Hace años que venimos viviendo la peor de las incertidumbres, miedo, impotencia y muchas otras situaciones en nuestro querido México, las olas de violencia que se han suscitado últimamente no son mas que resultado de un caldo de cultivo de delincuencia organizada en todos los niveles tanto de gobierno como de nuestra sociedad en general, que ha sido al final la más perjudicada y en muchas ocasiones obligada a formar parte de estos grupos criminales.
Si pudiéramos hacer un recuento de todo lo sucedido al respecto, me parece que es tremendamente fuerte y yo creo que en realidad no tiene números solo mucho dolor y rabia.
En mi pueblo Tancítaro, que se encuentra al pie de la montaña mas alta del estado de Michoacán, hace casi dos décadas comenzamos a vivir una ola de violencia como nunca se había visto en estos lugares, quizá hace siglos se vivió algo parecido, pero en esta época no. Comenzaron los secuestros como primer paso, secuestros de personas tan conocidas como tus propios vecinos o los mismos de nuestras propias familias. Camionetas con hombres armados comenzaron a transitar por nuestras calles, primero por las noches, después se fue haciendo todo tan normal cuando estos grupos comenzaron a tomar fuerza y poder, que ya a cualquier hora del día los veíamos en cualquier calle, en cualquier callejón, en cualquier camino a nuestros ranchitos.
Las noticias comenzaban a aparecer en los periódicos, que se paraban en las esquinas gritando desgalillados, cuantos muertos habían encontrado ese día. El pánico no se hacía esperar, el ambiente en el que vivíamos en esos días era tan terrible, que muchos deseaban desaparecer y mudarse a otro lugar. Hubo quienes tenían los recursos y lo hicieron, cambiaron de residencia a otros estados, con algún familiar o conocido.
Secuestros y desaparecidos aumentaban día a día, del pueblo, las tenencias, de cada comunidad. Escuchábamos lamentarse de que en tal lugar habían levantado a dicha persona, y que le pedían cierta cantidad de dinero por el rescate, algunos regresaban cuando pagaban rescate, otros aunque se pagara nunca regresaron. Hay personas que duraron años en pagar el dinero del rescate conseguido y nunca entregaron a su familiar.
Estos grupos tenían muchas formas de conseguir dinero con nuestra sociedad, algunas de las primeras fue cobrar cuota a cada uno de los productores de aguacate, cabe mencionar que Tancítaro, es el principal productor de aguacate a nivel mundial, entonces comprendemos que si había 10,000 hectáreas de aguacate y por cada hectárea cobraban 1,000 pesos, pues hablamos de una cantidad impresionante de dinero. Además de que también cobraban en los empaques de aguacate que eran los que exportaban el producto a E.U.
Eran tiempos terribles, donde te sentías observado por alguna de estas personas, y es que de pronto ya no sabías con quien podías platicar al salir de tu casa, porque desconfiabas hasta de tu propia sombra. Hablar en secreto o no salir de tu casa parecía era lo mejor, pero de pronto tu propia casa que era tu resguardo tu lugar de seguridad se convertía en el peor lugar para estar, porque todo mundo temíamos ser secuestrados en algún momento, entonces todos lo que hicieras, o en el lugar donde estuvieras era inseguro e insuficiente.
Estos grupos cometieron muchísimos asesinatos, desde jóvenes, adultos y ancianos, hasta mujeres y jovencitas. Le quitaron la vida a uno de nuestros presidentes municipales, a un secretario del ayuntamiento, a un grupo de policías y así a varios cientos de personas.
Pero después la historia cambio de pronto, cuando pensamos que ya todo estaba perdido, y que parecía que siempre viviríamos así, en medio de esta agonía. Surgió un grupo de autodefensas en otro municipio que estaba en las mismas o peores circunstancias que nosotros, parece que el gobierno federal de ese entonces ideo esa estrategia, armar a la misma sociedad y que fuera ella misma la que se defendiera. Y así fue como un 13 de noviembre del 2016, entro ese grupo de autodefensas a nuestro municipio arrasando con todo lo que oliera a criminal, hasta llegar a la plaza principal y ocuparlo como cuartel. Era impresionante ver a esos hombres armados y decididos, haciendo limpia como vulgarmente se dice de todo lo que olía a sicario.
La paz, la alegría y la tranquilidad la volvimos a experimentar después de varios años, era notoria en todas las personas, desde los niños, hasta los mas ancianos del pueblo.
Sabemos de antemano que había quienes no recuperarían su alegría, y su vida no volvería a ser la misma, aunque las autodefensas estuvieran en nuestras calles resguardándonos. Las viudas, los huérfanos, los padres que habían perdido a sus hijos, ellos jamás volverían a ser los mismos. Su dolor estaba ahí, y nadie lo podíamos negar, muchos menos calmar.
Fue tan triste esta historia nuestra, que hoy que fue abatido el narco más buscado por México y por E. U. el clima se torna tan incierto en nuestro pueblo, un ambiente diferente a los demás días recorre nuestras calles y hogares, los recuerdos están tan presentes, vuelven a revivir como sombras en plena luz del día, y es que no es para menos creo yo, después de todo lo vivido el recuerdo es tu único amigo o enemigo.
He de reconocer que la situación actual de nuestro pueblo, dentro de todo parece tranquila, desde que hay autodefensas y que se instalaron las barricadas en cada entrada al municipio, y que es donde se cuida la entrada de posibles sicarios, todo permanece un poco más seguro. Porque si bien es cierto que siguen sucediendo situaciones de este tipo, es bien cierto lo que un día me dijo un maestro español de literatura cuando le comenté la situación de nuestro municipio y como yo creía que se habían erradicado a los grupos criminales: “Alejandro eso nunca se termina, solo va cambiando de faceta, pero sigue ahí.”
Por eso digo que MI MEXICO SIGUE ARDIENDO, y parece no hay para cuando se apague, el problema es tan profundo y fuerte, que parece muy difícil erradicarlo, se necesitan décadas para que haya una transformación, siempre y cuando se comience hoy pero con un compromiso sincero, con un cambio de conciencia, un deseo profundo y real de desear la paz y la armonía, para nuestras familias. Porque además creo que los que tenemos hijos pequeños de ninguna manera concebimos entregar o heredar un país destrozado a nuestros hijos para que ellos resuelvan lo que a nosotros adultos nos toca hacer.
Aún así en medio de esta tempestad,
en medio de estas llamas que parece nos aniquilan,
reconozco el gran país en el que me tocó nacer,
y del cual me siento tan orgulloso,
por eso lo digo, lo grito y lo comparto con ustedes,
¡VIVA MI MEXICO LINDO Y QUERIDO!