Que los andalusíes decidieran levantar la ciudad de Kunka sobre la estribación rocosa del actual cerro de San Cristóbal pudo deberse a muchos motivos, pero no sería el menor la existencia a sus pies, rodeándola, de las aguas del Júcar y el Huécar. Cualquiera puede pensar, y con razón, que se debió a la defensa natural que proporcionaba a la ciudad la conjunción de ambos ríos formando un foso defensivo, pero no nos olvidemos del aprovechamiento del agua como fuente de riqueza.
Si el hombre supo servirse de los ríos para establecer defensas y protegerse, muy pronto también los domesticó y los puso a trabajar para su economía.
El agua es la vida. Agua para beber, para lavar, para regar la huerta. Agua de rio como vía de transporte maderero. Agua industrial como motor para artefactos que facilitan el trabajo humano. Agua unida al trigo, a la madera y a la lana como nutriente de la ciudad enriscada.
Mucha agua ha corrido desde los primeros molinos que movieron el Júcar y el Huécar, algunos tan antiguos que sus orígenes se pierden y se mezclan con los de la primera población musulmana.
La Cuenca andalusí pertenecía a una cultura donde el manejo del agua tuvo el mayor desarrollo conocido hasta entonces y en la cual estamos enraizados. Júcar y Huécar ya disponían antes de la conquista castellana de presas y acequias, de molinos y batanes, de martinetes y norias. Aceña, batán, noria, azud, acequia, alberca o aljibe todas son palabras del árabe hispánico relacionadas con el uso del agua. El Fuero de Cuenca apunta a la presencia anterior de presas, acequias y molinos cuando ordena que se pueden construir otros nuevos, siempre y cuando respeten los derechos de los ya existentes. Y estos, por otra parte, servirán de modelo constructivo y funcional a aquellos.
Los primeros conquenses bajaron y lucharon a brazo partido con el rio y lo domaron, le acoplaron las riendas de los azudes y de las acequias para llevar el agua de riego a las huertas, y le fijaron los estribos de artilugios mecánicos movidos por la energía motriz de la corriente, destinados fundamentalmente a tres actividades económicas claves: la molienda del grano de cereal para pan y piensos, el bataneo en la industria lanera, y el batido de hierro y cobre en la metalúrgica. Aceñas, batanes, herrerías y martinetes. Y, a finales del siglo XIX, la obtención de electricidad gracias a la invención de la dinamo.
Y es que al rio lo acomoda el ser humano y lo unce a sus necesidades marcadas por el tiempo. Cuando en la Cuenca medieval y renacentista florece con tanta exuberancia la manufactura textil, hay molinos harineros que pasan a ser batanes y se construyen batanes nuevos. Cuando la industria lanera se marchita a finales del siglo XVI y principios del XVII, algunos batanes pasan a ser molinos, en consonancia con el aumento de la agricultura, tras el abandono y roturación de muchos pastizales. No pocas aceñas o batanes se transformaron, llegado el momento, en fábricas de luz.
La presa del Batán en Cuenca suministró primero a un batán, luego a una aceña y, finalmente, a la actual central hidroeléctrica. El molino harinero de San Antonio junto al rio Moscas, compartió espacio con un batán posterior, y en 1929 pasó a convertirse en fábrica de harinas, todavía hoy en pleno rendimiento. La Aceña de La Parrilla en el Júcar fue batán, después molino harinero o aceña, de ahí el nombre que conserva, y más tarde fábrica de luz, hasta sumirse en el oscuro abandono actual. En el Moscas, el molino de Mohorte pasó directamente de la harina a la luz y el de la Melgosa se trasmutó en una fábrica de cartón.
Cuenca es su caserío enriscado y antiguo, pero Cuenca es también sus ríos con sus hoces. Es un conjunto de ciudad y paisaje, como estimó Troitiño, ciudad nacida del agua y de la roca como si ésta germinara en una vegetación de calles y casas, de iglesias y palacios. Unidos a los brazos de sus madereros, laneros, labradores y finalmente luceros, Júcar y Huécar trabajaron sin descanso durante siglos y siguen trabajando, ahora a menor escala, en las centrales eléctricas que aún se mantienen activas en el Júcar y también en los humildes azudes y acequias con que el Huécar sostiene sus últimas huertas.
Tres presas importantes cortan el flujo y retienen las aguas del Júcar para sendas centrales hidroeléctricas. Dos de ellas siguen turbinando en la hoz: la de las Grajas y la del Batán. Una tercera, la de San Antón, la más urbana y la primera en construirse, fue clausurada hace unos pocos años.
La larga historia de esta presa es digna de recordarse. Fue azud del primer molino andalusí. Los conquistadores castellanos donaron todo (presa, caz y molino) a la Orden de Santiago, propietaria desde entonces hasta la Desamortización del XIX. La presa tiene una longitud de algo más de 60 ms. Y el molino, muy cercano a la presa, con cinco pares de piedras, llegó a ser el mayor de la provincia de Cuenca. La presa surtió también a un batán, como atestigua Wyngaerde en su dibujo de la cara oeste de Cuenca al representar los largos lienzos tendidos en sus tiradores. Y a la ceca hidráulica que sustituyó a la centenaria casa de La Moneda, ya establecida por los musulmanes en el siglo XI. La empresa Alumbrado Eléctrico de Cuenca, recién constituida para este propósito, construye allí una central hidroeléctrica a finales del siglo XIX. Conllevaba la instalación del primer alumbrado público de la ciudad. Frente al barrio de San Antón, en un entorno urbanizado, los edificios han sido trasformados parcialmente en establecimiento hostelero. El azud, el caz y muchos elementos constructivos cumplen ahora una importante función estética y ambiental. Es todavía un lugar mágico que nos trasporta a los orígenes.
Alumbrado Eléctrico de Cuenca trasformó también el molino harinero de El Batán en la segunda central hidroeléctrica de Cuenca. El nombre apunta a que en algún momento fue también molino batanero. La larga presa sesgada, de unos 75 m, ha sido aprovechada para zona de baño con la pretenciosa denominación de Playa de Cuenca. El caz tendrá una longitud de algo más de 200 m que es la distancia que separa la presa de la central.
En 1903 se crea la compañía Eléctrica Conquense para construir y explotar la presa y central de Las Grajas compitiendo con Alumbrado Eléctrico en el suministro a la ciudad. En 1925 los propietarios de Alumbrado Eléctrico venden a Eléctrica Conquense la central, el batán y el molino de Santiago y, por otro lado, la central del Batán. La presa de Las Grajas alcanza unos 55 m de longitud en un paraje espectacular de grandes peñascos caídos en el cauce. El caz, a lo largo de unos 300 m, más o menos, pone el agua en la central. Una pasarela permite el acceso desde la carretera de Villalba, en la margen derecha.
Hace no muchos años Eléctrica Conquense vendió las centrales de Las Grajas y El Batán a Herederos de Díaz Cordobés, propietarios, a su vez, de la central La Torre en el Júcar de Mariana.
Si bien las fábricas de harinas fueron restando actividad a los molinos harineros o los absorbieron, muchos perduraron hasta la segunda mitad del siglo XX. Este es el caso del molino de San Martín en el Huécar y el de la Noguera en la acequia de los Molinos del Júcar. El Júcar gastaba su energía sobre todo en las maderadas hasta el desembarcadero del Sargal, sólo a partir de aquí la empleaba también en molinos, batanes y huertas. De la presa de los Cerdanes, desaparecida en los años noventa, partía la acequia de los Molinos, de la que aún se conserva un tramo. Movía el molino de la Noguera y, en sus tiempos, un batán. Esta acequia abastecía, además, las huertas que ahora duermen el sueño de los justos bajo los desmontes de los cerros de los Moralejos y San Agustín y más abajo, pasado el terraplén y el puente del ferrocarril, una amplia huerta hoy yerma y en parte aplastada bajo el peso de nuevos edificios.
Leemos en el Catastro de Ensenada del siglo XVIII, que el de la Noguera era un molino importante, de cuatro pares de piedras, y añade el nombre de sus propietarios. los hermanos Andrés y Dionisio Cerdán. Este apellido nos aclara el porqué de la denominación de la presa desaparecida en los años noventa.
Las azúas eran norias movidas por la propia corriente del agua del rio o de una acequia, como la que podemos ver todavía en la acequia del Tablazo en Villalba de la Sierra. Se sabe que hubo otras, hoy desaparecidas, en el Júcar de Cuenca.
El Huécar en su hoz era más de riego, más de huertas y hocinos, que el Júcar en la suya. Dos presas o azudes de riego con sus respectivas acequias siguen vivas en el término municipal de Cuenca: la del Antiguo Vivero y la de la Huerta los Chorros. Una tercera persiste ya sin uso, la presa del Batán de Jacinto. Hemos conocido el molino de San Martín frente al barrio de su mismo nombre. No hemos tenido esa suerte con el del Postigo, junto a las Escalerillas del Gallo, al que hubo que demoler en 1890 por su estado ruinoso. Tanto uno como otro trabajaban con dos pares de piedras.
La mayoría habían pertenecido, al menos hasta la Desamortización, a la nobleza o a la iglesia, quienes los arrendaban a particulares. Según el Catastro de Ensenada, el de San Martín pertenecía al marqués de Caracena, el del Martinete, en el rio Moscas, al conde de Valverde, el del Postigo a la Mesa capitular de la catedral…
Aunque, fuera ya del término de Cuenca, no se deben olvidar tampoco en el Huécar los molinos de papel de Palomera, que dieron origen y nombre a su pedanía. Los molinos de papel venían a ser una especie de batanes. No está de más recordar que el papel y el textil están íntimamente relacionados. Pues ya desde sus orígenes en China el papel se extraía de trapos viejos, fundamentalmente de algodón y lino. Bien es verdad que artesanalmente se puede obtener de cualquier fibra vegetal.
Es evidente que la llegada tardía de la revolución industrial a España, y por supuesto a Cuenca, nos permitió conocer modos de producción que estaban más cerca de siglos pasados que del actual.
BIBLIOGRAFÍA:
- Los molinos hidráulicos harineros en la provincia de Cuenca. Antonio García Cuevas. Diputación Provincial de Cuenca. 2005.
- Regadíos tradicionales, patrimonio y paisaje en el Alto Júcar conquense. Universitat de Valencia. Confederación Hidrográfica del Júcar. https://www.chj.es/es-es/ciudadano/publicaciones/Paginas/Indice.aspx?Libro=Regad%C3%ADos+tradicionales,+patrimonio+y+paisaje+en+el+Alto+J%C3%BAcar+conquense
- La vista de Cuenca desde la hoz del Huécar (1565) de Van den Wyngaerde por Pedro Miguel Ibáñez Martínez. Diputación Provincial de Cuenca.
- La vista de Cuenca desde el oeste (1565) de Van den Wyngaerde por Pedro Miguel Ibáñez Martínez. Diputación Provincial de Cuenca.
- Catastro de Ensenada. https://pares.mcu.es/Catastro
- Noticias conquenses de José Torres Mena. Gaceta Conquense, 1985.
- El Fuero de Cuenca (1978). Traducción de Alfredo Valmaña Vicente. Editorial Tormo. 2ª Edición.
Actuación financiada por el Ayuntamiento de Cuenca y el Ministerio de Cultura, con cargo a las Ayudas para proyectos de conservación, protección y difusión de bienes declarados Patrimonio Mundial.
