ultramarinos está constatada desde al menos el siglo XVIII. También había, como no, hornos de pan, tabernas, carnicerías, mesones y posadas. Todos estos establecimientos siguieron en funcionamiento hasta bien entrado el siglo XX.

A esto cabría añadir la existencia de tres casinos en aquellos años, donde cada domingo bailaban mozos y mozas para relajarse de la dura labor semanal, como recuerdan Concepción y Amparo Suárez Martínez, hermanas y vecinas de Valeria.

Plaza de Valeria, centro de la vida vecinal. Fuente: Julián Torrecillas Moya. Obtenida de https://www.facebook.com/photo/?fbid=9937641416300843&set=g.307326373195640&locale=es_ES

Y, por supuesto, estaban los comerciantes. Aquí los arrieros (contados treinta y ocho en el siglo XVIII) cumplían un papel muy importante, vendiendo, como menciona Madoz en el siglo XIX, el poco sobrante de los productos agrícolas. Pero, sobre todo, destaca el ya mencionado papel del mercado de los sábados de Valverde del Júcar pues, en palabras de José Chumillas García, “era el centro de todo”. Tanto es así que Torres Mena, en sus Noticias Conquenses del año 1878, menciona que “de los mercados que antiguamente se conocían en muchos pueblos de la provincia para satisfacción de las necesidades ordinarias por la gente de las comarcas respectivas, sólo conservan una importancia relativa los que se celebran los lunes en Belmonte, los jueves en Tarancón, los viernes en Sisante y los sábados en Valverde del Júcar”.

Valerienses con sus caballerías a finales de los años setenta, cruciales para el transporte y el comercio. Fuente: Julián Torrecillas Moya.Obtenida de https://www.facebook.com/photo/?fbid=5334018273329870&set=g.307326373195640&locale=es_ES

Los Molinos. Aprovechando la fuerza del Gritos.

Aún quedan las ruinas de estos ingenios hidráulicos que aprovechaban la fuerza del Gritos para moler el grano tan duramente cosechado. Tres llegaron a existir en el término municipal de Valeria: el Molino de Amós, el de Herráiz y el de Antoliano, siendo estos los últimos nombres por los que fueron conocidos antes de desaparecer. 

Molino de Amós en la actualidad. Fuente: Vestal Etnografía

Décadas atrás, Torres Mena menciona estos tres. Sin embargo, en el censo de 1893 se detallan “dos molinos de una piedra que trabajan menos de seis meses al año”. No obstante, en el pasado tuvieron otros nombres. En el Catastro de la Ensenada, son dos también los mencionados, conocidos entonces como el del Canalón (más tarde Amós) y el de las Nogueras (coincidente con el posteriormente Molino de Herráiz).

Molino de Herráiz en la actualidad. Fuente: Vestal Etnografía

Un oficio, el de molinero, que fue poco a poco transformándose con la llegada de la luz, pues comenzaron a surgir fábricas de harina. Fue tal el caso de Valeria, pues en los años 60 la gente molía ya usando este molino eléctrico.

¿Qué mundo rural queremos?

Todos estos oficios, que hoy clasificaríamos como del sector secundario y terciario, han desaparecido de Valeria. Pero, más allá de la visión romántica del artesano tradicional, ¿es útil recuperar estos oficios y, con ellos, los conocimientos que encierran?

En una situación de despoblación tan agravada, no tenemos nada que perder como sociedad por intentarlo. Porque revertir la despoblación y contribuir a la distribución territorial de la especie humana es necesario para asegurar nuestra sostenibilidad en el largo plazo. Y porque recordar (y aplicar) estos saberes y oficios ligados y adaptados íntimamente a su entorno natural puede ser una de las llaves que nos salve de los temibles efectos del cambio climático. Ser más autosuficientes con nuestros recursos y reducir nuestra huella de carbono ya no es, por desgracia, una elección.

José Chumillas recordaba, refiriéndose a los oficios tradicionales, cómo “al volver al pueblo, tras vivir en el País Vasco, todo ello había desaparecido”. Esperemos que cuando regresen sus nietos haya, de nuevo, renacido.

Referencias

  • Censo español executado de Orden del Rey, comunicada por el Excelentísimo Señor Conde de Floridablanca, Primer Secretario de Estado y del Despacho, en el año de 1787. (1787). Real Imprenta de Madrid
  • Domínguez Suay, E. (2014). Historia, población, urbanismo y edificación en Valeria. Nº 19 Revista Ricotí. Valeria (Cuenca).
  • Estrada y Paredes, J. A. (1747). Población General de España: Historia cronológica, sus tropheos, blasones y conquistas heroycas: descripciones y sucessos que la adornan en que se incluyen las islas adjacentes y presidios de Africa, ts. I, II y III. Madrid, Imprenta del Mercurio, 1747
  • López, M. (c. 1800). Memorias históricas de Cuenca y su obispado I. S.I.C. y Ayuntamiento de Cuenca, 1949
  • López, M. (c. 1800). Memorias históricas de Cuenca y su obispado II. S.I.C. y Ayuntamiento de Cuenca, 1953.
  • Madoz, P. (1845-1850). Diccionario Geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar.
  • Martir Rizo, J.P. (1628-1635). Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Cuenca. 
  • Miñano y Bedoya, S. de (1779-1845). Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal (1826-1829).
  • Respuestas Generales del Catastro de la Ensenada. (1752). Portal de Archivos Españoles (PARES).
  • Romero Sáiz, M. (2014). Valeria en el siglo XVI. Nº 19 Revista Ricotí. Valeria (Cuenca).
  • Torres Mena, J. (1878). Noticias conquenses: recogidas, ordenadas y publicadas. Imprenta de la Revista de Legislación.
  • Vestal Etnografía (2023). Aljez, el pegamento de nuestros montes: el yeso en la hoz del río Gritos. Obtenido de https://losojos.es/tierra-y-memoria/aljez-el-pegamento-de-nuestros-montes-el-yeso-en-la-hoz-del-rio-gritos/
  • Vestal Etnografía (2023). Conocimientos que nos hacen independientes. Los oficios relacionados con la ganadería en Olmeda del Rey y Las Valeras. Obtenido de https://losojos.es/tierra-y-memoria/conocimientos-que-nos-hacen-independientes-los-oficios-relacionados-con-la-ganaderia-en-olmeda-del-rey-y-las-valeras/
  • Vestal Etnografía (2025). La HERRERÍA y otros OFICIOS INDUSTRIALES de VALERIA, con José Chumillas García. Obtenido en https://www.youtube.com/watch?v=h_ayPNYi22s
  • Vestal Etnografía (2025). La LABOR, la CASA y el AZAFRÁN en VALERIA, con Concepción Suárez Martínez y Amparo Suárez Martínez. Obtenido en https://www.youtube.com/watch?v=MLwbNLq4Vvc
  • Zarco Bacas y Cuevas, J. (1983). Relaciones de pueblos del obispado de Cuenca. Diputación Provincial de Cuenca. Traslación de la Relaciones Topográficas de Felipe II, 1575.
Este artículo forma parte del proyecto “Valeria: un banco de memoria”, financiado por el Ayuntamiento de Valeria y el MITECO, con cargo al programa de «subvenciones para la financiación de proyectos promovidos por entidades locales para la innovación territorial y la reactivación de la actividad socioeconómica y la lucha contra la despoblación».

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