En plena Serranía del Alto Tajo, donde la despoblación amenaza con apagar la vida de los pueblos, hay historias que nacen de un gesto cotidiano y se convierten en un símbolo de resistencia.
Este relato comienza con una simple pregunta –“¿Sabéis dónde hay una gasolinera cerca?”– y termina revelando cómo un lugar olvidado durante 20 años puede recuperar su pulso gracias al empeño, la ilusión y la mirada renovada de una pareja joven que deciden quedarse
A medio camino entre la memoria y el futuro, entre el arraigo y la reinvención, esta narración nos invita a descubrir cómo Villanueva de Alcorón vuelve a brillar con fuerza. Una historia real, escrita con el corazón, que demuestra que en los pueblos pequeños también nacen grandes revoluciones.
“Hola, ¿Sabéis dónde hay una gasolinera cerca?”
Así empezó una historia que jamás habría imaginado si me la hubieran contado años atrás.
–Ven– me dijo Ángel. Dejamos la copa de vino a un lado de la barra de “Los Cerrillos” (@bar_los_cerrillos), ya en la calle giramos la primera a la izquierda y ahí estaba ella: “La Pilarica”. Siempre estuvo ahí, silenciosa, discreta, cubierta de polvo y olvido, y nosotros sin verla, como si hubiera esperado pacientemente a que alguien la despertara de su letargo.
Inmediatamente nos pusimos a investigar acerca de ella, porque en los pueblos, además de tiempo, hay historias que contar y revivir. Y, por supuesto, Ángel y yo no pensábamos perdérnoslo. Así que decidimos escribir la nuestra también, una historia que no solo habla de gasolina, sino de energía, de ilusión y de futuro.
En este punto fue cuando Pruden y Flora aparecieron en nuestras vidas, ¿o siempre habían estado ahí? Quién sabe… Lo cierto es que su apoyo fue decisivo para que lo que parecía un sueño loco empezara a tomar forma.
El antiguo dueño no dudó en abrirnos las puertas del solar abandonado. Para nosotros, ese lugar cobró vida en el mismo instante en que pusimos un pie en él, y por supuesto, sigue formando parte de nosotros hoy en día. Cada piedra, cada grieta y cada hierba que había crecido entre el cemento nos hablaba de un pasado que merecía tener un futuro.
Llave en mano, con un proyecto gigante bajo el brazo y mucho trabajo por delante, me convertí en “Jara” de adopción de Villanueva de Alcorón (@villanuevadealcoron_). El pueblo me abrió sus brazos y yo me dejé llevar. Porque emprender en el mundo rural, yo, que me he recorrido medio mundo, es el viaje más bonito y apasionante que jamás voy a olvidar.
No es fácil, no lo voy a negar. Los días de frío extremo, los papeleos interminables, los números que a veces no cuadran… Pero lo siento: los malos momentos me los guardo como anécdotas que me harán crecer. Lo que pesa mucho más es la sonrisa de los vecinos cuando ven que la gasolinera vuelve a iluminarse, el comentario del viajero sorprendido que descubre un servicio esencial donde ya no esperaba nada, o la complicidad de los que entienden que esto no es solo una estación, sino un símbolo de resistencia rural.
Todo ha ido muy deprisa y sin pausa, como este relato: 24 meses frenéticos, unos tantos de obras, de decisiones y de sueños que os contaré más adelante. Y que, por cierto, quién lo diría, señora Pilar, nos va usted a perdonar, pero le vamos a cambiar el nombre. Sorry, not sorry. ¡Nos modernizamos, y nos volvemos verdes!
Porque sí, esta gasolinera no solo expende combustible: también alimenta la esperanza de que la España rural no está condenada a desaparecer. Se convierte en punto de encuentro, en excusa para charlar, en recordatorio de que cuando alguien apuesta por quedarse, todo el pueblo gana
Bueno, amigos, este relato va llegando a su fin… Disculpadnos si os dejamos con la intriga, pero el hype está a la orden del día y no queremos ser menos. Llegados a este punto, solo queda decir… continuará.