Bomarzo es un borgo oscuro clavado en la cima de una colina umbrosa del Lacio, en el valle del Tíber. Ahí el Palacio Orsini se asoma a un agreste valle. Y aquí El Sacro Bosco: el parque de los monstruos.
Cuando el condotiero y jorobado Pier Francesco Orsini, duque de Bomarzo, que estaba al servicio del Estado Pontificio del reino de Nápoles de Aragón, dejó las armas en 1550, se retiró a Bomarzo, a unos noventa kilómetros de Roma, en la región de Viterbo. Al poco murió su mujer Giulia Farnese, también amante del poderoso Papa Alejandro VI, uno de los Borgia. No pudo soportar su muerte. Ya indiferente al poder, entristecido y aún enamorado, mandó construir un enigmático jardín en un terreno irregular deformado geológicamente por la piedra volcánica peperino. Con la ayuda de su sobrino Fulvio Orsini, transformo las rocas en colosales esculturas que eran reflejo de sus obsesiones: deformidad, tristeza y amargura.
El parque se inició en 1541 y se terminó en 1564. Con el tiempo, la vegetación ha ido invadiendo poco a poco las estatuas de manera salvaje y desordenada. Las amorfas rocas fueron el material artístico de su perturbada imaginación. Es una fantasía pétrea de enormes animales fantásticos, esfinges, personajes míticos basados en las gárgolas y criaturas grotescas de las catedrales medievales. Emergen cómplices del terreno materializadas en sus pesadillas.
En estas inmensas moles de piedra está narrada y condensada la atormentada vida interior de su dueño. Es un paraje mágico.
En el Parque Natural de la Serranía de Cuenca, otro bosque, de especial orografía, entre pinos, endrinos, sabinas y majuelos, la caprichosa naturaleza, por la erosión y disolución de la roca caliza, del agua, el hielo, y el viento ha esculpido en formas caprichosas las rocas calizas. Es el laberinto geológico de la Ciudad Encantada de Cuenca. Estas formas de piedra que descansan dormidas en el tiempo sugieren y despiertan la imaginación.
Para el arquitecto e historiador Rodrigo de luz Lamarca hay una indudable afinidad entre el laberíntico parque de los Orsini y el paraje natural de la Ciudad Encantada.
La familia Orsini estaba bien relacionada con el Vaticano y con las Casas nobles italianas y éstas con la importante curia de la catedral conquense. Bien pudo ser que el señor de Bomarzo, contemporáneo de Juan de Valdés, hiciera un viaje a España para conocer ciertos saberes esotéricos de las Iglesias castellanas. La relación del parque con este paraje de Cuenca pudo venir a través del humanista conquense y heterodoxo Juan de Valdés, amigo de Erasmo de Rotterdam. Y también a través de la curia romana, muy relacionada con la catedral de Cuenca.
En España, Juan de Valdés fue acusado de herejía, se le abrió un proceso inquisitorial, y antes de huir a Roma, sabedor del peligro que corría en España, busco seguridad en Cuenca con alguno de sus hermanos para recluirse discretamente en Cuenca. Y escapó.
Ya en la Corte de los Médici en Roma, fue protegido por Papa Clemente VII, del que era su camarero secreto y también agente del Emperador Carlos V. De él se decía que era Gentilhuomo di espada y capa. Luego pasó a Nápoles, y allí continuó con sus funciones políticas y humanistas, siempre vinculado a un grupo como guía espiritual de personas nobles e ilustres. Entre ellos su amada discípula Julia Gonzaga, una mujer de aristocrática belleza. Valdés era ya un humanista muy respetado. Sus ideas tuvieron eco en los palacios de los magnates y pronto empezaron a expandirse, llegando incluso a Viterbo cerca de Bomarzo. Inmerso en intrigas mundanas y políticas, fue nombrado veedor de castillos de Nápoles, un cargo administrativo, una suerte de inspector.
El padre de Juan de Valdés había sido corregidor de Cuenca, de familia de judíos conversos, algunos quemados en la hoguera. En la hoz de Valdecabras, no lejos del yacimiento prehistórico, Juan de Valdés pasó parte de su infancia en una propiedad familiar muy cerca de la Ciudad Encantada. En el caserío de Verdelpino, la pequeña torre de la iglesia, recuerda curiosamente a la de la Iglesia del Salvador de Cuenca en cuya plaza vivieron los Valdés, en la actualidad la casa parroquial de El Salvador. Tuvo que conocer el paraje de la ciudad encantada. El Parque de los Monstruos podría ser fruto de las sugerencias de Juan de Valdés al duque de Bomarzo y a su sobrino Fulvio Orsini. Murió en Nápoles en 1541. El parque de los monstruos estaba terminado en 1564.
Una de las esculturas del Parque de Bomarzo es una tortuga, en cuya concha hay un jarrón, invertido, una esfera y sobre esta una figura femenina. Los ropajes de la mujer al vuelo contrastan con la lentitud de la tortuga, que recuerda el proverbio renacentista apresúrate despacio que citaba Erasmo de Rotterdam.
La tortuga aparece constantemente en diferentes elementos de la catedral de Cuenca. En los arcos de la girola levantada en el Renacimiento por iniciativa de los papas y cardenales de la curia romana de la época.
Escribió García Lorca:
¿Te gustó la ciudad que gota a gota
labró el agua en el centro de los pinos?
¿Viste sueños y rostros y caminos
y muros de dolor que el aire azota?