Habitar, cuidar, crear

Habitar, cuidar, crear

A veces el camino de vuelta es el que te lleva más lejos

Volví al Alto Tajo casi tres décadas después de aquellos veranos de infancia en Armallones. Volví con mis hijas, con mi pareja y con una idea sencilla: que ellas también pudieran correr libres por las calles del pueblo, bañarse en el río, oír las campanas y sentir que en los pueblos todos son un poco familia. Lo que no sabía entonces es que aquel regreso no era un viaje al pasado, sino al futuro.

Yolanda Temprado en Armallones – “Volver al pueblo de la infancia para construir desde él.”

La casa de mi padre fue el punto de partida. La rehabilitamos, volvimos en otoño, en invierno, con lluvia, con nieve. Y poco a poco entendí que no solo estaba recuperando una casa, sino una manera de vivir.

Sin plan previo, me fui implicando con el territorio: fui fundadora de una asociación cultural, de una federación que une a los doce pueblos del Alto Tajo, y participé en la edición número cero de la revista de la mancomunidad de nuestros pueblos. No había un plan estratégico, había una emoción: la de contribuir.

Después llegaron las casas. Compramos una, se vino abajo, tuvimos que comprar otra… y entre el humor y el polvo de la obra, entendimos que los proyectos auténticos nacen de los imprevistos. De ahí surgió CASAGUAPA Alto Tajo, dos apartamentos pensados para disfrutar de la naturaleza con diseño, autenticidad y respeto por el entorno.

Interior de CASAGUAPA Alto Tajo – “Dos apartamentos donde el diseño y la naturaleza se dan la mano.”

Al año siguiente, me presenté a la licitación de un edificio municipal sin uso en el pueblo vecino, Villanueva de Alcorón. Lo transformé en HOSTEL Villanueva, un alojamiento con alma donde hoy ocurren cosas: encuentros, talleres y almonedas, un espacio de intercambio y creación colectiva.

Espacio común de HOSTEL Villanueva preparado para un encuentro de mujeres – “Un edificio sin uso convertido en un punto de encuentro y creación.”

Y personalmente, sigo impulsando comunidad, colaborando, fomentando el asociacionismo y ayudando a sacar proyectos adelante, como ferias de naturaleza y otras iniciativas que mantienen vivo el territorio. Porque aquí, cada gesto suma.

Yo no vine al mundo rural a “revivirlo”. Vine a vivirlo. No creo que a los pueblos les falten solo servicios; lo que necesitan es economía viva. Cuando hay proyectos, hay trabajo. Cuando hay trabajo, llega la gente. Cuando llega la gente, aparecen los servicios. Y así, poco a poco, el círculo se completa.

Y aquí estamos, con los brazos abiertos, para recibir a todo el que se quiera sumar a esta vida y a este territorio. Por unos días, por unos meses o por unos años. No hace falta que sea para siempre: no hay que ponerle puertas al campo.

Hoy, cuando miro alrededor, veo que en el Alto Tajo hay futuro. No un futuro que imite la ciudad, sino uno que se inventa cada día desde la autenticidad, la creatividad y el cuidado. Aquí, el lujo no es el mármol ni la piscina climatizada: es sentirse en casa, no necesitar nada ajeno para sentirse pleno, es la energía de saber que estás exactamente donde quieres estar.

Paisaje del Alto Tajo al atardecer – “No un decorado, sino un territorio vivo.”

El turismo rural, cuando se hace con verdad, no es un negocio: es una forma de habitar, de cuidar y de crear comunidad. Eso es lo que hacemos en CASAGUAPA Alto Tajo y en HOSTEL Villanueva. Y ese, creo, es el verdadero motor de cambio: personas que deciden quedarse, construir, compartir y barrer su trocito de mundo para que, entre todos, el paisaje siga vivo.

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