Congreso SOPA, el cálido aroma de la flor viajera

Congreso SOPA, el cálido aroma de la flor viajera

El Congreso SOPA palpita, vivo y perenne, a lo largo de todas las estaciones. Florece en otoño: cuando en la Península Ibérica son frutos lo que fueron flores, y cuando en Extremadura vuela de la rama al suelo, la madura bellota. Una flor que hasta abrirse se alimenta de un proceso largo, constante y laborioso. Por ello, antes de que el tiempo implacable olvide aquel ayer florido, y antes de que vuelva a florecer de nuevo, este nuevo otoño, en las tierras de Chile, regresemos con la ingrávida brisa de la palabra a las calles empedradas de Alburquerque. Por un momento, volvamos a sentir el aroma de la tierra extremeña que vio nacer a este encuentro catorce años atrás.

Letras hasta en la SOPA. Un proyecto de arte comunitario sobre las lenguas extremeñas. Roberto Herrero García e Irene Ortega López, Congreso SOPA 2025. Fuente: Asociación Cultural Sambrona

Se levantaba aquel 13 de octubre de 2025 con ruegos de aires de lluvia para las navas; negras sombras de buitres sobre las aún cetrinas dehesas; y un tierno color, al alba, que impregnaba de miel las blancas fachadas, el tronco de las robustas encinas y del castillo, sus viejos muros. Todo estaba preparado para que la nueva edición, Monográfico Art Edition , del Congreso Internacional de Socialización del Patrimonio en el Medio Rural SOPA 25 supusiera una demostración de que el arte es, en nuestros días, un lugar de encuentro para las comunidades rurales hispanoamericanas; una herramienta imprescindible para visibilizar los procesos comunitarios que trabajan sobre el patrimonio y la memoria colectiva de nuestros pueblos; y un artefacto, creativo y reivindicativo, para luchar por la diversidad, la tolerancia y la educación.

Intervención artística: "La Encina" en el patio del IES Castillo de Luna con Irene Naranjo. Micro-residencias Artísticas. Congreso SOPA 25. Fuente: Asociación Cultural Sambrona.

Pero, además, el SOPA 25 era una edición desafiante y emotiva. Emotiva porque tenía la grata nostalgia de regresar a la tierra que la vio nacer catorce años atrás; y desafiante, por querer mostrar en este entorno familiar, que, a pesar del paso del tiempo, el congreso no sólo seguía vivo, sino que había granado para convertirse en un encuentro de referencia para la cultura y el arte hispanoamericano. Y de la mano amiga de la Asociación Sambrona, la Underground Colectiva y la Universidad Popular de Alburquerque, el SOPA 25 abrió sus nuevas y anheladas flores aquella mañana de octubre. Por delante, una semana de espacios de debate, sesiones territoriales con presentación de proyectos, rutas, talleres, y proyecciones para dar respuestas, o más bien preguntas, ante la siguiente cuestión: ¿Cómo el arte y la cultura pueden transformar nuestros pueblos y comunidades?

Las personas participantes en los Deba3. Congreso SOPA 25. Fuente: Asociación Cultural Sambrona.

Y, poco a poco, las calles de Alburquerque se fueron impregnando de estas nuevas fragancias, singulares y cautivadoras, que, al compás de los diferentes acentos, iban llegando de España y Latinoamérica. Y ellas les esperaban, como proclama otoñal de bienvenida, con el popular “Pregón de la Bellota”, el cual sirvió de inspiración a la bailarina contemporánea extremeña Irene Naranjo, para su intervención artística en el Instituto “Castillo de Luna”, así como de enlace para comprender la histórica dehesa comunitaria de “Los Baldíos” de la mano del investigador local, Juan Antonio Robles.

Los Baldíos es un espacio simbólico para la comunidad local de Alburquerque. A este paraje, cada otoño, el pueblo de Alburquerque iba a la recogida de la bellota y en su “vuelo”, árboles y frutos, se representaba ese espacio donde la naturaleza formaba parte del común del pueblo, donde no existía lo “tuyo” ni lo “mío” y donde se enseñó a resistir ante la dominación. Y ese juego de la historia con la memoria, del pueblo con el campo, es el que quisieron mostrar, en su diálogo artístico “Dos Luceros”, el extremeño José Iglesias García Arenal y la argentina Mariela Beker, con su trabajo. Una pieza audiovisual que Jose Iglesias define como “un cruce, una manera diferente de ver los objetos del pueblo, y las memorias individuales para construir las memorias colectivas”; y, Mariela, asegura como el arte vinculado a las comunidades locales “permite generar huecos y generar otros mundos”. Una obra donde los caballos son reconquistas; las minas son agujeros en la memoria y Los Baldíos son, más que nunca, ese espacio simbólico e inspirador donde recuperar la tierra para resistir ante las injusticias y reescribir los folios blancos del futuro. 

Y las dudas, los proyectos y los sueños, volaban desde las ramas de las encinas de la dehesa hasta las plazas y las calles de Alburquerque. La tierra se unía con el pueblo y la naturaleza con la memoria. Voces de otras tierras que proclamaban la diversidad y encuentro para lograr un futuro de respeto, de escucha y tolerancia, que refuerce la comunidad y los territorios. Así lo mostró también el diálogo artístico del extremeño Borja Romero, del Colectivo Relicario Art System, quien enfatizaba que “el arte es un medio de expresión básico y un método transformador de estructuras anquilosadas”, con la artista mexicana Nina Nina, quien para ella, el arte es capaz de “generar utopías y crear una memoria colectiva”. Ambos hicieron florecer la noche extremeña en un acto colectivo, de pinceladas artísticas contemporáneas, que demostraba que la fiesta también es lucha e inspiración.

Voces de Jose, Mariela, Borja y Nina a las que se fueron sumando la de Julio, Xana, Silvina, Alba, Irene… así hasta alcanzar la voz de las más de cincuenta participantes que con sus respectivos proyectos artísticos y culturales iban empapando de cálidos aromas los colores del aire de Alburquerque. También de nuevas cuestiones. ¿Cómo buscar nuevos relatos para custodiar el territorio que se ha querido arrebatar al pueblo? ¿Cómo dignificar la memoria colectiva que estos espacios rurales y comunitarios guardan? ¿Cómo reescribir el relato hegemónico que nos ha llegado a nuestros días? ¿Y puede ser realmente el arte la maza que tire los muros que nos aprisionan y abran los, todavía, invisibles e infinitos campos del porvenir? 

Taller de Yerbatiando: diálogos de mujeres entre lo rural y lo urbano con Luz Helena Luna Morat. Congreso SOPA 25. Fuente: Asociación Cultural Sambrona.

Pero para que toda esta rica diversidad artística pueda alcanzar la comunidad, aún era necesario la aguja que hilara esta trama o el agente que polinizara la flor. Y es esta labor mediadora la que llevan a cabo  profesionales del mundo de la cultura, allí presentes, como Jara Blanco, gestora cultural en La Quinta del Sordo, quien explicaba la necesidad de “incorporar la mediación cultural a los proyectos artísticos”; o Beatriz Martins, de la Colectivo La Liminal, quien invitaba a “reflexionar sobre el significado de la mediación cultural, para seguir teniendo un debate profundo sobre cómo estas prácticas pueden cambiar la sociedad y pueden aportar a las comunidades” o Belén Sola, de la Universidad de León, quien llamaba a “encontrarse en la diferencia desde un espacio de amor y el cuidado”.

La mediación cultural no solo pretende dar soluciones a temáticas como la profesionalización del arte o a la captación de financiación, tanto privada como pública, sino también transformar las comunidades junto a los procesos artísticos. Porque, ¿cómo llega el arte y la cultura al pueblo y a su comunidad? Y esta era la grave cuestión que rondaba omnipresente, porque como avisaba la artista Alicia Sango, el Congreso SOPA si apuesta por algo es por “la necesidad primordial de hacer comunidad”. 

Y, es esta cuestión capital de cómo el patrimonio, el arte y la cultura se entrelazan para poder revivir el mundo rural, a sus gentes y al incierto mañana que vendrá, la razón de ser del Congreso SOPA. Transmitir a la sociedad la necesidad de cooperar y buscar nuevas oportunidad, siempre basando el trabajo en valores fundamentales como el respeto, la tolerancia, y la diversidad, y de esta forma reivindicar el territorio, su entorno medioambiental, sus conocimientos tradicionales, así como “remarcar el papel de la mujer en el entorno rural y el cuidado del territorio para que no quede en el olvido el papel que han tenido y tienen las mujeres” como añadía Natalia Barrantes, responsable de la participación del Programa Ciudades Saludables.

También la impetuosa necesidad de involucrar a las generaciones futuras que habitan en estos lugares. Por ello, el SOPA 25 junto al Instituto “Castillo de Luna”, fomentaron la participación del estudiantado, y como explica la educadora social del centro Gema Ayllón, “se organizaron diferentes grupos de estudiantes para participar en el congreso y aprender a desempeñar nuevas habilidades, conocer la gestión cultural (…), así como la grabación de un podcast intergeneracional con la participación de gente mayor”. ¡Qué indispensable, como el agua fresca de un arroyo, es la juventud local y tejerla con la cultura local e intergeneracional!

Y, con Alburquerque teñido de colores, acentos y sueños, y empujados con el paso de los días, el Congreso SOPA terminó el 19 de octubre. Pero algo ha quedado desde entonces. Es el poso de un cálido aroma que aún nos abraza y nos da aliento. Es la fragancia de aquellas pequeñas y anónimas flores que colorearon aquel jardín otoñal convirtiéndolo en una nueva primavera, y que demostraron que el arte que nace de la tierra, impregna del corazón a las calles, y de las calles a los campos, traspasando el tiempo, y vuelve de nuevo a la tierra, para cuidarla y salvaguardarla. Esa poderosa fuerza que tienen los encuentros intergeneracionales, junto al esperanzador “encontrarse en la diferencia”, para aprender y avanzar a través del respeto y la tolerancia.

Comida popular sopa de tomates. Grupo de mujeres y hombres voluntariado de Alburquerque. Congreso SOPA 25. Fuente: Asociación Cultural Sambrona.

Pero aún sigue quedando mucho por hacer y el Congreso SOPA, en ese constante diálogo artístico y cultural hispanoamericano, sigue trabajando para dignificar la cultura local e indígena, salvaguardar las costumbres hiladas con los cuidados a la comunidad, y enterrar, o al menos intentar, los actos colonialistas, capitalistas y supremacistas que los tiempos nos intentan imponer. Y, como un broche final al bello recuerdo florido de Alburquerque, nos dejamos atrapar por las palabras de Mabel Llevant en su ruta decolonial, y de Antoine Silvestre y Nancy Garín en su conferencia inaugural. Porque resistir sigue siendo vencer.

Hoy, hace casi un año que se disipó en el aire aquella flor de Alburquerque. Pero, como decíamos, el SOPA no terminó allí, ni mucho menos. El Congreso SOPA palpita, vivo y perenne, durante todo el calendario y este otoño florecerá, de nuevo, en la región de Atacama de Chile. Y está vez, por querer encontrarse en la diferencia, sí será primavera. Entre los días 23 y 29 de noviembre, florecerá el desierto para volver a dar incontables dosis de esperanza y reflexión, macerada con trabajo y calma, a un mundo que corre desesperado buscando certezas rápidas. Porque para poder dar respuestas siempre hay que hacerse primero preguntas. Y queda una siempre en el aire, ¿será posible lograr una sociedad más tolerante donde las comunidades se cuiden y se quieran, donde los pueblos consigan dignificar su verdadera memoria, y donde el futuro esté coloreado de mil acentos? 

Moskitas Muertas, Soparty. Congreso SOPA 25. Fuente: Asociación Cultural Sambrona.

Os esperamos en el XIV Congreso Internacional de Socialización del Patrimonio en el Medio Rural (SOPA) que se celebrará en la Región de Atacama (Chile) del 23 al 29 de noviembre de 2026 y que será una edición monográfica centrada en el “Patrimonio y la Memoria Colectiva de los Pueblos Originarios y Comunidades Indígenas” a nivel global.

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