Letras “savias”: un canto a la tierra en la biblioteca rural

Letras “savias”: un canto a la tierra en la biblioteca rural

En el corazón de la literatura que resuena con el alma de nuestros pueblos y campos, encontramos publicaciones que, como árboles centenarios, arraigan en la sabiduría de la tierra. Tal es el caso de “Letras savias”, una obra que, desde su concepción, se alza como un vibrante homenaje a la naturaleza y su intrínseca relación con el ser humano. Publicada por Editorial Saure, organizadora de una bienal literaria rural que se propone crear encuentros literarios tematizados, invitando a la reflexión y la concienciación sobre nuestro entorno natural a través de la literatura.

“Letras savias” no es solo un libro, es una invitación a un viaje fascinante, según su editor “cargado de luz, ingenio y encanto”. Su contenido, que entrelaza aforismos y poemas con diversas ilustraciones, lo convierte en una pieza fundamental para actividades que buscan profundizar en el valor del espíritu del mundo natural.

Libro "Letras savias" de Lucky Books. Fuente: composición creada por Mario Rojo Valencia

El vínculo con el entorno rural es palpable desde las primeras páginas. La propia colección a la que pertenece, “Atlas sensible”, ya sugiere esa cercanía y apoyo a la comunidad, tan característica de nuestros paisajes. La temática de la bienal, la naturaleza en la literatura, se desdobla en diversas voces y perspectivas que evocan la riqueza y la fragilidad de nuestros campos.

Nos adentramos en este viaje literario con una “Bitácora de viaje” que nos introduce al “nature writing”, un género que explora la profunda relación entre humanos y naturaleza. Este género, con raíces en las tradiciones clásicas, ha evolucionado desde descripciones coloniales hasta “profundos análisis de la conexión humana con el medio ambiente”. Es un eco de las crónicas de antaño, cuando la vida en el campo dictaba el ritmo de la existencia y cada elemento natural tenía un significado trascendente. Autores como Ralph Waldo Emerson y Henry David Thoreau, con obras como Nature y Walden, redefinieron la literatura explorando la conexión espiritual e intelectual con la naturaleza. Este enfoque resuena con la sabiduría de quienes viven en contacto directo con la tierra, observando sus ciclos y sus secretos.

Las ilustraciones, protagonistas silenciosas de “Letras savias”, refuerzan aún más esta conexión rural. Victoria Medina nos invita a reflexionar sobre la creación, simbolizando la conexión entre el cielo y la tierra a través de un árbol, y el renacimiento con la flor de loto, elementos que hablan del ciclo de la vida en el campo. Ainhoa Esteban nos transporta a la Amazonía, con guacamayos rojos alimentándose de nueces, una imagen que subraya la interdependencia en los ecosistemas rurales. La crítica implícita a aquellos que deshonran la tierra, como se cita: “La gente deshonesta (término para los foráneos) tiene muchísima tierra y muchísima agua. Nosotros tenemos el río Maici. ¿Por qué no se puede quedar la gente deshonesta en su jungla y dejarnos a nosotros en la nuestra?”, es un poderoso recordatorio de la importancia de respetar los modos de vida tradicionales y el equilibrio natural.

Imagen extraída del evento de la Exposición "Letras savias". Fuente: www.viralagenda.com

Endika Mena, por su parte, ilustra la frase “La tierra es una comunidad que debe ser respetada, conservada y tratada con amor”, mostrando una diversidad de animales con un pequeño Aldo Leopold (en referencia a un autor que defendía estos valores) acercándose a la naturaleza con actitud respetuosa. Esta visión de la tierra como una comunidad interconectada es un pilar fundamental en la filosofía rural. Oihan Iriarte, con su representación de un bosque donde “se aman los enamorados y se entierra a los muertos”, nos recuerda que la naturaleza es el escenario de la vida y la muerte, un ciclo ininterrumpido que define la existencia en el campo.

Un pasaje particularmente conmovedor en este sentido es el cuento “El ruiseñor viajero”, parte de las creaciones Kamishibai del libro. El ruiseñor, un ave discreta que se aventura a conocer el mundo, encuentra en Aldo a un amigo que ha aprendido a “comunicarse y a relacionarse con ellos respetando su habitat y su naturaleza salvaje”. Esta narrativa resalta la importancia de la coexistencia y el respeto mutuo entre el ser humano y la fauna, una lección diaria en cualquier comunidad rural.

El epílogo del libro nos regala un texto de profunda relevancia para “Los Ojos de la Tierra”: la “Carta al presidente de los Estados Unidos”, escrita por el Jefe Seattle a mediados del siglo XIX. Esta carta es un manifiesto sobre la importancia de la naturaleza en la sociedad, invitando a reflexionar sobre “nuestro rol como seres humanos individuales, y como sociedad en general, en la conservación y desarrollo del paisaje natural”. Las palabras del Jefe Seattle resuenan con la esencia de nuestra revista: “¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. Si no somos dueños de la frescura del aire, ni del brillo del agua, ¿Cómo podrán ustedes comprarlos?”. Él nos recuerda que “Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo, cada aguja brillante de pino, cada grano de arena de las riberas de los ríos, cada gota de rocío entre las sombras de los bosques, cada claro en la arboleda y el zumbido de cada insecto son sagrados en la memoria y tradiciones de mi pueblo”. Es una visión que enarbola la interconexión de todo lo vivo: “La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo los recuerdos del hombre piel roja”.

Portada del libro "Letras savias" de la Editorial Sauce. Fuente: www.llibreriacontijoch.cat

“El hombre no ha tejido la red que es la vida, solo es un hilo más de la trama. Lo que hace con la trama se lo está haciendo a sí mismo”. Esta poderosa metáfora es un llamado a la acción para todos aquellos que habitamos, trabajamos y amamos el campo. Si la humanidad sigue “contaminando sus lechos”, como advierte el Jefe Seattle, “una noche perecerá ahogado en sus propios desechos”.

“Letras savias” es, en definitiva, una obra que nutre el espíritu rural, recordándonos la belleza inherente a nuestro entorno y la responsabilidad que tenemos de protegerlo. Es un eco de las voces de la tierra que, a través de la poesía y el arte, nos insta a escuchar el “suave susurro del viento sobre la superficie del lago” y a entender que “Todas las cosas están relacionadas entre sí”. Para los lectores de “Los Ojos de la Tierra”, este libro es un espejo de sus propios valores y una fuente de inspiración para seguir cuidando y celebrando nuestro hogar, el alma del campo.

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