La memoria entre minerales: la senda del tiempo entre sal y aragonitos en Minglanilla

La memoria entre minerales: la senda del tiempo entre sal y aragonitos en Minglanilla

Minglanilla es el paso inevitable entre Levante y Castilla. Reposa en un ondulado paisaje donde el bermellón arcilloso embarra la mirada y el azul del cielo, la desempaña. Un descanso entre las recónditas montañas cubiertas de verdes pinares y la luminosa llanura mediterránea de frutales y adelfas. Una aparente llanura que se agrieta en barrancos y cárcavas, como arrugas desgastadas por el tiempo, para alcanzar el profundo curso del río Cabriel. 

En esta tierra el pasar del tiempo precisa de agujas lentas. Hoy viste la tierra con ordenados y cuidadosos campos de almendros, olivos y viñas que alzan hacia el cielo los rojos oxidados y ocres de la tierra. Pero fue esta tierra poco generosa para una agricultura copiosa y para la ganadería como refleja el Catastro de la Ensenada, en 1752, explicando que “hay pocas ovejas y pocas cabras por el frío que hace y, además el monte tiene mucha espesura de matorral, así que la lana se les queda enganchada en las matas y pierden mucha”.

Paisaje de la Manchuela en los alrededores de la Minglanilla. Fuente: Autor

Quizás por eso, Minglanilla nace tarde. En las Relaciones Topográficas de Felipe II se cita que fue un viejo hidalgo llamado Juan López de la Minglanilla, quien fundó el pueblo hacia el 1500 (1), aunque deja entrever que su verdadero nombre pudiera emanar de una cercana fuente donde había un “minglano” (2). Nació entonces como una minúscula aldea de Iniesta, considerada la antigua ciudad romana Egelasta, pero su posición estratégica entre Castilla y Levante, y su provechosa tierra, permitió que su población creciera rápidamente en los siglos siguientes hasta alcanzar en 1787, 1621 habitantes y, llegar a su máximo en 1940 con 3.474 habitantes (3). Este meteórico ascenso demográfico se vio frenado y reducido desde entonces hasta los 2.388 habitantes de 2025. 

Este meteórico ascenso convirtió a Minglanilla en un pueblo agrícola donde se cultivaba trigo, cebada, centeno, avena y azafrán, así como vino, aceite, miel y cera. Curiosidades quedan como que en 1752 había cuatrocientos cuarenta colmenas las cuales “las suelen mover con caballerias propias o alquiladas, a Valencia en invierno y a la sierra de Moya y Cuenca en verano. Dice que cada caballería lleva unas  diez colmenas. También que de cada diez colmenas se suele sacar dos enjambres” o que a mitad del siglo XIX se declara la existencia de cuatro prensas para la extracción del aceite. Y, cómo no, aprovechando su situación, como pueblo de paso, afloró un movimiento trajinante y comercial como atestigua, en 1752, el Catastro de la Ensenada con la existencia de ciento noventa y ocho carretas de cuadrilla “con su par de bueyes cada una, además ciento veinte bueyes de vuelta”, así como treinta y seis arrieros. 

Panorámica del pueblo de Minglanilla en 20 de mayo de 1928. Fuente: Fondo Fotográfico Escobar

De estas vicisitudes de Minglanilla, nos habla Jose Luis Borja Chavarrías, investigador y divulgador local, quien, abriendo las puertas de su casa, nos recuerda los numerosos comercios que había a mitad del siglo XX en Minglanilla, y la gran industria que otorgó su fama y su identidad. Y es que “en medio de la poca fertilidad de su dilatado término, se encuentra en él una de las fuentes de riqueza más inagotable; ésta es las famosas minas de sal, que llevan el nombre del pueblo, y que son tan conocidas”  como define el Diccionario Geográfico de Madoz (1845-50). Y es que el pueblo no puede comprenderse sin sus minas de sal. Sal gema, denominada halita, cuyo aprovechamiento, como nos cuenta José Luis se remonta en los siglos y escribe una de las partes fundamentales de su historia. 

Pero antes de adentrarnos en la influencia de la sal en el devenir del pueblo y de sus gentes, nos adentraremos por la boca de su mina, abierta como un agujero al centro de la tierra en el paraje de la Rambla Salá, ya en el actual término de La Pesquera. ¿Cuándo se abrió? Nadie lo sabe. Pero la sal brota, por efecto de la densidad, de las lejanas profundidades de la tierra hasta alcanzar la superficie y formar un domo salino. Su mejor descripción la hicieron, a mitad del siglo XIX, Jose Mª. Quadrado y Vicente de la Fuente en su trabajo “Guadalajara y Cuenca”:  “la boca de la mina se encuentra en un barranco a dos kilómetros del pueblo y se baja a ella por una escalera de 206 peldaños, llamada El Caracol. La galería principal. a 40 metros de profundidad, tiene una extensión de unos mil metros y está sontenida por pilares de la misma sal que se dejan en el centro y en los huecos laterales. Al final de la galería se halla el charco, por hundimiento del terreno, en una extensión de 300 metros por 60 de ancho”. Mina de sal: cielo blanco en el vientre de la tierra, brillo cristalino en la más subterránea oscuridad, tesoro mágico escondido bajo nuestro caminar.

Fotografía de la mina de la sal de Minglanilla en 1928. Fuente: Archivo de la Imagen de Castilla - La Mancha, Fondo Fotográfico Escobar

El bulto blanco, domo salino, que abre la arcilla roja en medio de los bermellones campos era el mayor bien de Minglanilla y su comarca. Su explotación de las piedras de sal gema parece ser que se remonta a época romana como atestiguan los estudios pero, sin embargo, no es hasta 1394 cuando quedan documentadas las  “salinas de la cueva de la sal”, y, especialmente, ya en el siglo XVI con los documentos de las Relaciones Topográficas de Felipe II y en la monografía sobre la sal Commentariorum de sale libri quinque de Bernardino Gómez Miedes (4). 

Actualmente, la información más detallada la encontramos en la “La explotación de la sal en el Sistema Ibérico Central durante el siglo I d.C” de Jonatan Terán Manrique. En su exhaustivo estudio sobre las minas de sal navegamos en el tiempo para comprender la importancia de la de Minglanilla. Su valor, como también nos explica José Luis, destacaba por el tamaño de sus bloques, su brillo y su transparencia; su uso, entre otros, más requerido radicaba como piedras de sal para la ganadería, principal motor socioeconómico castellano durante siglos. Durante el siglo XVIII y parte del XIX se detalla su funcionamiento asociado al Real Salero que formaba parte del Estado, y que representaba el único y principal comercio para el pueblo. Durante la primera guerra carlista, parte de la mina fue demolida, y a finales del siglo XIX, en marzo de 1889, se entregó a manos privadas. Finalmente, el siglo XX, supone el final de la mina tras varias décadas de explotaciones privadas intermitentes y en 1966 se cierra finalmente. Hoy, la memoria de las calles de Minglanilla aún habla de ella en su Plaza del Salero y el blanco edificio donde estuvo el almacén de la sal.

Y, es que este rincón de la Manchuela conquense engaña a quien lo mira. Y quien solo ve un aparente seco paisaje, no comprende que es aquí el agua el verdadero protagonista. Y no solo por su río Cabriel con sus espejos de ojos de águila y sus aguas puras y vírgenes, sino porque aquí entre Minglanilla y La Pesquera, en el entorno donde se encuentra la impertérrita mina de sal, se abre un paisaje diseñado y labrado por el reposar y el rodar el agua. Coloreadas e irisadas cárcavas que varían del amarillo limón al rojo cinabrio, pasando por morados, verdes oxidados, naranjas y blancos. Tierra que un día fue mar para luego ser esculpida con la lluvia. Entre sus cárcavas agrietadas, como cicatrices, además del afloramiento de halita, encontramos cuarzos rojos, yesos, jacintos de Compostela y el singular aragonito. Por todo ello, fue declarado lugar de interés geológico en 2013 (LIG IB084). 

El aragonito ha acompañado, en silencio y callado, la historia y la vida del pueblo.  El aragonito es diminuto y como nos explica Jose Luis, siempre ha pasado desapercibido. Pero esta forma cristalina, bella y geométrica, del carbonato cálcico ha atraído, durante las últimas décadas, la mirada de numerosos expertos y curiosos que han comprobado que en estas tierras arcillosas aflora en una cantidad prodigiosa y además con una belleza y finura única. De nuevo, la naturaleza vuelve a asombrarnos para recordarnos que no es lo mismo mirar que observar.

Paisaje de coloreadas cárcavas de alto valor geológico y mineralógico. Fuente: Autor

De todo ello nos habla Jose Luis, quien nos ha recibido en su antigua relojería, para sumergirnos en las ruedas que mueven las agujas de la historia de Minglanilla. El minutero no cesa y de vez en cuando, uno de sus relojes marca la hora. Y, de repente, es como si dentro de cada paisaje, de cada pueblo, como de cada reloj, hay una historia que no cesa ni para. En este caso entre el rojo bermellón de la arcilla, donde hoy vemos crecer olivos, almendros y viñas, hay huellas y rastros de otros tiempos donde hubo mares de corales, un mundo subterráneo cubierto de brillante y poderosa sal, y sueños de generaciones que se quedaron por cumplir. 

Aún hoy, son la sal y los aragonitos los protagonistas de esta tierra, que convierten a este paisaje en un lugar único en el mundo. El primero propició los asentamientos humanos iniciales en este territorio; el segundo abre nuevas oportunidades en el futuro. Con ellos viaja el pueblo de Minglanilla. 

(1) Relaciones Topográficas de Felipe II (1576)
(2) La palabra “minglano” no aparece registrada en el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española (RAE) pero en diferentes zonas de España aparece referida popularmente al árbol del granado. 
(3) Los censos de Minglanilla son los siguientes. 
– Según el Censo Real de Castilla, en 1591 la villa contaba con 160 vecinos (159 pecheros y un hidalgo), lo que equivale a una población de 600 habitantes. 
– En el Catastro de Ensenada de 1752, los vecinos eran 339 (1500 habitantes aproximadamente) y estaban compuesto de 2 del estado noble y 151 pecheros, de los cuales 94 eran jornaleros, 6 pobres de solemnidad, 46 viudas y 22 pobres, a los que se añadían 18 menores bajo tutela. En el censo de 1787 tenía 1621 habitantes: un cura, un teniente de cura, un sacristán, 3 ordenados a título de patrimonio, 4 ordenados de menores, un escribano, 2 estudiantes, 52 labradores, 231 jornaleros, 7 comerciantes, 62 artesanos, 34 criados, 15 empleados de sueldo real, un dependiente de Inquisición y 1.206 que son menores, 56 pobres y personas sin oficio. 
– Y en el siglo XIX, en el Diccionario Geográfico de Madoz, 495 vecinos, 1.948 almas. 
(4) Las Relaciones Topográficas mencionan que “Hay salinas de piedra de S. M.” y en 1579 “Es la mejor sal. (…) Se extraen bloques de sal del tamaño de grandes piedras especulares, que destacan por una dureza y solidez tal, que pueden ser pulidas y aplicadas a los edificios y con ellas esculpir efigies y figuras variadas de objetos.

BIBLIOGRAFÍA

  • https://minglanillaconhistoria.wordpress.com/2026/05/11/la-sal-que-hizo-un-territorio-minglanilla-la-pesquera-y-el-paso-del-estado-al-capital/
  • https://minglanillaconhistoria.wordpress.com/2025/07/24/la-halita-de-minglanilla-la-pesquera-sal-de-historia-geologica-y-humana/
  • https://minglanillaconhistoria.wordpress.com/2025/11/29/iniesta-y-minglanilla-el-despertar-de-una-villa/
  • Altimir, J. (1946). Catálogo de las fábricas de sal. Madrid: Ministerio de Hacienda. [Consultar en bibliotecas o hemerotecas]
  • Archivo Municipal de Minglanilla, pleito de 1726-1727. [Archivo físico, consultar en el Ayuntamiento de Minglanilla]
  • Altimir, J. (1946), pp. 50-51. [Como en el catálogo citado arriba]
  • “Plano de la zona de consumo de las minas de sal de Minglanilla” (1885). Todocolección.
  • Cadena SER, “Recuperación de la Rambla Salá”
  • De La Rosa Ferrer, Ignacio. Referencia al documento de 1394 donde aparece la expresión “salines de la coua de la sal”, citada en Iniesta en el siglo XV, que confirma la existencia medieval y el carácter subterráneo de la cueva de sal de Minglanilla.
  • Relacione Topográficas de Felipe II (1576)
  • Catastro de la Ensenada (1752)
  • Diccionario Geográfico de Madoz (1845-1850)
  • «Explotación De La Sal, vías De comunicación Y Territorio Durante La Edad Del Hierro En El Entorno Del río Cabriel». SPAL – Revista De Prehistoria Y Arqueología, n.º 29.2 (septiembre):31-48.
  • Terán Manrique, J. (2019). LA PRODUCCIÓN DE SAL EN LA PREHISTORIA EUROPEA Y DE LA PENÍNSULA IBÉRICA: PERSPECTIVAS GLOBALES, PROBLEMAS LOCALES. Salt production in European and Iberian Prehistory: global outlook, local issues. EXPLOTACIÓN HISTÓRICA DE LA SAL. NUEVAS INVESTIGACIONES. AYARZAGÜENA SANZ, M.; LÓPEZ CIDAD, J.F. y VALIENTE CÁNOVAS, S. (Eds).
  • Bowles, G. (1775). Introducción a la Historia Natural y a la Geografía Física de España. Imprenta de D. Francisco Manuel de Mena. Madrid, 529 págs.
  • Calderón, S. (1910). Los Minerales de España. Pub: Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Madrid, 2 vol.
  • Castro, P. (1919) Los Aragonitos de España. Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, Madrid. 112 págs.
  • Galán, E., López, F., Doval, M. y La Iglesia, A. (1974). Caracterización de minerales típicos españoles. I. El aragonito. Estudios Geológicos, 30, 471-479)
  • Hernando, S. (1977). Aspectos paleogeográficos del «Keuper» en el borde SW de la Rama Castellana de la Cordillera Ibérica (Provincias de Segovia, Soria y Guadalajara). Cuadernos de Geología Ibérica, 4, 385-398.
  • Jiménez, R., Calvo, M., Martínez, M.A. y Gorgues, R. (2005). Aragonitos del Triásico Español. Bocamina,16, 28-93.
  • Jiménez, R.; Calvo, M.; Martínez, M.A.; Gorgues, R. (2005). Yacimientos de aragonito del Triásico español. Bocamina, 16, 28-93.
  • Marfil, R (1970). Estudio petrogenético del keuper en el sector meridional de la Cordillera Ibérica. Estudios Geológicos, 26, 113-161.
Este reportaje forma parte del proyecto “La memoria entre minerales: la mina de sal y el aragonito en el patrimonio cultural de Minglanilla” el cual se encuentra enmarcado en la SUBVENCIONES PARA LA RECUPERACIÓN DEL PATRIMONIO INTANGIBLE DE LOS MUNICIPIOS Y ENTIDADES LOCALES DE LA PROVINCIA DE CUENCA EN EL AÑO 2026, convocada por la Diputación de Cuenca, que solicita el Ayuntamiento de Minglanilla.
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