Otro día caluroso de esta canícula interminable. Otro día en el que el primer gesto es apagar ese ventilador que ha tenido que estar funcionando toda la noche para poder conciliar el sueño. ¡Qué lejos queda aquel “Agosto, frío en rostro”! Los viejos del pueblo recuerdan cómo llovía en la segunda quincena de este mes. Pero ya no. Y, al encender la radio con el primer café, los titulares se repiten, como copiados de la semana pasada, y también de la anterior: los incendios asolan el noroeste de la península.
Tertulianos de televisión y barra de bar coinciden en sus diagnósticos: hay mucho combustible seco en nuestros montes, tenemos que dirigir nuestra sociedad hacia una gestión forestal sostenible. Sin embargo, el verano da paso al otoño y los humos se extinguen, así como los buenos propósitos. Las ideas de cambio permanecen, como los bosques, en forma de ceniza.
Si bien la Serranía de Cuenca pudo sobrevivir a lo ocurrido en el verano de 2025, no está libre de este peligro. La subida de las temperaturas y extensión de la sequía fruto del cambio climático, y la menor gestión y vigía de los montes debido a la despoblación son, sin duda, un cóctel explosivo. Si bien mitigar las emisiones de GEI parece una tarea hercúlea para una región tan pequeña, sí podemos establecer estrategias de adaptación al cambio climático. Y, como aquellos tertulianos, todos sabemos que hay que hacer: gestionar nuestros bosques. Y no hay mayor medida de prevención que el fomento de la ganadería extensiva, pieza fundamental de la economía serrana hasta apenas unas décadas. Para ello necesitamos gente que quiera interesarse. Y para esto, a su vez, que esta actividad económica sea viable y atractiva.
La ganadería extensiva como solución
Los servicios ecosistémicos que ofrece la ganadería extensiva son muy amplios, aunque podrían destacarse la prevención de incendios forestales, la mejora de la calidad de las aguas, el aprovechamiento de los pastos y la obtención de alimentos seguros y más saludables.
Sobre la prevención de incendios, el asunto está claro. El pastoreo reduce gran cantidad del potencial combustible, principalmente hierbas y especies arbustivas, como romeros, tomillos o aliagas. Esto frena la extensión y rapidez de un incendio forestal.
Respecto a la mejora de la calidad de las aguas, se debe a la necesaria reconversión del sector abandonando la producción ganadera industrial, la cual ocasiona graves problemas de cantidad y calidad del agua. Sólo cabe consultar fuentes como el Informe elaborado por Pueblos Vivos Cuenca o la investigación de SOS Acuíferos llevada a cabo por Greenpeace.
Respecto a las últimas dos razones, es sabido que los rumiantes son capaces de procesar el pasto disponible, cosa que el ser humano no es capaz de realizar. Así, mediante su pastoreo somos capaces de aprovechar esa energía disponible en nuestro entorno. Por último, el pastoreo en extensivo evita la proliferación de enfermedades en los animales, aportando, por tanto, seguridad y calidad al alimento.
Clave de presente y futuro: la inmigración
Desde los años sesenta del siglo pasado la actividad pastoril no cesa de descender en la serranía conquense. Pocos son los que continuaron legados familiares que pueden remontarse milenios. Según el Censo Agrario del año 2020 hay un total de 161.614 cabezas de ganado ovino y caprino en la Serranía de Cuenca, repartidas en 281 explotaciones. Lejos quedan aquellas 660.000 cabezas sólo de ganado trashumante que contaba el partido de Cuenca en el año 1528.
Y si aún perviven esos más de 160.000 animales es gracias a un sector de la población que aporta esperanza a este sector: los inmigrantes.
En general, abunda la población inmigrante de origen africano y del este de Europa en cuanto a la inclinación por el pastoreo. Tomando datos oficiales de la provincia de Cuenca del año 2024 elaborados por el Observatorio de las Ocupaciones a través del Informe del Mercado del Trabajo de Personas Extranjeras, ocho de cada diez personas contratadas en el sector de la “agricultura, ganadería, caza y servicios relacionados” son extranjeras. En concreto, en 2024 había 10.862 personas extranjeras contratadas, lo que supone un 79,85% del total. Centrándonos en peones agropecuarios y ganaderos, encontramos 986 del primer caso (siendo un 68,05% de origen extranjero) y 224 en el segundo (72,96% extranjeros). A pesar de ser datos de toda la provincia, son extrapolables a la realidad de la Serranía, pues el sector sobrevive gracias el trabajo de población extranjera, como es el caso de Lucian Florin Padure, pastor de origen rumano que dirige una explotación ovina con casi un millar de cabezas en Torrecilla, en el municipio de Sotorribas. Su caso refleja bien los cambios que se han producido en esta labor, pues sus tres hermanos también se dedican al oficio, regentando sus propios ganados en Cuenca y Fuentes.
El 40% de los nuevos contratos realizados en 2024 a personas de origen extranjero son en el sector primario, suponiendo actualmente un 53,8% del total de afiliados al Sistema Especial Agrario en la Seguridad Social. Destacan como países de origen Rumanía y Marruecos.
Desde que se implantara la Ley frente a la despoblación en Castilla-La Mancha, 5.794 personas han decidido trasladarse a vivir a zonas afectadas por la despoblación de la provincia de Cuenca. La mayoría de ellas extranjeras. Son, sin duda, el futuro de nuestros pueblos.
Pero, ¿por qué esta inclinación por la inmigración? Muchos son los factores que pueden influir, como la estructura demográfica o el perfil de estudios. Pero, ante todo, se debe a las condiciones y esfuerzo que implican estos trabajos.
Cambiar el paradigma para salvar nuestros montes
Hay ciertos sectores en los que la explotación laboral parece aceptada. Si la hostelería destaca por ser uno de ellos, la ganadería no se queda atrás. “Los animales no se toman días de descanso” es una frase que se repite al sacar el tema. Y he aquí el reto: encontrar el equilibrio entre el fomento del pastoreo extensivo y la salvaguarda de los derechos laborales de los pastores. Así seguro que podrá asegurarse su futuro.
Por otro lado, debe fomentarse el acceso a pequeños rebaños y naves para que nuevos pastores, sin necesidad de formar parte de un legado familiar, puedan acceder al sector. Debería asegurarse un acceso universal a un ganado nicho con el que empezar.
Además, debe mejorarse la inclusión de la tecnología en el pastoreo. Cercados eléctricos, Sistemas de Información Geográfica, sensores, collares de geolocalización o, incluso, el uso de drones, puede facilitar enormemente la tarea, suavizando las trabajosas jornadas laborales.
Todo ello unido a una mayor formación. Aquí, sin duda, destaca la iniciativa de la Escuela de Pastores de Castilla-La Mancha, que ha formado a más de 200 nuevos pastores que buscan empleo en este sector en la región. En concreto, tomando datos de 2024, 50 personas buscaban transformarse en pastores en la provincia de Cuenca, la mayoría de ellos de origen extranjero. En palabras de su coordinador, Pedro Luna Campos, “gente con una mano delante y otra detrás con ganas de trabajar”. A fin de cuentas, este programa formativo pretende impulsar el relevo generacional en la ganadería, asentando población en zonas rurales escasamente pobladas, como es el caso de la Serranía de Cuenca.
Esperemos que el nuevo Plan Estratégico de Ganadería Extensiva de Castilla-La Mancha que ultima la JCCM incluya estos objetivos.
Innovación ante el entumecimiento
Pero no sólo se trata de hablar del futuro. También del presente. Ese presente valiente e innovador que marca el camino.
Varios son los ejemplos que se aglutinan en nuestros montes de la Serranía de Cuenca. Desde los pocos trashumantes que con tesón se afanan en mantener viva esta tradición milenaria a los que introducen nuevas especies adaptadas al entorno o promueven proyectos diferenciales que aportan valor añadido.
Entre los trashumantes son varios los que cruzan hoy nuestros montes. La ganadería de Alicia Chico entrando desde Albarracín, los hermanos Cardo desde la Vega del Codorno o las vacas de Vicente Mora desde Zafrilla son algunos de los ejemplos más llamativos.
Si nos centramos en los rebaños que aquí permanecen, sin duda la cabra es uno de los animales con mayor potencial en esta región. Tanto es así que llegó a conformarse hace apenas unos años la Asociación del Cabrito Serrano Conquense. Soledad Magán, su presidenta, pudo acercarnos mucho más a esta realidad o como, en sus palabras, “la unión hace la fuerza”, como ya contamos en el artículo Guardianes y guardianas de la cabra en extensivo.
Rodrigo González, con su propuesta de La Cabra tira al monte, ha revolucionado, sin duda, la visión sobre la elaboración de queso de cabra en la serranía.
Muchos continúan en nuestros montes con los ganados ovinos, adaptando una tradición milenaria a nuestros días, adaptando las naves e introduciendo tecnologías como el GPS, como es el caso de María Jesús Sanz Bueno, presidenta además de la Asociación del Cordero Serrano Conquense.
La existencia de iniciativas como Cárnicas Araceli en Villalba de la Sierra, que ofrecen la posibilidad de procesar y comercializar carne tanto cabritos y corderos como de caza aporta alternativas y fomenta, en última instancia, la ganadería extensiva.
Pero podemos pensar en muchas más posibilidades. Influirnos de propuestas innovadoras de otros territorios que sean viables en la Serranía de Cuenca, como la introducción de los tauros en Albarracín o caballos Przewalski en el Alto Tajo por parte de Rewilding Spain.
Incluso imaginar nuevos escenarios, inexistentes hasta la fecha. Quizás basados en soluciones de antaño. Podemos promover la instalación de ganados comunitarios, en los que cualquier persona puede apadrinar un animal y con su aporte poder asumir los gastos de los pastores y las instalaciones que el ganado necesite. Si en Oliete lo consiguieron con los olivos, por qué aquí no pudiera ser con las ovejas.
En fin, soñar es gratis. Pero sin sueños no hay futuro.

Vestal es una consultoría que apuesta por el fomento del turismo cultural en el medio rural.
Vestal busca recuperar aquellos saberes ancestrales en riesgo de desaparición, así como poner este patrimonio etnográfico al servicio de la población de una manera atractiva, sirviendo de cimiento para el turismo cultural y la repoblación rural.