Entrevista a Hortensia Monleón Cólliga, ejemplo del espíritu vecinal y social del Barrio de Tiradores.

Entrevista a Hortensia Monleón Cólliga, ejemplo del espíritu vecinal y social del Barrio de Tiradores.

Reposando sobre las laderas del Cerro del Socorro y Cerro Molina, asomado al cauce del río Huécar, encontramos el pintoresco barrio de Los Tiradores. Arrabal histórico de Cuenca, documentado desde el siglo XIV, no fue a mediados del siglo XIX, cuando, a raíz de la expansión de la industria maderera, el barrio comenzara a crecer y a conformarse hasta el que conocemos hoy en día. Allí, en el número 85 de la Calle Real, actual Diego Ramírez Villaescusa, nació Hortensia Monleón Cólliga.

LJ •  Hortensia, ¿cómo ha cambiado el barrio que tú conociste en la infancia al que hoy vemos?

Hortensia • No os lo podéis figurar, pero mismamente podéis comprobarlo en las fotografías. Entonces las casas eran todas bajitas y había mucha carencia de todo. 

Era un barrio obrero de albañiles, electricistas, fontaneros, carpinteros… que ganaban muy poco. Por ejemplo, mi padre trabajaba en la fábrica de harinas, otros en las fábricas de madera, ahí en la carretera de Valencia. Yo me acuerdo de pequeña que nos cogía mi madre y nos decía: “Vamos a por un poco de leña para la estufa”

Eso sí, el personal del barrio era extraordinario, había tal comunión que lo que tenía una vecina lo tenían las demás.

LJ • ¿Y cómo llegó tu familia al barrio de Los Tiradores?

Hortensia • En realidad, llegaron mis abuelos a principios de siglo. Aquí nacieron ya mis padres. La situación en mi casa era bastante mala y mi madre decidió, como no teníamos prácticamente nada, al igual que la mayoría del barrio, poner una tienda de comestibles. En aquellos años, en las tiendas de comestibles se vendía de todo y con eso, pudimos salir un poco adelante porque lo que pretendían mis padres es que estudiaramos. Ellos apenas fueron a la escuela por la guerra y siempre nos decían: “Queremos que seáis algo más que nosotros”.

LJ • ¿Y cómo recuerdas la infancia en el barrio?

Hortensia • Pues recuerdo  cuando veníamos, por la tarde, de la escuela, que íbamos todos los chicos y chicas a jugar por el Cerro Molina, donde ahora está ahora el Museo Paleontológico;  también por debajo de mi casa, que había una era y campos sembrados…

LJ •  ¿Había mucho sembrado entonces?

Hortensia • Mucho. Debajo de mi casa, todo. De hecho, donde tengo yo la casa, mi madre abría la puerta y salían las gallinas a comer al sembrado. 

Y como los chicos del barrio no teníamos juguetes, ¿sabéis qué juguetes teníamos? Pues pintábamos en el suelo, y con botes de leche condensada nos los atábamos con una cuerda en el pie, como si fuera un tacón, y con eso nos lo pasábamos en grande. Fíjate con qué cosa tan insignificante nos divertíamos.

Además, en una era grande que había debajo de mi casa hacíamos, el día 1 de mayo, las hogueras. Se quemaban trastos viejos de madera y aparte iban a buscar leña que les deban en las fábricas. Y se formaban unas fiestas grandes. Recuerdo que cada madre nos daba tres o cuatro patatas para que las asáramos en la hoguera. 

LJ • ¿Y a qué escuela solían ir los niños y niñas del barrio de Los Tiradores? 

Hortensia • La escuela estaba en Ramón y Cajal, pero de aquí del barrio íbamos cuatro o seis a la Aneja. Pero luego nos juntábamos, y jugábamos en el Parque San Julián, porque aquí no había diferencia de ninguna clase. Fue cuando mis padres pusieron la tienda cuando conocimos más a la gente y las necesidades y calamidades que entonces se pasaban. Mucha gente iba de fiado, incluso para el pan, porque no había dinero y hasta que no cobraban los sábados o domingos, no podían pagar a mis padres. Pero también mis padres iban a comprar el género fiado, o sea que nosotros hacíamos igual. 

LJ • Y aparte de vuestra tienda familiar, ¿qué otros comercios recuerdas en el barrio?

Hortensia • ¿Comercios? Pues mira, comercio ninguno, solamente la tienda de mis padres, hasta que luego pusieron otra. Y nada más. Aquí en los Tiradores Altos, al igual que en los Tiradores Bajos la mayoría del personal eran electricistas, fontaneros, obreros, obreros… Mi madre, con la tienda, tenía un borriquillo e iba a comprar la fruta al mercado con su borriquillo.

LJ • Porque las casas tenían también sus corrales, ¿no?

Hortensia •  En todas las casas viejas teníamos corrales. Ahí se criaban las gallinas y los gorrinos, que servían como incremento al sueldo porque tenías los huevos y criabas dos gorrinos: uno para comer y otro para vender. Recuerdo que la primera máquina de coser que mi madre compró, fue porque crió aquel año tres gorrinos, uno para comer y dos para vender. 

LJ • ¿Y había pastores o ganaderos que vivieran en el barrio?

Hortensia •  Que yo recuerde no vivía ninguno. Pero sí que por aquí se veían pasar los pastores con sus ovejas y mi padre decía “ese es Fulanito, ese Menganito…”

LJ •  ¿Y qué era la Tinada de Patiño?

Hortensia •  La “tiná” de Patiño era un corral para el ganado que había en la ladera y Patiño fue, además, quien donó el solar para hacer la Capilla de Fátima. Porque para entonces a la gente de Tiradores Altos le costaba bajar a la Ermita del Cristo, y se hacían las misas, que yo he estado, en una casa grande donde el señor Jesús criaba pollos para vender. Y mi madre, y otras vecinas, sacaban sábanas para tapar y quedase un poco más vistoso.

Entonces, Patiño donó trescientos y pico de metros para construir una nueva. Pero, claro, ¿quién pagaba la obra, si no había dinero? Así que la gente, fue, primero, donde hacían ladrillos y, los retales que sobraban los traían. Por eso si veis el suelo de la iglesia, veréis que los ladrillos del suelo son todos diferentes, porque era todo donación vecinal. Y las vigas las donó una fábrica de maderas.

Y para la obra, fueron los albañiles que había en el barrio quienes levantaron la iglesia mientras el resto de los vecinos les ayudaban a subir agua, a subir el cemento… Y así se construyó. El caso es que quedó tosca pero bonita. Tiene el encanto de la humildad.

LJ •  Y una de las figuras relevantes fue el Padre Bermejo, ¿verdad? 

Hortensia • Sí, estuvo cuatro décadas como sacerdote y  para el barrio fue mucho. Don Francisco era un hombre sencillo. Por ejemplo, se presentaba en cada casa para visitar a los enfermos. Ha dejado un gran legado en los Tiradores.

LJ •  Y hablando sobre la construcción, ¿mencionabas que había yeserías cercanas? 

Hortensia • Sí, había una yesería justamente detrás de La Despensa, donde hoy están los pisos. Ahí molían la piedra y hacían el yeso, y la gente que necesitaba, de todo Cuenca, venían a comprar sacos para las fachadas.

LJ • Y respecto al agua, ¿ dónde ibais a cogerla?

Hortensia • El agua nos mandaban nuestras madres al Parque San Julián con cantarillos, cántaros y botijos… ¡los botijos que habremos roto!  Y mi madre y el resto de mujeres bajaban a un pilón grande. 

Para lavar bajaban al río Huécar y según iban lavando, tendían la ropa, cuando hacia sol, claro, y así se secaban. Esto hasta que pusieron el agua, que no fue hasta el año sesenta y tantos. Porque aquí no teníamos ni agua ni nada. Aquí, mi madre y las vecinas llenaban de agua las calderas y las sacaban a la puerta para calentar el agua y asearnos. Luego, al poner el agua, al principio tampoco tuvimos bañera y sólo teníamos una taza de váter. Poco a poco, fueron cambiando las cosas y bueno, el cambio más grande en este barrio ha sido a partir de los años 90.

LJ •  Porque entonces el río Huécar estaba diferente a como esta ahora ¿no?

Hortensia • Sí, el Huécar estaba a pie de calle y era todo de piedras y pedruscos. Recuerdo que junto al río había una casa en la que vivía un señor que se dedicaba a llevar leña con su burro.

LJ • Y, luego Hortensia has trabajado en los Tiradores Bajos, ¿cuánto tiempo estuviste y cómo han sido todos estos años?

Mira, os voy a decir cómo me encontré el Centro Social donde estuve treinta años. El primer día que llegué, era octubre y hacía fresco, había solo dos “abuelitos”, tengo la imagen aún, al lado de la estufa… Y yo dije: “¿Y esto?” Y me dijo el delegado que me acompañaba: “Mira, Hortensia, si esto no se mueve, el centro se cierra y tú tienes que salir de aquí”.

Y es que, en aquel tiempo, se llamaba el Auxilio Social, y lo consideraban para los pobres y les daba cierto corte ir. Así que me dediqué a ir, puerta por puerta en el barrio, para decirles que se animaran y, en cuestión de unos meses, me gané a la gente y empezó a subir aquello. Y ha sido un trabajo muy gratificante, una labor social para el barrio. 

Para entonces dividía un barranco entre el barrio de Tiradores Altos y el barrio de Tiradores Bajos. Este barranco recogía las aguas del cerro e inundaba todas las casas de la Puerta Valencia y los barecillos que allí había,  porque no estaban ni las alcantarillas hechas, un desastre. También teníamos una estufa de leña, como teníamos aquí en las casas, que nos daba el Ayuntamiento. Pero no podían subirla al Centro porque estaba muy empinada la cuesta y entonces nos la dejaban en la puerta de la Ermita. Así que, yo y otras tantas, con espuertas subíamos la leña. Menos mal que con el paso de los años, ya pusieron la calefacción de gasoil, que aquello, para entonces, fue un mito. 

LJ • Porque, poco a poco, las casas y el barrio de Tiradores fueron cambiando ¿verdad? 

Hortensia •  El cambio fue total. Antes eran todo casas bajitas, sin las fachadas hechas y que se veía el adobe y las piedra. Luego poco a poco, la mayoría fue restaurándolas, y en pocos tiempo, desde el año 90, lo mismo Tiradores Altos que los Bajos, el cambio ha sido muy grande y ya veis ¡qué casas hay ahora por aquí!

LJ • Y para terminar, ¿Qué opinas Hortensia que debería hacerse para poner este barrio en valor o si queda todavía algo que le falte? 

Hortensia • Por faltar, falta alguna tienda y también he pedido a la Asociación de Vecinos, que debiera pasar un autobús, bueno sería un microbús, por mitad del barrio y que recogiese a todo el barrio Santa Teresa, San Rafael, y mi calle Diego Ramírez Villaescusa. 

Pero es verdad que todo ha cambiado mucho. Porque antes no teníamos nada y ahora tenemos todo. Y el barrio está precioso.

Actuación financiada por el Ayuntamiento de Cuenca y el Ministerio de Cultura, con cargo a las Ayudas para proyectos de conservación, protección y difusión de bienes declarados Patrimonio Mundial.

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