Cuando el ritmo de las cabras empezó a latir en mí.

Acabo de cumplir cuarenta y seis años, y durante mucho tiempo sentí que estaba viviendo encerrada, no solo en una ciudad, ni siquiera únicamente en un trabajo, sino dentro de una vida que había perdido sentido. La ansiedad se convirtió en un ruido constante, y la depresión, en un peso…

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