Alba Vidal Ortiz y Ascen Soto, colectivo la Herrante
La Cocina de La Casa es un laboratorio ciudadano promovido por La Casa Encendida, un lugar donde el arte y lo colectivo se cocinan a fuego lento. Ocho proyectos de prototipado artístico que comparten la comida como acto creativo. Más allá de los fogones, más allá de los ingredientes, este espacio propone una forma de pensar y transformar desde lo cotidiano. Cocinar aquí no es solo preparar alimentos: es convocar gestos, memorias, afectos y futuros.
Dentro de este caldero común se inserta La Herrante, un colectivo que habita la intersección entre arte y antropología. Desde La Herrante, nos mueve la exploración de los patrimonios comunes, aquellos que no siempre están en vitrinas ni archivos, pero que se encarnan en las memorias corporales, en los relatos transmitidos de generación en generación. Desarrollamos metodologías interdisciplinares para mirar lo cotidiano con nuevos ojos: con la profundidad del pensamiento crítico y con la apertura del gesto artístico.
En esta ocasión llegamos a La Casa Encendida con una fruta entre las manos: la naranja. Su forma, su piel, su dulzura, nos ofrecieron un camino de acción, una invitación. La naranja como archivo vivo, como memoria sensible, como territorio donde confluyen el relato personal, la historia social y la energía creativa. Así nace nuestro proyecto: naranja, naranja.
Una fruta como archivo de memoria
¿Puede una naranja contener recuerdos? ¿Puede su pulpa hablarnos de gestos heredados, de voces ausentes? ¿Puede cada gajo evocar reflexiones sobre la infancia, las migraciones o el afecto?
Estas preguntas fueron el punto de partida de nuestra investigación artística. Entendimos que la naranja no era solo un alimento, sino una materia cargada de memoria. En su interior se diluían historias personales: la merienda con la abuela, el olor de los patios del sur. En su corteza se imprimían relatos colectivos: rutas comerciales, trabajos invisibilizados.
Naranja, naranja se compone de tres fases, tres tiempos de maduración que construyen este relato colectivo desde la experiencia más íntima: lo que comemos.
Pulpa cotidiana: La memoria individual como materia creativa
En esta primera fase nos preguntamos cómo la experiencia individual puede activar la memoria a través de la comida. ¿Qué recuerdos emergen del sabor de la naranja? ¿Que historias dormidas despiertan al pelarla, al compartirla?
Recolectamos relatos. Nos acercamos a voces diversas, a personas de diferentes orígenes. Les pedimos que nos hablaran de su relación con esta fruta. A veces la respuesta llegaba como anécdota, otras como una imagen o una emoción.
Con cada testimonio tejimos un mapa íntimo de memorias en torno a la naranja. En ese proceso descubrimos que la memoria cuando se activa desde lo cotidiano tiene una potencia transformadora. No se trata solo de recordar sino de reparar, resignificar, reimaginar.
Corteza compartida: La dimensión histórica y política de lo que comemos
La segunda fase nos llevó a explorar la dimensión social de la naranja. Ya no como símbolo personal sino como fruto cultural. ¿Qué trayectorias históricas han recorrido las naranjas que consumimos hoy? ¿Quiénes las cultivan y cómo se distribuyen?
Nos sumergimos en una reflexión que cruzó fronteras geográficas y temporales. A través de los archivos audiovisuales nos asomamos a las rutas de exportación, a los monocultivos, a las memorias de campo y el comercio. Entendimos la naranja como un archivo de historia compartida. Un fruto aparentemente común que concentra relaciones de poder: tierras expoliadas, trabajos invisibilizados, cuerpos exhaustos. En este recorrido, una idea se nos revela con fuerza: cada fruta tiene su dolor.
Gajos en acto: Del relato al cuerpo: crear desde la experiencia vivida
Toda esta materia sensible -los relatos, los datos, los gestos- pedía ser encarnada. Surgía la necesidad de imaginar un dispositivo artístico que pudiera contenerla, activarla. Así llegamos a la tercera fase del proyecto.
Diseñamos un prototipo performativo donde las memorias recolectadas y las historias compartidas se vuelven acción. No como una simple representación, sino como una forma de convocar el recuerdo desde el cuerpo, desde el gesto y la escucha. El resultado es una performance participativa, acompañada de un fanzine metodológico que da cuenta de todo el proceso: desde la recolección de relatos hasta el diseño del dispositivo artístico. En él compartimos nuestras herramientas de investigación, nuestros aprendizajes y las preguntas que siguen abiertas.
En definitiva, Naranja Naranja es una propuesta que parte de lo cotidiano para generar reflexión, diálogo y creación colectiva. Más allá del objeto, lo que nos interesa es el proceso: escuchar, recopilar, investigar y transformar.
Desde esta perspectiva, el arte se plantea como una herramienta para activar memorias, reconocer los vínculos que nos constituyen y explorar formas de conocimiento situadas. Una práctica que permite visibilizar lo que compartimos, lo que ha sido transmitido, habitado y transformado en común.
Lo cotidiano puede así revelarse como parte de un patrimonio vivo, tejido por experiencias que nos conectan y que siguen generando sentido en el presente.
Os dejamos el vídeo como el fanzine que se realizaron expresamente para el evento en la Casa Encendida del 31 de mayo de 2025. Porque el arte sólo tiene sentido cuando es una invitación a seguir creando.
Os dejamos un blog de Miriam Salvador, una de las colaboradoras de este proyecto en una entrada de substack que titula: “Naranja, Taronja”.
Naranja, naranja es un proyecto de La Herrante para La Casa Encendida en el programa La Cocina de la Casa. Colaboran Los Ojos de la tierra y Vestal Etnografía en el diseño y edición del material divulgativo y su difusión.