Esta entrevista pertenece a la Agenda de Desarrollo Urbano y Rural (ADUR) MOLINA DE ARAGÓN-ALTO TAJO coordinado por Mota&Vignolo Arquitectos, promovido por el GDR Molina de Aragón Alto Tajo y creado por la Viceconsejería de Planificación Estratégica de la JCCM
Diego Sanz: Soy Diego Sanz, de Alustante. Soy licenciado en Historia por la Universidad de Zaragoza y Doctor en Sociología por la Complutense de Madrid. Bibliotecario, amante de los libros y de la cultura. Y lo que me une a la comarca yo creo que todo: la vida, los antepasados, los amigos, la esperanza de tener un futuro mejor y sobre todo a lo que me he dedicado en los últimos 25 años: el estudio de la historia y de la sociedad de esta tierra.
Entrevistador: En un pueblo como este, ¿qué papel juega una biblioteca?
DS: Estas bibliotecas tan pequeñas no son las típicas de prestar libros únicamente. Esto trata más de una convivencia, matar un poco la soledad, reunirse para hacer proyectos…
De aquí han salido ideas muy chulas para el pueblo en general, incluso para la comarca. Aquí hemos hecho alguna reunión interesante hablando de los temas que preocupan a la comarca.
E: Un punto de encuentro, ¿no?
DS: Exacto, se puede decir así. Una alternativa al bar, sin menospreciar su importancia.
E: ¿Y qué se necesita, o qué recursos son necesarios para que una biblioteca funcione en un pequeño pueblo?
DS: Tenemos una colección bastante actualizada. Todos los años la Junta y el Ayuntamiento —en otros años ha sido también la Diputación de Guadalajara— nos dan unos fondos con los que se va renovando la colección. Estamos al día de las lecturas. En este espacio también tenemos el punto de inclusión digital. Esta biblioteca, ha llevado muy bien la transición de lo analógico a lo a lo digital. Los primeros pasos que se dieron en el pueblo en relación a Internet se dieron aquí en esta biblioteca. Eso también ha sido un recurso importante para nosotros, para el pueblo de Alustante.
Luego también tenemos otras actividades como exposiciones, actuaciones o proyecciones, que nos hacen estar muy al día con la comunidad.
E: ¿Y qué papel crees que juega esta biblioteca también en los niños y niñas de estos pueblos?
DS: Algunas veces les recuerdo que no en todos los pueblos hay biblioteca. Algunos de estos niños prácticamente se han criado aquí. Vamos viendo cómo crecen, cómo llegan a la adolescencia y como —en muchos casos— se van. Pero yo creo que también se llevan de aquí unos valores que son la cultura y el cariño al patrimonio, al estar con otras generaciones, a convivir con ellas —que eso es muy importante— y a conocer un poco lo que es la cultura local y la cultura en general.
E: Diego, quizás eres uno de los principales testigos de lo que ha sido y está siendo el cambio de generaciones en el mundo rural y en los pueblos y cómo se han transmitido los saberes a través de estas generaciones. ¿En qué estado crees que se encuentra la cultura?
DS: Yo aquí tengo una preocupación: pienso que está habiendo una compartimentación excesiva entre generaciones. Lo que echo de menos son esos encuentros y diálogos intergeneracionales ya que eran así como se transmitían y aprendían históricamente los conocimientos tradicionales. Los niños, aunque pareciera que no se enteraban de nada, estaban con la oreja y con los ojos puestos en lo que decía el abuelo. Algunas veces, esos conocimientos parecían que llegaban de la nada, pero era fruto de fijarse entre unos y otros. Ahora mismo yo creo que ahí hay un problema. Es una cuestión general.
Actualmente se está hablando mucho de edadismo, de ese desprecio a lo que hacían y pensaban generaciones anteriores. Es en los pueblos donde deberían estar más juntas las generaciones.
E: ¿Crees que los niños y niñas de hoy en día conocen o pueden llegar a comprender los oficios y las prácticas en las que trabajaban y vivían sus abuelos?
DS: Sí, yo creo que es fácil. Sería una cuestión de proponérselo y estoy seguro que lo entenderían, por supuestísimo. Es importante que los niños sepan lo que ha habido previamente, para bien y para mal. Saber cómo en el pasado se han encontrado soluciones a problemas que han surgido. También es importante para delimitar por dónde no hay que ir. Yo creo que, en el caso de hacer actividades de este tipo, los niños lo comprenderían enseguida.
E: Has llevado a cabo el proyecto Alialdea. ¿En qué consiste esta iniciativa?
DS: Estamos empezando, está muy en ciernes. En general es un proyecto editorial que trata de recoger documentación y hacerla pública y accesible para todo el mundo. Con el tiempo, veremos los medios y lo que da de sí. Lo que tenemos claro es que este proyecto tiene que dar algo de beneficio para, entre otras cosas, tenga continuidad. Es habitual que en estos procesos de investigación, haya viajes a los archivos —tanto nacionales, regionales como provinciales— que nos gustaría que se pudieran costear ya que no suelen ser baratos.
E: Además de ser defensor de esta cultura rural, también has sido campanero, ¿no?
DS: Sí. De hecho, sigo siéndolo. Hemos recogido una serie de toques que se estaban ya prácticamente perdiendo en la comarca y pudimos ver algunos campaneros en directo todavía —ya hace bastante bastante tiempo de esto—.
Este tipo de proyectos permiten comprender cómo se organizaban las comunidades rurales y entender también que aunque muchas veces los campanarios son un símbolo de localismo, te das cuenta de que al fin y al cabo, las comarcas tenían muchísima más relación de lo que parece. Fruto de ello, se pueden observar los mismos toques que se hacían —y se hacen a día de hoy— en pueblos muy distantes entre sí. Es verdad que encuentras alguna variación. Es lógico ya que incluso en un mismo pueblo pueden haber dos campaneros y pueden tener una forma distinta de tocar entre sí aunque la base de lenguaje de las campanas sea el mismo.
E: Para quien no conozca nada de este oficio de campanero, ¿qué representaba en la sociedad?
DS: Era el medio de comunicación de masas. En otras culturas existían otros medios de comunicación, pero en estas —tanto en el medio rural como en el urbano— había un toque para cada actividad social —también religiosa por supuesto— porque en España las campanas se mantuvieron, en gran parte, en los campanarios parroquiales. Cada toque tenía una función y comunicaba un hecho que afectaba a toda la comunidad local.
E: ¿Y en qué otros pueblos o municipios se han documentado y registrado estos toques de campana?
DS: Lo pude hacer gracias a una subvención en el año 2004. Consistió en recorrer lo que es el Señorío de Molina histórico: Milmarcos, Tortuera, Tartanedo, Taravilla, Alcoroches, Morenilla… Nos recorrimos muchos pueblos y pudimos ver a los campaneros —que todavía quedaban, que ya eran algunos muy mayores— trabajar in situ, ver su filosofía y sus explicaciones en torno a cada toque.
E: Además también eres profesor de la UNED en Molina de Aragón. ¿Cómo podríamos entender brevemente cuál es el marco geográfico e histórico del Señorío de Molina y Alto-Tajo?
DS: El Señorío histórico de Molina y del Alto Tajo, tiene unas fronteras muy bien definidas. Aparte tendríamos una zona más occidental que pertenecería a las tierras al norte del Tajo y al Ducado de Medinaceli y las del sur del Tajo a la antigua tierra de Cuenca. Realmente son tierras muy parecidas, con lo que está claro que hubo muchísima comunicación en el pasado entre estos territorios y que finalmente, por cuestiones administrativas, hemos acabado juntos.
Interesantes las tres tierras originales: El Ducado de Medinaceli, con una historia comunitaria interesantísima. Lo mismo para la antigua Serranía de Cuenca y el Señorío de Molina. Es importante fijarse en estas instituciones porque al fin y al cabo nos dan una idea de cómo se organizaban la vida comunitaria de todos estos pueblos no solamente a escala local sino a supramunicipal o supralocal.
E: Hoy en día se tiene que volver a hablar de cómo organizarse, sobre todo en esta comarca y en estos municipios. ¿Qué retos tienen estos pueblos de la comarca y de qué forma podrían afrontarse y organizarse?
DS: La despoblación es, ante todo, la falta de oportunidades laborales. Es verdad que aquí podemos tener servicios u otro tipo de ventajas, pero fundamentalmente, donde no hay comida es imposible vivir. Tiene que haber puestos de trabajo, eso es lo primero. Al final, donde hay demanda de puestos de trabajo, habrá gente.
Por lo tanto, el primer reto sería abrir oportunidades laborales tanto a gente joven como a gente con edad de trabajar.
Por otro lado, hay que hacer que el territorio vuelva a ser como ha sido históricamente: un espacio de transición entre la meseta, el valle del Ebro y el Levante con la meseta norte y hasta el Cantábrico.
Aquí entran en juego las vías de comunicación. Hay que pensar que, por ejemplo, la carretera N-211 es el camino más recto entre Lisboa y Barcelona. Una vez que se recuperara esa importancia viaria —que yo pienso que necesita la comarca— habría un corredor importante y, por lo tanto, una fuente de trabajo aunque nos tuviéramos que desplazar 20 o 30 minutos todos los días desde aquí o desde las sierras. Ésta sería una de las maneras de atajar la despoblación.
Otra cuestión es acabar con el sistema exclusivamente local en el que estamos encerrados que yo creo que poco a poco se está consiguiendo. Es en lo que más se está trabajando. En el pasado, aquí hubo unas poblaciones bastante numerosas. Hay que pensar que desde el siglo XIX prácticamente, se superan en algunos pueblos los mil habitantes. Incluso los más pequeños podrían llegar a los 300 o 600 habitantes. Pero poco a poco, las comunidades se van cerrando. También va decayendo la importancia de las instituciones comunitarias. Ya en el siglo XIX, las comunidades comienzan a dejar de tener funciones que unían muchísimo a las poblaciones y se concentra la atención de los pueblos en ellos mismos. Es una tendencia que, aunque parezca extraña, se ha mantenido durante mucho tiempo. Yo algunas veces me refiero a ciudades-estado de 100, 80 o 30 habitantes. Esto es lo que para mí, provoca un problema bastante importante. Pero, sin embargo, creo que se está trabajando y con el tiempo, creo que se va superando un poco.
E: Y en todo este entramado, ¿qué papel juega la cultura?
DS: Los trabajos que hemos hecho son una pequeña parte de lo que puede hacer la cultura para el territorio y se puede decir que son un reflejo para ver qué cosas se pueden desarrollar a través de la cultura en estos pueblos. Sin embargo, aunque se desarrollara un proyecto a una mayor escala y con una potencia mayor, no sería más importante que la economía, los viales para poder comunicarse, los servicios, etcétera. Pero no hay que negar que la cultura otorga una dimensión que creo que es una de las más importantes: la identidad. Identidad que, algunas veces, incluso en el diccionario de la Real Academia Española se define como con un sentido un poco peyorativo. Yo lo defino todo lo contrario: tu cultura, tus tradiciones o tus creaciones hay que ponerlas al servicio de otros, no solamente al servicio de tus convecinos o los vecinos de los pueblos cercanos sino incluso para gente que viene de fuera.
En todos estos años, he observado que los territorios que han conservado este sentimiento de pertenencia al espacio, a la cultura o a la forma de ser colectiva, los veo muchísimo más centrados, más puestos en lo que necesitan y para mí la cultura es, en buena parte, identidad.
E: ¿Se está perdiendo esta cultura identitaria?
DS: Yo creo que sí. Se ha perdido, pero hay que pensar que la despoblación ha sido una conmoción muy grande para las comunidades, tanto para las pequeñas como en el sentido más amplio. Esto ha incrementado esa compartimentación excesiva entre generaciones. Siempre les digo a mis alumnos de la UNED el ejemplo del flamenco, el cual se transmite de niños a mayores y esto está abocado irremediablemente al éxito. Aquí, por desgracia, en una tendencia general está ocurriendo todo lo contrario.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que nuestra cultura en general es bastante retraída. Somos muy tímidos a la hora de expresar nuestros propios valores y formas de ser. Yo siempre digo que somos muy celtíberos (ríe). Y esto también ocurre en una escala más amplia. Es verdad que existe esa “vergüencilla” que algunas veces nos ha hecho renegar de lo nuestro. De no atrevernos. Yo el primero. Pero hay que quitarse ese caparazón de vergüenza porque tenemos que ver que ya lo han hecho generaciones anteriores y les ha funcionado.
Un ejemplo de ello es el tema de los atavios o las vestimentas tradicionales en toda Europa, que se esperan el día de una fiesta para lucirlos. Aquí en la comarca estamos entre dos grandes sistemas identitarios: uno el aragonés y otro el alcarreño. En Aragón los hombres desempolvan las sayas y los calzones para ponérselo. En menor medida los alcarreños también lo hacen. Dicho esto, aquí hay un vacío que podría rellenarse perfectamente. De hecho, ahora mismo también estamos trabajando en este proyecto y que dice mucho de cómo hemos sido y de cómo somos.
E: ¿Hay tinta en el tintero para escribir el futuro en estos pueblos?
DS: Es una pregunta difícil.
Por una parte yo pienso que aún estamos a tiempo pero por otra parte si no se pone remedio inmediato, corre el riesgo de desaparecer. Algunas veces hablamos de la existencia de muchos proyectos y planes, que en algunas ocasiones no llegan a materializarse y en otras tampoco se ven resultados aparentes.
Lo que quiero decir es que esto es una cuestión de urgencia y, desde luego, si es verdad que las administraciones quieren que esto vaya para adelante, tienen que ponerse ya. Estamos viendo cómo personas emigradas participan de nuestra cultura enseguida, participan de nuestras formas de hacer las cosas, de valores, de formas de pensar que en seguida las captan, les gustan y yo pienso que pueden perfectamente formar parte de estos territorios.
Desde luego, como no se consigue nada es haciendo guetos. Desde mi punto de vista, debemos abris los brazos y mezclarnos. Es lo que estamos viendo nosotros en estas pequeñas escalas. Lo que hemos visto son a niños que si tu les enseñas, por ejemplo, a bandear la bandera, ellos saldrán a bandear.
Al igual que nosotros podemos recoger y enriquecernos mediante formas de pensar o de actuar que puedan ser propias de otras culturas. Esto es necesariamente un trasvase cultural permanente.
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