Entrevista a José Manuel Navia: en busca del alma de la tierra

Entrevista a José Manuel Navia: en busca del alma de la tierra

Esta entrevista pertenece a la Agenda de Desarrollo Urbano y Rural (ADUR) MOLINA DE ARAGÓN-ALTO TAJO coordinado por Mota&Vignolo Arquitectos, promovido por el GDR Molina de Aragón Alto Tajo y creado por la Viceconsejería de Planificación Estratégica de la JCCM

José Manuel Navia es fotógrafo, con una amplísima experiencia recogiendo la realidad de un territorio desdeñado y despoblado. Sus obras plasman las ruinas de una cultura, la campesina, condenada a desaparecer.

Aquí podéis encontrar su blog con muchos de los trabajos que ha realizado.

Entrevista a José Manuel Navia en el Colegio Mayor de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá el pasado 7 de marzo de 2025. Fuente: Vestal Etnografía.

Entrevistador: Buenos días José Manuel. Como fotógrafo con gran experiencia, ¿cuál es tu primer recuerdo del mundo de la fotografía?

José Manuel Navia: Pues es un recuerdo especialmente lejano, porque yo empecé a fotografiar siendo adolescente, con 13 años. Lo que nos fascinaba a los chavales de esa época era el mundo del laboratorio, el cuarto oscuro, toda esa magia de meterte en una habitación con una luz roja y que de un papel en blanco sumergido en un líquido surgiera una imagen. Ese fenómeno de la fotografía que ahora llamamos analógica, que a mí me gusta más llamar química, es un mundo casi mágico.
Por otro lado, en casa no había muchos recursos económicos, así que si yo quería hacer una carrera universitaria, tenía que trabajar. Y como ya tenía ahí la fotografía, con ella podía ganar algo de dinero. Yo tuve una vocación muy clara en cuanto a lo que quería estudiar, también desde joven, que era ser filósofo. Entonces, durante unos años tuve ahí el alma un poco dividida entre la filosofía y la fotografía, hasta que al final me di cuenta que se podía unir, que al final es lo mismo eso. Son distintos lenguajes para intentar entender el mundo y para hablar del mundo. Ya manejaba técnicamente la fotografía, lo que me faltaba era entender la fotografía como un lenguaje.

E: Vivimos en el mundo de la imagen continua, instantánea. ¿Cómo ha cambiado la fotografía, o de alguna forma sigue siendo la misma con la que comenzaste?

JMN: Es muy curioso. Si miráramos lo que se ve, lo aparente, diríamos que ha cambiado muchísimo. Pero si vamos a lo fundamental, no ha cambiado tanto. La esencia sigue siendo la misma. Hay un gran teórico de la fotografía que dirigió muchos años en el MOMA el Departamento de Fotografía, Szarkowski, que siempre decía que la fotografía nació entera, que es una idea muy bonita.
Porque, ¿cuál es la base? La utilización de la cámara oscura. Estos móviles que tenemos ahora delante tienen miniaturizada una cámara oscura. Si no, no podrían captar imagen. Por un lado tiene que haber una cámara oscura, y por otro lado tiene que haber una superficie sensible a la luz. Hasta hace años, eran películas o papeles impregnados de sales de plata, lo que llamamos fotografía analógica, y ahora es un sensor, la fotografía digital. La etimología de la fotografía no puede ser más clara: escribir con luz. En ese sentido fundamental, la fotografía no ha cambiado tanto
Por otro lado, los recursos del fotógrafo siguen siendo los mismos. La luz y el encuadre, es decir, decidir qué fragmento del mundo cogemos. Y es que los fotógrafos trabajamos al revés que otros autores. Un escritor, un pintor, parte de un papel en blanco o de un lienzo en blanco y va añadiendo cosas. Nosotros partimos de todo lleno, el mundo y tenemos que decidir qué quitamos, es decir, con qué nos quedamos de todo lo que tenemos delante.
Esa es nuestra gramática, la gramática del fotógrafo. Y a partir de ahí trabajamos. Y eso lo hicieron los fotógrafos de mediados del siglo XIX, todos los del siglo XX, los que seguimos activos y los jóvenes que empiezan en el siglo XXI.

E: Jugando con todos estos factores que modifican, alteran, esa foto que se busca, ¿se puede plasmar la realidad en un instante?

Entrevista a José Manuel Navia en el Colegio Mayor de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá el pasado 7 de marzo de 2025. Fuente: Vestal Etnografía.

JMN: Claro, siempre. Lo que se plasma, la fotografía, siempre está ligada a la realidad. Por más abstracta que sea, nosotros la cámara la hemos dirigido a algo del mundo, a un fragmento, a una vista panorámica, a lo que sea. La fotografía siempre plasma algo de la realidad, pero sobre la realidad.

La única realidad de la fotografía es la propia fotografía, es decir, la fotografía es una interpretación de la realidad. ¿Quién es el responsable de esa interpretación? La fotógrafa o el fotógrafo, quien utilice la cámara. Según a dónde apuntes la cámara, según con qué luz trabajes, según qué formato utilices, según qué objetivo pones, todo eso hace que tú y yo en el mismo sitio hagamos dos fotografías completamente distintas. La tuya tendrá algo de ti y la mía algo de mí. ¿Cuánto tendrá de mí? Depende. Hay autores o autoras que tienen una manera de trabajar donde su personalidad está muy presente. Y hay otros que son más discretos, pero siempre están ahí.

Pero no hay miradas objetivas, eso es una bobada, nadie es objetivo. La propia realidad no es objetiva, no sabemos qué es la realidad. La realidad sabemos lo que es cuando nosotros la interpretamos. En filosofía ya lo explicaba Kant muy claramente. La realidad en sí es algo ininteligible. Le tenemos que aplicar nuestras coordenadas del espacio, del tiempo, etc. La hacemos nuestra y cada uno la interpretamos de una manera. La cámara es un instrumento que nos permite mostrar nuestra visión de la realidad, que no tiene por qué parecerse a la de otros.

E: Una de las realidades que has intentado plasmar es la de la situación de nuestros pueblos pequeños, de ciertas comarcas que se van quedando solas y vacías de gente. ¿Por qué razón quisiste poner tu granito de personalidad en estos espacios?

JMN: En el fondo, como casi todas las familias españolas, vengo de un mundo rural, en mis antepasados. En mi caso, mis abuelos son los que tienen un origen rural. Entonces, por un lado, siempre me ha interesado mucho trabajar con la idea de la memoria y del origen; y por otro lado, me fascina trabajar en lugares rurales, tranquilos, donde no haya mucha gente. Me fascina la soledad. Yo soy una persona bastante sociable. Pero yo creo que lo soy porque me reservo mucho tiempo de soledad. Dos terceras partes de mi tiempo las paso en soledad. Hay un gran fotógrafo francés que dice que un fotógrafo que no ame la soledad nunca podrá ser fotógrafo de verdad.

Además, ese mundo muy rico, muy pegado a los materiales más puros, al hierro, a la madera, a la tierra y, sobre todo, a las atmósferas, ese mundo que llamamos rural adquiere una dimensión tremenda.

Lo que pasa es que cuando yo tenía 20 años, que es cuando empecé a fotografiar, estaba fotografiando el mundo rural, pero no era consciente de su problemática. Porque cuando tú tienes 20 años, lo vives todo con una intensidad propia del presente. Vives de manera presentista. Si analizo ahora un pueblo que está muy presente en mi trabajo, en la montaña de Palencia, al que yo viajaba con mi mujer hace muchos años, que era de ese pueblo, el drama ya estaba ahí. Cada vez que viajábamos y volvíamos a Madrid, el domingo por la noche, estábamos asistiendo al drama de la despoblación. Sus padres se quedaban solos en el pueblo, y se iban las hijas y novios. Además, al irnos dejábamos a la hermana pequeña interna durante toda la semana en el pueblo más grande de la comarca. ¿Qué era eso?

Hay dos grandes décadas dramáticas en España para la despoblación: los 60 y los 80. A principios de los 80 yo estaba viviendo ese proceso. Pero para mí era lo normal, las chicas jóvenes estudiaban o trabajaban en Madrid y los padres estaban en el pueblo.

¿Pero eso qué nos estaba diciendo? Es decir, una familia con cinco hijos, ninguna quedó en el pueblo. Eso era el drama de la despoblación. Yo no lo vivía, pero sin darme cuenta lo estaba fotografiado. Y eso es algo muy hermoso de la fotografía, a veces incluso estamos haciendo cosas de las que no somos conscientes, pero están ahí, las estamos fotografiando. Decía una gran fotógrafa americana que la cámara capta lo que vemos y lo que no vemos. Entonces yo estaba siendo, gracias a la fotografía, testigo de un mundo que estaba sufriendo una transformación, por no decir un drama absoluto, que era el mundo campesino. Era la desaparición de una cultura, la cultura campesina.

E: Has encontrado la belleza en esta soledad, en esos rincones despoblados. Pero, como bien decías, hay un drama: el abandono de una tierra y de una cultura. En estos pueblos donde has trabajado, como en La Mancha, la Alcarria o en la Comarca de Molina de Aragón-Alto Tajo, ¿cómo has percibido ese abandono del territorio, de la cultura y de la memoria?

Entrevista a José Manuel Navia en el Colegio Mayor de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá el pasado 7 de marzo de 2025. Fuente: Vestal Etnografía.

JMN: Bueno, yo soy fotógrafo, no pretendo ser ni antropólogo ni elaborar una tesis, yo no tengo respuestas. La fotografía solo se hace preguntas, aunque a veces las propias fotografías son respuesta. Además, yo tengo mucho miedo a la fotografía, la literatura o el periodismo militante, es decir, que llegas con una idea preconcebida para denunciar. Tú tienes que mostrar las cosas como son y si son denunciables, las propias imágenes van a estar a favor. No tienes que manipular nada. Basta con ir a los lugares con la mente abierta y aplicar la norma para mí de oro, que es la sinceridad y el respeto profundo a la realidad.

No tengo tesis, pero sí que es evidente que es una España completamente olvidada. ¿Por qué? Porque desde el punto de vista económico, no hay nada menos rentable. Pero eso es un absurdo, porque esa gente son ciudadanos de primera y tienen los mismos derechos, pagan en proporción más impuestos y reciben infinitamente menos servicios.

Hay un periodista que utilizó un término que a mí me gusta mucho, que es la España desdeñada. Porque es verdad que ha sido desdeñada. Algo desdeñado es algo despreciado. Ees una España que sobrevive gracias a ese origen de la cultura campesina. Gracias a que es gente que históricamente han tenido que sobrevivir solos. Si algo tiene de verdaderamente valioso para mí la cultura campesina es la capacidad de ser autónomos. Producían sus alimentos, fabricaban sus casas, confeccionaban su ropa, generaban su energía.

Por eso el mundo campesino nunca ha sido entendido por los políticos. Pero ni de izquierdas ni de derechas. Si analizamos la historia, tanto las derechas como las izquierdas, cuando han tenido ocasión, han masacrado campesinos. ¿Por qué? Porque es gente independiente, autónoma, incómoda. ¿En qué dirección va ahora la sociedad? En hacernos a todos muy interdependientes. Porque a medida que eres más interdependiente tienes menos posibilidades de ser distinto, de sacar la cabeza.

Pero para mí no es así. A la gente de un pueblo perdido que ha sobrevivido no sé cuántos siglos no le da miedo nada.

Al final ese es el gran drama, es el drama del olvido, del desprecio.

E: Cuando viajas a una comarca como la del Señorío de Molina. ¿Qué buscas? ¿Qué te llama la atención?

JMN: Cuando planteamos este proyecto de libro y exposición de Alma Tierra, había que elegir una serie de comarcas representativas. La tierra de Molina es la que tiene el índice de población más bajo de España. Pero es una comarca que a mí siempre me ha traído mucho.

Cuando yo me he desesperado en determinadas épocas con mi trabajo, me acuerdo que decía en casa, un poco en broma: voy a hacer oposiciones a profesor de filosofía y voy a pedirme el Instituto de Molina de Aragón. Para mí Molina de Aragón era como el paraíso, lo que ahora es el pueblo de La Mancha. ¿Por qué me he ido a vivir a este pueblo, a La Mancha? Buscando lo mismo.

Ese paraíso, ese lugar, ese contacto mucho más directo con la naturaleza, esa relación más natural con las personas. Además, en Castilla-La Mancha es especialmente fácil por el carácter castellano manchego, que a mucha gente le choca, le parece casi maleducado y lo que es es muy franco. Yo me siento muy cómodo ahí.

Otra cosa es que luego cuando entras ahí, no entras solo a cantar esas maravillas, entras a conocer la realidad y te encuentras con realidades muy complejas.

E: ¿Son los pueblos, el paisaje, la luz…? ¿Qué es lo que te ha fascinado más de esta comarca?

JMN: Algo que me fascina es que son lo que llamamos las altas mesetas, que no es montaña propiamente, un mundo muy rico para mí incluso literariamente. Pero de todo eso que tú has dicho, el paisaje, la luz, todo eso, hay un elemento fundamental, que son las personas.

En mi trabajo la gente es fundamental, o bien porque aparece directamente o porque está presente en sus huellas. Por ejemplo cuando yo fotografío una parada de autobús vacía, a mí me interesaba porque esa parada de autobús no se hizo para estar vacía, no es un monumento puesto en mitad del paisaje, eso se hizo para que la gente cogiera el autobús.

Al estar vacía estás transmitiendo algo, y además la parada es nuevísima. Son esas contradicciones. Cuando ya casi no hay gente, han llenado el territorio de paradas de autobús. Cuando los pueblos estaban llenos, no había casi autobuses. Todo es un poco al revés. Ahora, de repente, hacemos unas carreteras maravillosas, cuando ya casi nadie necesita ir por ellas. Si esas carreteras las hubiera tenido la gente joven en los años 50 o 60, a lo mejor no se hubiera ido. Siempre vamos un poco tarde.

E: ¿Se trata de una fotografía poética, literaria, donde de alguna forma se realza la huella del ser humano, pero sin el ser humano?

JMN: Está muy bien definida. Hay un fotógrafo americano, que era Walker Evans, que hablaba de documentalismo poético, que parece un oxímoron, pero no lo es, no es una contradicción. Algo puede ser a la vez documental y poético. Y fíjate cómo es que ahora, con el paso de los años, una de las dos asignaturas que he puesto en marcha aquí en la Universidad de Alcalá se llama fotografía y poética documental. A mí me interesa mucho esa combinación.

E: ¿Crees que estamos a tiempo aún de comprender esta memoria que guarda la tierra?

JMN: Creo que sí, y que además hay grandísimas obras que están en ello, y muchas de ellas son obras de gente muy joven. En mi asignatura, siempre hay unos cuantos alumnas o alumnos que quieren trabajar sobre el pueblo de sus abuelos, la casa de sus padres, las fotos familiares…

Como le gusta decir a mi amigo Julio Llamazares, ¿sabes cuál es el problema? Que el diagnóstico está ya muy bien hecho, seguimos diagnosticando el problema. Siempre lo dice Julio con mucha gracia, el enfermo se muere, vamos a ver qué aplicamos. Yo soy de la opinión de que efectivamente el enfermo se muere, y lo que hay que hacer ya es una política de paliativos. Lo que no podemos pretender de manera un poco tonta y un poco utópica, en el peor sentido de la palabra, es que se vuelva a esa cultura campesina, se vuelva a una ruralidad que desapareció.

¿Por qué no? Porque yo vivo en un pueblo, pero soy una persona urbana. Como decía Delibes, yo me voy al campo a vivir encantado, pero con mi biblioteca y mi equipo de música. Es como yo vivo.
¿Qué diferencia hay de cómo yo vivía en Madrid a cómo vivo en el pueblo? Pues que disfruto de la naturaleza, que me muevo en un entorno humano más asequible, más agradable y más cercano, que tengo pocos vecinos y con los que tengo me llevo bien, pero sobre todo que disfruto del contacto directo con la naturaleza. Pero yo a veces digo que más que a un pueblo me he ido a vivir a un paisaje. ¿Gente como yo va a salvar los pueblos? Bueno, a lo mejor sí. Pero vamos a hacer otra cosa en los pueblos. Yo no me he ido al pueblo a poner una huerta, a comprar olivas, comprarme un tractor y ponerme a trabajar la tierra, porque sería absurdo.

No es mi mundo, yo no lo he mamado, tendría que empezar de cero. Quien quiera hacerlo, me encanta. Pero también puede haber mucha gente que quiera vivir en los pueblos gracias a la tecnología. Yo me planteé vivir en un pueblo cuando empecé a trabajar en soporte digital, cuando me pasé a la fotografía digital.

Construcciones antiguas en la calle Mayor de Alcalá de Henares. Fuente: Vestal Etnografía.

E: Para concluir, ¿qué ha significado la fotografía en tu vida?

JMN: Todo. Es mi vida. Yo ya no puedo decir ni siquiera que es mi oficio. Pues no solo es mi oficio, es un modo de vida. Es mi manera de relacionarme con el mundo.Es maravilloso. Además, no he perdido un ápice de fuerza, todo lo contrario. De hecho, ahora, si algo me molesta de la universidad, es el tiempo que me quita para fotografiar. Lo demás son todos satisfacciones. Porque estar en contacto con la gente joven es maravilloso y te refresca mucho, en todos los sentidos. Pero ese tiempo no lo estoy dedicando a la fotografía.

La fotografía es mi vida. En fin, por resumir, para mí es el mejor oficio del mundo. Nos pagan por mirar.

E: ¿Hay una fotografía que aún queda pendiente?

JMN: Por supuesto, la buena, la mejor. Esa no la he hecho, esa tengo que lograrla algún día.

Colegio Mayor de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá. Fuente: Vestal Etnografía

Esta entrevista pertenece a la Agenda de Desarrollo Urbano y Rural (ADUR) MOLINA DE ARAGÓN-ALTO TAJO coordinado por Mota&Vignolo Arquitectos, promovido por el GDR Molina de Aragón Alto Tajo y creado por la Viceconsejería de Planificación Estratégica de la JCCM

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