Hojas gigantes se tornan marrones, se cruzan en un movimiento de viento brumoso, el frio escupe su derecho al último sobresalto estival, que con una última caricia de abandono calienta mi cuerpo entumecido por este nuevo asalto.
Llegó el otoño.
Bajo la puerta de Brandeburgo esta noche se inaugura el nuevo sistema de iluminación en Berlín a manos del científico Wilhelm Hahn, joven promesa en busca del Nobel, polímata, circunspecto, de mirada fría y perturbadora, destaca la gran cicatriz que rodea todo su cuello. La causa es desconocida, murmuraciones dicen que en un momento de locura quiso desechar el torso de su cabeza porque no le parecía de utilidad.
Las Nocticulas son las granes protagonistas de hoy, consideradas las verdaderas medusas, portan el gen de la luminiscencia, estos seres irradian una luz brillante en la noche cuando se les molesta o como modo de atraer a sus presas. Años de ambiciosos estudios científicos han servido para que ahora tengamos luz al menor de los consumos.
Son las 16:15 y la oscuridad es próxima, empieza la inauguración.
Unas breves y claras palabras de Hahn bastan para aclarar y embelesar a los ciudadanos de lo que está a punto de acontecer.
Justo después del emotivo discurso, la pirotecnia, contorsionistas, malabaristas, acróbatas y trapecistas juegan su papel con una bonita música de fondo, como si de la presentación de un gran festival mezclado con un minucioso espectáculo del mismísimo Cirque du Soleil se tratase.
Todo parece estar tremendamente controlado. El Sol está dando sus últimos coletazos entre las columnas centrales de la puerta de Brandeburgo y ahora es el turno de la Deutsche Kammerphilharmonie Bremen con la colaboración de Christian Tetzlaff al violín.
Se hace el silencio, un momento de fantasía está a punto de suceder. El Sol yace y la Orquesta comienza la ouverture con la maravillosa pieza Suite No. 3 D-dur (BWV 1068) de Johann Sebastian Bach mientras miles de hidroesqueletos se levantan e iluminan al ritmo de la música. La gran protagonista de la noche hace su función coloreando de una luz violeta rosácea brillante todo Berlín. Caras perplejas, silenciosas de emoción, ojos vidriosos y vellos erizados. La pieza termina y esas criaturas, inertes y luminosas, con ella, se paran. Habían ascendido a un metro por minuto, lo que hace un total de seis. Donde tienden sin cuerda, ni trampa, ni cartón. Esto no es magia, ¡ES CIENCIA!
Terminado el concierto la calma y el silencio se convertían en vitoreo y aplausos. Tras la despedida de las grandes personalidades del evento damos la bienvenida al futuro de la iluminación.
Sin duda una noche en la que todo presente no olvidara.
Un año más tarde el científico no para de mirar su reloj.
El fenómeno del año anterior ya está instaurado en gran parte de las calles, casas y vehículos de Berlín. Pronto empezaría la distribución en toda Alemania y resto de Europa. Gracias al gran impacto y su bajo coste todo el mundo podría adquirir la preciada pieza de iluminación.
Hahn consiguió su ansiado Nobel, lo exhibe en una vitrina de su enorme oficina, delante de otra vitrina algo más alta con unos antiguos cartuchos de dinamita en su interior, en homenaje a Alfred Nobel.
Es ahora cuando empieza su inhumano plan.
Son las 16:50 y las tinieblas están a punto de sumergir la ciudad.
Todos los televisores se paran para dar paso a la alarmante noticia de que el pueblo Alwine, donde se hicieron los prototipos de las aguamalas, ha quedado extinguido a causa de toxinas paralizantes pertenecientes a los seres de luz. Los 15 habitantes de la pequeña aldea eran ahora cadáveres en un avanzado estado de descomposición.
Parece que ahora le toca esa situación a la gran capital.
Hahn echa un último vistazo al reloj, parece que ya es la hora. Se levanta de su asiento, abre la cajetilla de tabaco desde su bolsillo, coge el ultimo cigarrillo y lo prende. Se dirige al cuarto donde tiene su estimada reliquia, una guillotina del siglo XIX en muy buen estado que sitúa justo delante del Nobel, abre la vitrina de detrás y toma la dinamita. Apenas queda medio cigarro. Se emplaza y deja caer delante de la guillotina, posiciona la cabeza en el artefacto decimonónico, con la definitiva calada prende varios cartuchos de dinamita y después de un suspiro una sonrisa tiñe su rostro mientras acciona el resorte. La cuchilla hace el resto.
Ahora descansa su cabeza, cansada de pensar. Al fin consiguió separar cuerpo y mente.
Una gran explosión procede.
Los ciudadanos se inquietan.
Las medusas se desploman.
Los ciudadanos se sobresaltan.
Las medusas estallan.
Los ciudadanos se asustan.
Las medusas crean una niebla espesa.
Los ciudadanos se alarman.
Las medusas propagan la toxina.
Los ciudadanos enloquecen.
Empiezan a gritar sin hablar, a oír sin escuchar.
La noche se cierne, el terror se apodera. Hola oscuridad, mi vieja amiga.
Cuerpos derribados, respiraciones agónicas, el frio es más helado que nunca.
Sin duda una noche en la que todo presente será olvidado.
Llegó el otoño.