El Picarol

El Picarol

No es El Picarol 
pequeño ni peludo.
El Picarol 
es un burro grande, 
como un macho de aquellos
que, 
en cada cuadra de la aldea había.
En su pueblo maño, 
donde se encontraba,
le llamaban Cascabel,
 por eso 
le llamamos Picarol.
 
Es El Picarol 
un burro català.
Tiene el pelo marrón, 
y blanco grisáceo 
por el morro y la tripa.
Por el lomo 
se le riza el pelo 
que le adorna.
El Picarol 
se aburría, 
en su pueblo maño, 
todo el día solo, 
comiendo la hierba del prao, junto al pueblo. 
Por eso fuimos a buscarlo.
 
Ahora es feliz,
libre en su cerca, 
y, si le conviene,
se refugia en su cueva,
verde 
como es la huerta,
repleta de hierba.
Al Picarol 
le gusta 
conversar con la gente y, 
siempre que puede,
trota 
hasta la aldea nuestra
 y hasta la otra aldea cercana,
 la Olmeda. 
 
Y no va a Higueruelas,
porque, todavía, 
 no domina la geografía.
Le gente lo acaricia 
y él les da las gracias, 
en su lengua: jiajiajia!
Por las mañanas, 
lo llamo, 
desde mi terraza,
y él me contesta, 
 con su jiajiajia, 
girando la cara 
y estirando las orejas.
 
Recibe visitas a menudo y,
 en su lengua, 
saluda y da las gracias, 
si le ofrecen pan duro 
o manzanas o peras…
El Picarol 
es burro,
pero también piensa. 
A lo largo y ancho 
de su extensa cuadra, 
libre como es él, 
va creando 
montones de moñigos,
por si sirven de algo.
Y tanto que sirven!
Todo aquel que quiere, 
viene con capazos, 
pozales o sacos
 y abona su huerto.
Gracias, Picarol.
Este año, 
los huertos 
darán frutos más sabrosos.
Melones más dulces,
sandías enormes,
bajocas como bajocones,
lechugas, tomates,
cebollas, pimientos…
Gracias, Picarol.
 
La música acazallada 
de tus rebuznos 
alegra los aires 
de esta vega nuestra.
Ojalá 
los hombres y las mujeres aprendamos a amar
 las cosas pequeñas.
Y amemos la gente
y odiemos las guerras
y destruyamos las armas 
y sean los burros 
quienes gobiernen el mundo.
Seguro 
que tendrá más sentido
esta vida nuestra.
El Picarol. Fuente: Autor

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