LAS CONQUENSES ILUSTRES IV: Arsenia Velasco, una conquense que triunfa en la ópera y en la zarzuela.

LAS CONQUENSES ILUSTRES IV: Arsenia Velasco, una conquense que triunfa en la ópera y en la zarzuela.

Hay una biografía de Arsenia que empieza como una novela romántica, un ataúd blanco, tachonado en oro, que destaca en la oscuridad de la noche, y dentro el cadáver de la joven promesa, la cantante fallecida en la flor de la vida. Cuatro caballeros conocidos en el mundo de la cultura, en representación de las Artes y de las Ciencias, llevaban las cintas del féretro hasta el cementerio de Santa Isabel, en Vitoria Gasteiz, donde esperaba abierto un panteón, hoy desaparecido. Durante el cortejo, la banda del regimiento interpretaba una marcha fúnebre.

Arsenia Velasco. Fuente: Fundación Sancho el Sabio

Arsenia había nacido en Cuenca el 31 de agosto de 1845. Su padre, José Velasco, era maestro de música y la inició en este arte. Aprendió solfeo, canto y declamación desde muy pequeña, primero en su ciudad natal y más tarde en Madrid, en el Real Conservatorio, donde consiguió una beca de 300 escudos para sus estudios de canto. Corría el año de 1863, según su admirador y biógrafo, el periodista y crítico musical Fermín Herrán, quien recoge los elogios y cartas de felicitación que Arsenia recibió de sus maestros, entre ellos el director del conservatorio don Hilarión Eslava, que la admiraba tanto por sus dotes musicales como como por el esfuerzo y trabajo que ponía en su carrera musical.

Siendo muy joven, una compañía italiana la contrató como cantante de ópera.  Con esta compañía recorrió varias ciudades cosechando grandes éxitos. Sin embargo, más tarde deja la ópera por la zarzuela, con el fin de estar cerca de sus padres, que vivían en Madrid. La zarzuela, por entontes, era el género musical de mayor éxito, no solo en la capital de España, sino en otras ciudades, por las que debutó Arsenia con mayor éxito, si cabe, de público y crítica. En Córdoba la aplaudieron entusiásticamente, cuando actuó como contralto, disfrazada de chico en su papel de Orsini, en la ópera de Donizetti Lucrecia  Borgia, en 1867. Ese mismo año, consiguió el papel más importante de su carrera, el de Leonor de Guzmán, la amante del rey Alfonso XI, “el Justiciero”, en la ópera de Verdi La Favorita. Arsenia desempeñaba con la misma maestría los papeles femeninos de reina, cortesana, madre, santa, diosa o sacerdotisa, que los masculinos en los que aparecía vestida de joven pendenciero o pícaro burlador de damas. El público entusiasmado le arrojaba flores, joyas y hasta palomas, al escenario.

A aquel éxito en su papel de favorita del rey, le siguieron otros: en Granada, en 1868, con sus papeles en las óperas de este mismo compositor: El Trovador y Un baile de máscaras.

Como se ha dicho antes, los éxitos que obtuvo cantando zarzuela no fueron menores que en la ópera. Entre los más de cuarenta y cinco títulos de zarzuelas en las que actuó, destacan: Los mosqueteros de la Reina, El juramento, Zilda, El primer día feliz, El Grumete, La sombra, Los brigantes, Ildara, Madama Angot, Los cómicos de Alcorcón, El hombre es débil, Las hijas de Eva, Los comediantes de antaño, etc.

Arsenia, como actriz y cantante, dominaba todos los registros, desde el burlesco y cómico al sentimental y emotivo, del más trágico al más alegre y risueño. La crítica de la época destacaba que lo mismo se entregaba al público en el Teatro de la Zarzuela de Madrid que en los teatros de provincias. En todos ellos tenía admiradores. En Sevilla recordaban las salvas de aplausos y carcajadas que había provocado al interpretar sus tarantelas en Los brigantes, o las ovaciones que obtuvo por la emoción contenida en su papel de Tecla, en El hombre débil es o el de María en El juramento.

Cuenta Fermín Hernán que conseguía el aplauso en todos sus papeles y comenta algunas de sus actuaciones más célebres, como el de la sacerdotisa de Indrac, en El primer día feliz, interpretación de la que subraya sus “arrebatadoras frases y miradas centelleantes”. Dice: “ahora comprendemos lo que son esas pasiones infernales y diabólicas que abrasan como los fuegos que arden en ese infierno que soñamos, esos deseos impetuosos que arrastran como una corriente impetuosa contenida y desatada de repente…” (1)

Entre los papeles masculinos que interpretó destaca el de Ángel Pitou, de la obra Adriana Angot, zarzuela en tres actos del maestro Lecoq, estrenada en el Teatro de la Zarzuela en Madrid.  El personaje de Arsenia es el de un poeta encantador, que con sus canciones populares arrebata corazones y acostumbra a burlarse de las mujeres.

Arsenia Velasco como Ángel Pitou. Fuente: Fundación Sancho el Sabio

Su última interpretación fue en el teatro de Vitoria, ciudad de donde era oriunda su madre y donde se habían casado sus padres. Representaba el papel de Rosalba en la obra titulada Barba Azul. La prensa se hizo eco de una frase pronunciada en su actuación: “No quiero morirme, no quiero morir…”. Ya estaba enferma, pero quiso seguir actuando y fue muy aplaudida. Era el 11 de julio de 1874. Durante la representación empezó a sentirse mal y la acompañaron a casa, de la que ya no saldría más. La enfermedad se fue agravando y en unos días, el 6 de agosto, falleció. Ese mismo mes, el día 31, hubiera cumplido los 29 años. Las circunstancias de su muerte contribuyeron al mito. A las que se sumaron su juventud y su belleza. Moría en la plenitud de su éxito y la prensa del momento lamentaba que la muerte hubiera truncado un talento artístico tan prometedor.

La biografía que hizo Fermín Hernán, de la misma ciudad en la que ocurrió el desenlace, lleva el subtítulo de Corona fúnebre. En ella hace la descripción física de Arsenia, “nariz aguileña, signo del poder y de la audacia, ojos claros, vivos y rasgados, que adornaban dos grandes y arqueadas cejas …mirada penetrante que nada podía desviar, símbolo de su inteligencia privilegiada,…Talento, dulzura, bondad, virtud e integridad, estas son las dotes de Arsenia Velasco; discreción, naturalidad, verdad y gracia las que realzaban a aquellas; amabilidad, prudencia, donaire y galanura las que completan el conjunto …belleza que no incitaba a los sentidos, sino belleza tranquila como la del mar en calma.”(2)

Suyos son estos versos que recitó en su funeral: “Podrá olvidarse acaso que vivió y fue querida; siempre de su virtud habrá memoria: por más que de su paso por esta triste vida solo quede el recuerdo de su gloria” (3).

Libreto índice Ángel Pitou. Fuente: Fundación Sancho el Sabio

Bibliografía

(1) Herrán, Fermín. Arsenia Velasco. Corona fúnebre. Vitoria, Fundación Sancho el Sabio. 1874. p. 32 y 33.

(2)  Herrán, Fermín. Arsenia Velasco. Corona fúnebre. Vitoria, 1874. Fundación Sancho el Sabio. p. 52 y ss.

(3)  Extramiana, Marta. Arsenia Velasco: la joven actriz que enfermó cuando interpretaba Barba Azul en Vitoria. Gasteizhoy, 27 enero, 2019. https://www.gasteizhoy.com/arsenia-velasco-actriz/

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