Entrevista a Jesús del Peso Beltrán, el poeta guindalero. Recuerdos de un barrio en el olvido.

Entrevista a Jesús del Peso Beltrán, el poeta guindalero. Recuerdos de un barrio en el olvido.

A las orillas del río Júcar y la Presa de Cerdán, hubo un histórico barrio llamado La Guindalera. Su historia se pierde con las verdes aguas del río, hasta que en noviembre de 1960 llegó su punto final. De acuerdo al Plan de Ordenación vigente, se prohibió vivir en esa zona, y poco a poco, las casas fueron demolidas y las familias llevadas al nuevo barrio de “Las Quinientas”.

Jesús del Peso Beltrán, el poeta guindalero, nació en este barrio “del río” un 10 de octubre de 1945. 

LJ •  ¿Cómo fue tu infancia en el barrio de La Guindalera?

Jesús • ¿Qué le voy a decir? Que La Guindalera para mí ha sido lo mejor que me ha podido pasar en la vida. Hay un verso mío que dice:

“Por el amor de una mujer

que quiso que yo naciera,

le tengo que agradecer

haberme traído a nacer

al barrio de la Guindalera”.

Había una escuela pequeña arriba, junto al campo de la Fuensanta, que era donde iban los chicos de La Guindalera, pero a mí no me admitieron porque para entonces había que ser falangista, y en mi caso, mi padre había servido en la República. Aunque sí me hubiese gustado, porque jugaban al fútbol y llevaban muchos temas sociales…

LJ •   ¿Cuántos vecinos erais?

Jesús • Vecinos éramos entre 38 a 45, más o menos. Porque, te digo, la calle estaba numerada del número 2, que era la señora Lucía, hasta al número 82, que era la señora Julia. Por tanto, eran 41 viviendas. A eso habría que sumar dos o tres casas más que se hicieron los muchachos mayores del barrio que al casarse y no tener sitio, se construyeron una casa al lado de sus padres y ¡a vivir!.

Imagen de La Guindalera. En particular, de “La Cangrejera”. Fuente: “Gentes de La Guindalera”, de Jesús del Peso Beltrán.

LJ Jesús, el barrio de La Guindalera es un barrio que ha vivido ligado al río Júcar ¿verdad?

Jesús • El barrio es el río Júcar. Todo lo que tiene que darte la vida nos lo ha dado el río. El Júcar nos daba agua, nos daba de comer… Por ejemplo, allá abajo donde muere el medidor, subían las “luinas” a frezar y muchas noches, cuando llegabas a tu casa y no había cena, pues cogías una cesta, la metías allí y sacabas media cesta de “luinas”. Volvías, las echabas encima de la estufa con un poquillo de sal y ¡ya estaba la cena hecha!.

LJ • ¿Y de qué vivían los vecinos y vecinas del barrio?

Jesús •  En el barrio, los hombres mayores casi todos trabajaban en las fábricas de madera, de albañiles, de ferrallas… y algunos, como mi padre, eran hortelanos. Nosotros teníamos una huertecilla allá abajo que se la dejaron a mi padre a medias, la señora Vitoriana, que era la dueña de la huerta Ella ponía el terreno y mi padre la sembraba y trabajaba, y lo que se cosechaba, a medias.

LJ • ¿Cómo eran aquellas huertas y la isla que se formaba entre el caz y el río Júcar?

Jesús • Ahí arriba estaba la presa, desde donde se desviaba el agua por el caz que bajaba hacia las huertas. Y ahí bajo el Parque de los Moralejos deben estar todavía las casas de la huerta del tío José y su hermano Evaristo; un poco más abajo, la huerta de Apolonio… Porque estas huertas, cuando empezaron a hundir los cerrillos de Los Moralejos y de San Agustín, las cubrieron de tierra y esa misma tierra casi llegó hasta la orilla del río, donde luego plantaron unos pinos… Pero sí, las huertas, están ahí tapadas bajo la tierra.

LJ • Ahora nos encontramos al otro lado del río, enfrente de La Guindalera, ¿cómo recuerdas que era entonces este paraje de El Sargal?

Jesús •  El Sargal no existía. Entonces aquí había una fábrica de mimbre y por detrás comenzaba el caz que hemos dicho que iba aguas abajo a regar las huertas. Y al lado estaba el matadero municipal. También había menos chopos de estos, porque muchos se plantaron después.

Jesús del Peso Beltrán, poeta guindalero, junto al río Júcar, en el entorno del antiguo Barrio de la Guindalera.

LJ • Y volviendo al barrio de La Guindalera, ¿cómo eran las construcciones de las viviendas?

Jesús •  Las construcciones eran tan sumamente malas que se hundían de una patada. Era una cueva construida con cantos, piedras y algún ladrillejo que te pudieras encontrar. Para entonces había cerca una fábrica de ladrillos, y todos los que se partían o se rompían los tiraban a un cascajal y, entonces, íbamos nosotros, los cogíamos y con ellos te hacías una o media pared. Y así se hacían las casas, con barro, con piedras, con trozos de ladrillo… y cuando tenías un “saquejo” de yeso pues enlucías a lo mejor una habitación.

En La Guindalera había sólo tres o cuatro casas muy buenas. La mía era muy grande, pero no era buena. Luego cuando dijeron de hundir las casas para irnos del barrio, que vino el ministro y todo, bajaron a hundir una, pero en nuestro caso, mi hermano, el mayor, con dos o tres amigos que eran fuertes, de dos patadas hundieron la casa.

LJ • ¿Y cómo recuerdas los inviernos en un sitio frío y húmedo?

Jesús • Tenías tu estufa y recuerdo que las mujeres de La Guindalera casi todas tenían cabrillas en las espinillas de estar tanto tiempo junto a la lumbre. Y para ir a la cama llenábamos una botella de agua de las de gaseosas, bien tapada con agua caliente, la metías contigo y eso te daba calor.

Casa del Barrio de la Guindalera a mitad del siglo XX. Fuente: Facebook

LJ •  El río Júcar, de algún modo suponía un obstáculo que os separaba de la ciudad ¿Cómo erais vistos en Cuenca?

Jesús • En Cuenca, el peor barrio era este y decían que éramos muy mala gente, pero como ya te he dicho, yo no he conocido a nadie malo aquí. Eramos gente muy noble, ya está.

Y para cruzar al otro lado, para evitar tener que ir a cruzar hasta el Puente de San Antón, allí abajo, donde está la pasarela, te desnudabas en la orilla, cogías tu ropa en una mano y con la otra mano ibas nadando. Luego, en la otra orilla, te vestías otra vez e ibas para arriba, que entonces era un camino de tierra y llegabas a la ciudad. 

LJ • Porque vuestros trabajos estaban en la ciudad ¿no?

Jesús • Entonces la vida era el trabajo y todos los chicos del barrio con ocho o nueve años ya se ganaban el pan que se comían. Unos en talleres de mecánicos, otros como yo en una frutería, otros de camareros para hacer los recaudos, otros de limpiabotas, muchos que vendían teas por las casas para encender las estufas, y otros arena para fregar las sartenes. Cada uno se ganaba la vida como podía.

LJ • Y, también formábais parte de la vida social de ella…

Jesús •  Claro, por ejemplo, en el barrio estábamos once muchachos nacidos en el mismo año y para entonces, un hombre que se llamaba Silvio organizó un campeonato de fútbol en las Eras del tío Cañamón.

Yo jugaba en el equipo Cervantes pero claro, mis amigos también querían jugar y me dijeron que fuera a apuntarnos como equipo. Así que fui, pasé, y dije “Quiero apuntar a La Guindalera para jugar también.” Y los que estaban allí de otros equipos, que eran estudiantes, me dicen: “A La guindalera no, que son todos medio gitanos, juegan descalzos y la lían.”

Y claro, cuando se fueron ellos, Silvio me preguntó: “Oye, Jesús, ¿No le podemos poner otro nombre a tu equipo?” Digo: “Sí, Club Deportivo del Júcar”. Y así nos pudimos apuntar.

LJ • Junto a la Guindalera estaba vuestro barrio vecino, el barrio de Buenavista o de El Chocolate. ¿Cómo era y qué relación tenía con el vuestro?

Jesús • La relación que teníamos los guindaleros con los del barrio del Chocolate era muy buena. Éramos hermanos, en unas palabras. Había allí un señor que le decían Bernardino, que llevaba una pata palo y yo siempre lo he llamado pata palo. Yo lo he querido muchísimo porque fue la persona que me enseñó todas las picias habidas y por haber de la vida, me enseñó a fumar, me enseñó a mandar a mi padre a hacer puñetas, aunque nunca lo mandé. Él me decía: “Cuando te diga que hagas esto y no te apetezca, le dices que se vaya a hacerlo”. Todas las picias de la vida me las enseñó el tío Bernardino. Y yo pues estaba muy contento con él.

Y también cuando venía el río muy crecido nos subíamos a casa del tío Bernardino. Porque cuando subía el agua mucho, decía la gente “Si ves a la Virgen de la Luz que le llega el agua al cuerpo, los guindaleros no han quedado ni uno”

Autoridades en La Guindalera en 1960, con motivo de la visita de un ministro. Fuente: "El otro lado del río", de Jesús del Peso Beltrán.

LJ • ¿Y cómo recuerdas el final del barrio y dónde fuisteis después? 

Jesús •  Este barrio no tuvo final, aquí un día nos dijeron que teníamos que subir al ayuntamiento y te daban la casa donde te había tocado y casi todo el barrio de La Guindalera nos llevaron a las Quinientas. Los que más fuimos a la calle Picuerzo, otros a la calle Fuencaliente y algunos se fueron a la calle Prado el Ciervo. Los guindaleros están repartidos en las Quinientas. En mi caso, me fui a la calle Picuerzo número 27, donde vivían las Marcelinas, que eran ocho o diez…

LJ • Y con el gusto que le profesas a la palabra y la poesía, has dedicado versos y poemas al barrio de la Guindalera y al río Júcar ¿verdad?

Jesús •  Tengo muchísimos, yo te puedo decir una décima para el río Júcar que dice:

“El Júcar del agua verde,

tumbo del pino en la sierra,

que llega a Cuenca su tierra

y por el confín se pierde;

pero sigue siendo verde,

llegando a la tierra hermana

por la vega valenciana,

serpenteando caminos

entre naranjos y pinos,

con la verde mar, se hermana.” 

Luego hay otro que lo hizo Federico Muelas, para que veáis que aquí a la gente le gustaba esta zona también, y ese dijo, sobre una Semana Santa, dijo:

“Cerro arriba del dolor,

río abajo penitente,

y en medio de la corriente

crucificado el amor.

Dime, chopo soñador

nazareno de la orilla,

¿a dónde llega a Castilla

su dolor, peregrinando?

El chopo tiembla temblando,

señor, doblo la rodilla.” 

Y luego, otras muchas cosillas hechas por mí, a decir, por ejemplo:

“En tu lento caminar, río Júcar, yo te admiro.

A tierra cálida vas, la tierra que yo no olvido.

Y hojas que del árbol secas crujían bajo mis pies

y me decía a mí mismo: Este es el verde de ayer.”

LJ •  Y tienes también algunos versos que recuerdan poéticamente a las vecinas y vecinos del barrio, a la gente que lo habitaron.

Jesús • Ahí tiene una cada una, desde la señora Lucía, que la puso la primera, hasta la señora Julia, está La Vecina Silenciosa, Maria la del Tio Ignacio… Mira, “Chabolas de Junto al Río”, este nombre se debe a que por aquí había un poeta que se llamaba Guillermo Osorio, que escribió aquello de

Chabolas junto a las peñas,

refugio del cachicán,

con los peces por cimiento

y las nubes por desván”.

Aquel hombre, yo no lo llegué a conocer, pero escribió bastante de La Guindalera. He estado buscando información sobre él en muchos sitios y no he encontrado nada.

Mira, aquí tenéis, “Julia la Cocina”, una décima:

“La llamaban la Cocina,

una mujer temblorosa,

además de misteriosa,

la tan callada vecina,

para seguir su rutina

al tomar el desayuno

nos llamaba uno a uno

a darle las cucharadas

con la sopa bien untadas,

un recurso inoportuno”

Esta mujer, a mí parecía que me tenía siempre en un lío porque cuando yo salía para la frutería, a las ocho y media o así, ya oía desde dentro de su casa: “¡Jesús hermoso, pasa!”. Así que yo tenía que pasar a darle las cucharadas, que a mí no me costaba trabajo, pero me daba mucha pena, porque se veía que había sido una mujer puesta, una mujer que debía de tener estudios…

El barrio de La Guindalera en 1919

LJ •  Hoy en día, ¿crees que el barrio de La Guindalera ha quedado olvidado?

Jesús •  La Guindalera está totalmente olvidada. Y aquí, voy a decir una cosa, yo me siento guindalero y hay mucha gente de aquí, que nació aquí, que se sienten guindaleros y no lo niegan en ningún lado. Sin embargo, muchos de los que nacieron aquí no lo dicen, les da vergüenza decir que habían nacido en La Guindalera.

LJ • Y un barrio histórico como ha sido La Guindalera, siempre ligado al río Júcar, ¿qué te gustaría que quedara de él, o que se recordara? 

Jesús •  Solamente me gustaría de La Guindalera que se guardara el hecho de que siempre todas las culpas nos las llevábamos los de los arrabales, de todo lo malo que pasaba en Cuenca, Y yo, estuve luego trabajando treinta y tantos años en el bar que tuve frente a Los Juzgados y puedo decir que nunca he visto a un guindalero que lo haya subido la Guardia Civil.

Para más información puede consultar: https://losojos.es/patrimonio/la-guindalera-y-buenavista-barrios-olvidados-en-la-pobreza/

Actuación financiada por el Ayuntamiento de Cuenca y el Ministerio de Cultura, con cargo a las Ayudas para proyectos de conservación, protección y difusión de bienes declarados Patrimonio Mundial.

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