Almodóvar del Pinar llama la atención. Para ser un pueblo tan pequeño destaca por su gran personalidad, cuajada en poco más de tres calles paralelas y emblemáticas. Y en esas tres calles anchas, rectas y luminosas, como una columna vertebral, se condensa la esencia de Almodóvar. Resaltan sus edificios de dos plantas, de sencilla armonía, muchas portadas de piedra labrada, esquinas y muros de sillería, buenas rejas, balconadas y tambanillos de madera. Blancas casas de señor a las que le han encalado hasta los sillares y los escudos.
La calle del Crucero arranca de la Plaza, el corazón del pueblo. Aquí luce la iglesia parroquial su hermosa y esbelta torre y una preciosa cúpula octogonal sobre el crucero, el ayuntamiento levantado sobre el solar del viejo concejo y su pósito, una casa llamada el Palacio y el pósito del Monte de Piedad.
Se inicia la calle Larga a los pies de un retablo pétreo de artificios barrocos, la más monumental portada de Almodóvar: la ermita de San Vicente Ferrer.
Y la calle Nueva, donde vivió, como señala su escudo, un familiar de la Inquisición.
Otras tan expresivas como las de Castillejos, del Palacio o del Hospital. Las ermitas de la Virgen de las Nieves y de San Antón. Todo ello nos habla de un pasado floreciente.
Está claro que, sin conocer nada de la historia del pueblo, cualquiera puede deducir que aquí hubo en algún momento una gran prosperidad, muy superior a la de los pueblos inmediatos. Ningún otro ofrece tantos edificios laicos y religiosos de esta categoría. ¿Cuándo y cómo fue eso?
A muchos nos sonaba que Almodóvar fue pueblo de carreteros, pero ignorábamos hasta qué punto lo que vemos y lo que es Almodóvar se debe a aquel oficio. Y es que no fueron cuatro vecinos que se dedicaran a portear esporádicamente con sus carretas y bueyes, sino verdaderos empresarios que montaban flotas de transporte con criados especializados y que firmaban contratos de tú a tú con la Corona y con ricos comerciantes. Realmente fue una epopeya económica y social la que aquí tuvo lugar.
Los historiadores nos hablan de que al final del siglo XVI ya opera de manera importante la carretería en Almodóvar. Esta actividad crece en el siglo XVII, en el XVIII llega a su cénit y a principios del XIX se disuelve.
El caso de Almodóvar es extraordinario. Precisamente cuando la crisis lanera iba a darle la puntilla a la próspera economía secular castellana y conquense, ¿cómo pudo surgir y mantenerse durante siglos, aquí y sólo aquí, una cabaña carretera de tal envergadura? Es realmente asombroso. Tuvo que haber una conjunción de personas y circunstancias que hoy nos cuesta imaginar. Aunque ubicado entre Serranía y Mancha, entre Centro y Levante, se trata de una zona bastante apartada en el interior de la Península, en un territorio deprimido. El término de Almodóvar es montuoso, abundante en pastos y pinos, pero escaso en tierra de labor. La fortuna de Almodóvar no brotó de sus tierras sino, como un torrente de sangre y esfuerzo, del coraje de sus gentes.
La carretería tuvo tanta importancia en España que ya los RRCC crearon una institución que, a imagen y semejanza de la Mesta, defendía y organizaba el transporte terrestre: la Junta y Hermandad de la Cabaña Real de Carreteros, Trajineros, Cabañiles y sus Derramas. Largo nombre para largos caminos. La Corona adoptó esta actividad como prioritaria con el objeto de proveer satisfactoriamente a la corte, al ejército y al resto del reino. Gozaban de grandes privilegios. Podían transitar sin problema por cualquier camino, pastar y abrevar en terrenos comunales de cualquier término municipal de España, cortar madera para el arreglo de las carretas, estar exentos de impuestos o del servicio militar.
Cuatro grandes agrupaciones conformaban la Cabaña Real del Reino: La Hermandad de Carreteros Granada-Murcia, la Junta y Hermandad Burgos-Soria, la Asociación Sexmera de Navarredonda de la Sierra en Ávila y la Real Asociación de Carreteros de Almodóvar del Pinar.
Los datos recogidos en el Catastro de la Ensenada y otros documentos son apabullantes: En 1752 Almodóvar, con 430 vecinos, dispone de una Cabaña Real de Carretas con 1.000 pares de bueyes y dos Cabañiles de mulas con 105 mulas cada una. Aquí estaban los carreteros más importantes de España por número de carretas y animales. Además hace constar 121 mulas y 2.618 bueyes que comparten labor y carretería. Los carreteros iban en caravanas de unas 30 carretas de bueyes con sus correspondientes cuadrillas. Cada cuadrilla se componía de unas seis personas dirigidas por un mayoral a caballo: un aperador o capataz con su ayudante, dos o tres gañanes y un boyero que se encargaba de apacentar los animales sueltos en los trayectos y en los descansos. En cada caravana de 30 carretas iban unos 80 ó 90 bueyes que se turnaban o suplían bajas. Acompañaban también algunos burros para víveres y, cómo no, perros. Sería ensordecedor el ruido que producían tantas ruedas de recia madera por aquellos caminos pedregosos.
Los empresarios carreteros conformaban una especie de burguesía rural de alto poder adquisitivo. Entre ellos varios clérigos y dos de los tres notarios de Almodóvar. El negocio era sustancioso. Ello les permitía también comprar casas, tierras y ganados.
La Cabaña Real de Carreteros de Almodóvar tuvo una relación privilegiada con la Corona contratando en exclusiva el transporte del mercurio de Almadén a Sevilla. El mercurio o azogue, como le llamaban en aquel tiempo, era un mineral imprescindible en la extracción de la plata en las minas de Méjico o Perú. De vuelta, en Sevilla cargaban aceite, vino y productos llegados de las Indias como cacao, azúcar, canela o pieles de Argentina.
Se estima que hay dos periodos históricos bien definidos en el trajinar de Almodóvar. Uno a lo largo del XVII con suministros mayoritariamente a particulares, sobre todo de madera y cubas, lana, barrilla, sal y cereales. Y otro desde 1680 hasta 1805 en el que se trabaja especialmente para la Corona con azogue de Almadén, carbón de Cuenca y plomo de Linares. En agradecimiento, el rey concedió a Almodóvar valiosos privilegios para pastar en el Valle de Alcudia.
Madrid era el destino más frecuente. Especialmente con carbón vegetal de nuestros carrascales y la madera de nuestros pinos. Cuando arde el viejo Alcázar y se inician las obras del actual Palacio Real mucha madera es llevada desde aquí.
La lana era conducida por los almodovareños a los puertos levantinos de Alicante y Cartagena y regresaban con barrilla para los jaboneros, especialmente los de Ocaña, y para los vidrieros. A Valencia acarreaban trigo o madera y se volvían con pescado, arroz o mármol.
Transportaron más al Mediterráneo en el siglo XVII, y más al Atlántico en el XVIII .
Mientras Cuenca y Castilla se hundían, Almodóvar gracias también a las guerras con Cataluña y Portugal en el siglo XVII y a la de Sucesión en el XVIII se enriquece y aumenta de población. El abastecimiento de grano y otros víveres a las tropas en tales circunstancias fue un capítulo importante de la épica almodovareña. Entre finales del XVI y principios del XVIII se duplica la población mientras en el resto de la región se recorta más de un quinto. De 89 vecinos de 1487 pasa a 430 en 1752.
Salían con frecuencia las carretas de Almodóvar a coger el camino real de Madrid-Valencia en Buenache de Alarcón. El primer pueblo por el que pasaban, tras cruzar la dehesa de Navodres, era Barchín del Hoyo. Navodres fue escenario de conflictos entre los carreteros de Almodóvar y los barchineros. Estos no estaban muy de acuerdo que aquellos pastasen en su dehesa. Tras detenciones y multas sufridas por los de Almodóvar a manos de las autoridades de Barchín, la Justicia real resolvió a favor de los carreteros, quienes pudieron transitar ya sin problemas. Los pastos y la madera de los montes era primordial en tránsito para mantener un número tan alto de animales y carretas.
Algo ocurrió, no se sabe si fue la peste bovina o algún otro motivo, el caso es que una gran mortandad de bueyes sobrevino a finales del siglo XVIII. La Cabaña almodovareña ya no dispone del número de animales que exige el contrato, así que Almadén se tiene que buscar otros transportistas. Es el principio del fin. En el siglo XIX se desploma definitivamente la carretería en toda España y es suprimida la institución de las Cabañas Reales con sus correspondientes privilegios. En el siglo XIX también decae el poder de la Iglesia que tanto lo ostentó en Almodóvar. Las desamortizaciones privatizan sus tierras de labor que suponían la mitad de las de todo el término y se suprimen los diezmos y primicias, las capellanías y otras fundaciones de los que eran beneficiarios. Almodóvar ha pasado a la historia. De 430 vecinos en 1752 queda reducido a 188 en 1860.
El hecho de viajar por tierras distantes tuvo que dejar huella no sólo en el patrimonio arquitectónico civil y religioso, sino en lo más profundo del alma de sus gentes trajinantes. La mayor parte de nuestros pueblos estaban encerrados sobre sí mismos. Ir al de al lado era ya una aventura. Muchos almodovareños se pasaban la mayor parte del año por caminos y carriles lejanos. La mentalidad tendría que ser más abierta. Sobrellevar días y noches en mil lugares. Oir tantos acentos diferentes y observar otras costumbres no puede dejar a nadie indiferente. ¿Tendría que ver algo con esto que Almodóvar llegara a ser la población del contorno con más procesos abiertos por la Inquisición? Más incluso que Motilla, más del doble que Campillo. Unos 100. En Monteagudo, Solera o Gabaldón, los pueblos más inmediatos, no se abrió ni uno solo.
Aquellos siglos de prosperidad, impresos para el futuro en sus casas, plazas y templos, merecen memoria y celebración. En Castilla y León se han creado iniciativas privadas y públicas que mantienen vivo el recuerdo de su patrimonio carretero que no era superior al nuestro. ¿Por qué no Almodóvar? Y no es sólo una cuestión de Almodóvar. Es un patrimonio de todos los conquenses que lo vivimos como propio y por supuesto de toda la Comunidad Autónoma, porque Almodóvar fue un caso único en nuestra región.
El patrimonio histórico y cultural que se puede recuperar a través de la memoria de la carretería en Cuenca puede tener una larga y profunda proyección. Se merece un museo, festejos populares, recreaciones históricas, documentales, rutas de senderismo sobre trayectos carreteros por parajes imprescindibles….. Habría que relacionarla con las numerosas actividades asociadas. Con las carboneras y la explotación maderera de Almodóvar y del resto de la Serranía, con la lana y la ganadería ovina, con las salinas de Monteagudo, con las caleras, con los hornos de yeso y de pez, todas ellas generadoras de productos que los almodovareños exportaban.
BIBLIOGRAFÍA:
- Almodóvar del Pinar: El pueblo de las carretas. José Luis López Gascón. Ayuntamiento de Almodóvar y Diputación Provincial de Cuenca. Cuenca,2002
- Cuadernos de historia moderna. Nº 48. La carretería, una actividad rural en la Castilla moderna. El caso de Almodóvar del Pinar en los siglos XVII y XVIII. Patrice Poujade. https://dx.doi.org/10.5209/chmo.80712
- Historia de Covaleda. https://historiadecovaleda.wordpress.com/2013/10/14/comercio-de-madera-y-carreteria-en-los-pinares-de-soria-burgos-siglos-xiii-xviii-ii/
- Arrieros y carreteros. Angel Hernández Sobrino.
- Almodóvar del Pinar. Manuel Navarro Serrano. Cuenca. 2001.
- Catastro de Ensenada.https://pares.mcu.es/Catastro/
- Biblioteca Digital Hispánica. BNE. http://bdh.bne.es/bnesearch/detalle/bdh0000134859
- Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Tomo II. Madrid. 1845.
